Poesía por el Sahara en el Aleatorio. Solidaridad desde la emoción


A ritmo de una canción, “Freedom”, que ilustra uno de los vídeos más optimistas y llenos de esperanza sobre la causa saharaui que he visto nunca, finaliza el recital Poesía por el Sahara celebrado en Aleatorio bar. Organizado para sensibilizar sobre la causa saharaui y en apoyo a la asociación APS Madraza de Ciudad Real, se trata de un evento para concienciar sobre la situación de injusticia que está viviendo el pueblo saharaui desde hace demasiado tiempo. La poesía y el arte permiten explicar el conflicto de una manera efectiva y diferente. Encantados de participar.
Noe de Blas presenta, irradia sonrisa e ilusión desde el diminuto escenario del Aleatorio, el bar de Malasaña donde nos hemos reunido. Da paso a Paula de Juan, cuyos ojos brillan cuando comienza a hablar sobre el Sahara Occidental. Estuvo este año en los campamentos de refugiados, tras haber sido familia acogedora de dos niñas saharauis. Mediante diapositivas y videos Paula explica el conflicto saharaui y pone en contexto la actividad, sobre todo para quienes no conocen el tema del Sahara, porque como nos recuerda, no se estudia en la escuela, ni la universidad, ni se menciona apenas en los medios, a pesar de que hasta 1975 fue una provincia española.
El público que abarrota el Aleatorio aplaude con calidez la poesía de Patty de Frutos y Paloma Camacho, que recitan con emoción desde la intensidad y la hondura. Escandar Algeet, de madre española y padre sirio, armado con sombrero y verso, nos recuerda que casi todo se reduce a la lucha de los de abajo contra los de arriba.
Nos sorprende Rafa Labrador “Psico”, que ganó el Slam Poetry de Ciudad Real en Mayo de este 2017. A través de una poesía recitada con una cadencia que nos acerca al rap, Rafa es un agitador de conciencias. Se inspira en la carta de un niño saharaui, Abdeslam de doce años. Su “carta al español”, decorada con flores, corazones y la bandera del Sahara Occidental, se convierte en poesía de la mano de Rafa. “Tengo una carta en mis manos, que me importa, que me aporta, que ese niño no sabe que tengo en mis manos…”
Bahia Awah recita varios poemas. Elegidos de “Os doy esto desnudo que es mi mano”, una antología solidaria editada en los años 80; del poemario VerSahara, con poetas saharauis y canarios y de su libro “Versos refugiados”, cuenta con la sorpresa de la presencia de Ana Rossetti, una de poetas española referente y madrina de Generación de la Amistad en su Congreso fundacional de 2005. Ana recita poemas de Fernando Quiñones y Zahra Hasnaui y anima a los poetas presentes a conocer y escribir sobre el Sahara Occidental. Ella, que forma parte del grupo Escritores por el Sahara, recuerda el proyecto Bubisher de bibliotecas para fomentar la lectura entre los refugiados saharauis.
La música la ponen Simply Broke, Venezuela y Madrid, ukelele y guitarra. Música minimalista para emociones amplias. Cuando se es solidario también desde la emoción y el arte, nace algo tan bonito como lo vivido en el Aleatorio.  
Poesía por el Sahara. Aleatorio bar. 13 de octubre de 2017









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“Americanah”, inmigración, raza y feminismo de la mano de Chimamanda Ngozi Adichie


Llevaba mucho tiempo escuchando hablar de Chimamanda Ngozi Adichie, la escritora nigeriana que triunfa en todo el mundo. Tenía que leerla, pero entre tanta urgencia literaria siempre se quedaba pendiente “Americanah”. Finalmente, gracias al Gabinete de La Central he disfrutado de una lectura que fluye como un suspiro, un libro del que todos hablan, y con razón. Elvira Lindo, que ha escrito el prólogo para la traducción al español, fue la invitada para hablarnos de la tercera novela de la autora, publicada en 2013 y que recibió el National Book Critics Circle Award.
Recibimos a una Elvira Lindo vestida con una elegante blusa color champán y puños ribeteados de plata, que se muestra contenida en la expresión, levantando un dique a base de sonrisas medidas y pronunciación pausada, con el que intenta dominar la vivacidad y picardía que un día le conocimos. En ocasiones se le escapa el desparpajo madrileño, pero al momento, con un movimiento de esas manos adornadas por bellos anillos antiguos, vuelve a recomponerse. La escritora madrileña nos ofrece una entretenida y completa disertación sobre una novela y una autora que conoce bien. Raza, identidad, inmigración, feminismo, diáspora africana, derechos civiles, amor, son algunos de los temas de “Americanah”.
La novela refleja la experiencia de vivir en otros países y culturas. “Encuentro mucho en común con mi propia experiencia, no por el color de la piel sino en lo referido a las vivencias”, afirma la autora de “El otro barrio”, quien ha vivido varios años en Nueva York. Recuerda sus coincidencias con Chimamanda, las dos son mujeres, escritoras, llegadas desde países de tradiciones muy diferentes a las de Estados Unidos. Lindo destaca “la claridad” con la que escribe Chimamanda, abordando temas complejos de una forma que todo el mundo puede entender. “Me molesta no entender las cosas”, argumenta Lindo, para quien la lectura de esta novela “evita muchos años de observación” porque “lo cuenta muy bien”.
Nuestra lectura de “Americanah” ha coincidido con una visita a Barcelona de la escritora nigeriana, para protagonizar una conferencia en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), ante más de 700 personas. La autora ha copado inevitablemente la sección de cultura de los principales medios españoles. “Yo soy una contadora de historias. Me interesa la textura de la vida, no las teorías, porque la teoría achata a la gente, la hace plana. (…) No quiero descartar la teoría porque creo que te ayuda a ver, aunque no a ver completamente”, afirma en una entrevista para El País Semanal (domingo, 1 de octubre). Así lo entiende Elvira Lindo, para quien el libro ofrece una sensación “de familiaridad” por hacer entender tan claramente. Y es que no es fácil explicar la cultura americana. “Nos hemos educado con la cultura de Estados Unidos y al llegar hay cierta familiaridad, pero según vives allí lo vas desentendiendo todo”, explica Lindo. Porque la mirada de Chimamanda no es sólo literaria sino también es social y política. “Para mí, la literatura es una plataforma para tocar temas sociales, como la justicia social o el feminismo”, explica la autora de “Americanah”, aunque matiza que no se considera activista.
Es “Americanah” una obra que se lee con facilidad, que engancha con su estilo sencillo y directo. La autora demuestra que sabe dialogar muy bien. Como destaca Elvira Lindo “tiene muy buen oído para el idioma”. La historia es creíble y conmueve, puede interesar, conmover y ser entendida por gente de cualquier parte del mundo. En palabras de la propia autora, “Cualquier historia es universal si está bien contada”. Muy interesante también el uso que hace del blog, en realidad los dos blogs, de Ifemelu, la protagonista. Las entradas de blog sirven para exponer ideas y opiniones, que de otra forma lastrarían la narración. Así queda bien resuelto. Como destaca Elvira Lindo, “hay voluntad de que la entiendan, es universitaria pero no académica al uso”. La autora quiere explicar de manera clara situaciones que todos podemos reconocer. Recurre en ocasiones a un sentido del humor afilado e inteligente, que genera momentos realmente brillantes.
“Descubrí que era una mujer negra cuando llegué a Estados Unidos”, afirma Chimamanda. En el libro se plantea un interrogante, ¿qué es ser negro en Estados Unidos?, un tema aún a debate en aquel país. El conflicto, presente desde que comenzó la esclavitud, parecía resuelto tras obtener la población negra los derechos civiles, “pero lo que pasa después de obtenerlos no está contado”, reflexiona Lindo. El racismo tiene que ver con el poder de un grupo, y en EEUU son los blancos quienes detentan ese poder, escribe en “Americanah”. A través del libro ofrece una serie de ideas aparentemente sencillas que conllevan pensamientos muy profundos, su Hay que aspirar a lo blanco es desarrollado a través de un agudo sentido del humor, En EEUU todo el mundo aspira a ser un anglosajón protestante, ¿a qué aspiran los anglosajones protestantes?, ¿alguien lo sabe?
En Nigeria la raza es un tema que ni se plantea, allí la raza no tiene ganchoTengo la sensación de que dejé de ser negra nada más apearme del avión en Lagos. Mujer, negra e inmigrante, la autora, al igual que su protagonista Ifemelu, tiene que desmentir una serie de tópicos con los blancos y también con los otros negros de Estados Unidos, como esa forma de entender a todos los africanos como una misma nación, donde todos tienen las mismas circunstancias. Como ciudadana nigeriana su idioma es el inglés, lo que supone para ella una ventaja. Al llegar a Estados Unidos toma conciencia de que no es afroamericana, un aspecto que la mayoría de nosotros nunca nos habríamos planteado. Elvira Lindo aprecia que esa diferencia se nota “incluso en el lenguaje corporal y la forma de hablar”, porque no vienen de la misma experiencia. La esclavitud es una herida que tiene Estados Unidos y que no se ha curado. Los negros africanos vienen de una cultura y unas experiencias completamente diferentes. La protagonista quiere reivindicarse como un ser humano, no todo el tiempo como alguien de un determinado continente o alguien un determinado color. En la historia de los países no se puede contar con una sola versión, que además es la versión que se ha dado desde Occidente, ellos mismos son quienes deben contar su propia historia. En Occidente lo mejor ya ha pasado, y por eso han de convertir el pasado en fetiche.
Otro de los temas del libro, quizá por el que más se pregunta a Chimamanda, es el feminismo. Autora de “Todos deberíamos ser feministas” (2012), charla TED (evento anual en el que algunos de los pensadores y emprendedores más importantes del mundo comparten ideas),  que fue convertida en un pequeño y exitoso libro. “Mi sueño es que dentro de unos años no tengamos que hablar sobre feminismo porque ya haya igualdad”, afirma en sus entrevistas. Como mujer africana, se muestra muy crítica con el feminismo hegemónico, “El sexismo y el racismo existen en todo el mundo y las mujeres de países occidentales creen que están mejor que las del sur (…) Las mujeres occidentales deberían mirar bien en su propio entorno los problemas de género más que afuera; no hace falta ir a enseñar a ser feminista”.
“Americanah” es también una historia de inmigración, de comparación entre lo que encuentra en el país de acogida con su propio país y su propia cultura. Hoy en día la emigración es muy diferente a la de hace unas décadas, “Todo está más cerca y hay formas de comunicarse constantemente con el país de origen”, reflexiona Elvira Lindo. La protagonista de la novela puede volver a su país, no es una refugiada política, puede mantener los lazos con su gente si no los quiere romper. El inmigrante cuando regresa no acaba de ser de ninguno de los dos lugares, aunque ambos formarán ya parte de su identidad. Se sentía en paz por estar en Nigeria. Por fin su existencia se había desarrollado plenamente. La autora mantiene el compromiso con su sociedad de origen, vive parte del año en Lagos, no ha querido romper con su país, algo que “se echa en falta entre los emigrantes de países europeos”, matiza Lindo. Como inmigrante culta y con criterio, Ifemelu no está deslumbrada por la cultura de acogida, incluso se muestra muy crítica con aspectos que no le gustan, como la educación, Los profesores universitarios no eran intelectuales, no sentían curiosidad, plantaban sus imperturbables tiendas de conocimiento especializado y permanecían en ellas a resguardo. También la exasperan esos blancos progresistas y “enrollados”, que caen en el peor de los orientalismos, Una de esas personas que creía que algo era hermoso porque estaba hecho a mano por pobres en un país extranjero, esas personas que se han hecho una imagen del Negro Mágico, sabio y benévolo a perpetuidad, sometido a grandes sufrimientos, que Nunca se enfurece y siempre perdona toda clase de mierda racista.
La autora recuerda, contra el sentir habitual en los países de acogida, (más bien de recogida), que no sólo se emigra por guerra o hambre. Personas que se habían criado sin hambre y sin sed emigraban ilegalmente porque vivían empantanadas en la insatisfacciónávidas de elección y certidumbre. Considero también muy interesante la historia de inmigración de Obinze, el primer amor de Ifemelu, como contrapunto a la de ella. Obinze emigra a Europa, concretamente al Reino Unido, y lo hace de manera ilegal, lo que convierte su experiencia en algo completamente diferente que lo que le sucede a la protagonista. Él tiene que enfrentarse constantemente al miedo a ser expulsado, sobrevivir con trabajos muy precarios y debe convivir con las mafias que rodean a la inmigración ilegal. Ese era el curso normal de la historia: la afluencia a Gran Bretaña de negros y morenos de países creados por Gran Bretaña.
El amor es otro de los temas que aparecen en “Americanah”. El gran amor de Ifemelu es Obinze, su novio de adolescencia; más tarde en EEUU Ifemelu se emparejará con un blanco adinerado y con síndrome de Peterpan y con un afroamericano intelectual. En el Gabinete de Lectura se expresó la opinión de que la historia de amor con Obinze baja un poco el tono del libro. También se vio al personaje del novio de juventud menos logrado que Ifemelu. Para mí, la autora “blanquea” la fortuna que Obinze consigue tan rápidamente; entiendo que para no hacerle demasiado indigno del amor de su protagonista. Ifemelu considera que un cierto autosabotaje planea en sus decisiones vitales, de alguna manera no cree merecer la felicidad. Piensa que algo falla en ella, una avidez, un desasosiego, la sensación de algo remoto e inaccesible. Como mujer intelectual, Ifemelu es una mujer crítica, inquieta, inconformista, y todo eso se traslada a su forma de ver el mundo y a su manera de vivir.
Y para finalizar quiero resaltar un aspecto que me interesa particularmente, las referencias a los cuidados de belleza de las mujeres negras, que yo conocí en España a partir del blog y canal de vídeo “Negra Flor”, de consejos sobre estética afro. Las peluquerías, los peinados afro, los maquillajes para la piel negra, la rebelión contra la tiranía de los alisadores de pelo, Alisarse el pelo es como estar en la cárcel, todo eso lo recoge Chimamanda en la novela, aspectos que en absoluto son intrascendentes, por el contrario tienen mucho de sociología y antropología.
Tan apasionante es la figura de Chimamanda Ngozi Adichie que ahora sólo nos queda seguir leyéndola.
Foto: Literatura Random House

Madridaje caribeño en la 1 de la Cuesta de Moyano. Hostia un Libro, Raúl Frutos y las delicias de Havana Blues


Cuando Jesús Herrera desde Twitter me ha avisado de que venían Crudo Pimento para participar en los Madridajes de Hostia un Libro en la Cuesta de Moyano, no lo hemos dudado. Cualquiera decía no a un plan que incluía comida cubana y una charla musical sobre mento y sones caribeños a cargo de Raúl Frutos.
Los amigos de Hostia un Libro han preparado un mes de octubre lleno de literatura, gastronomía y música en sus Madridajes en la Caseta 1 de la Cuesta de Moyano. El primer round nos ha trasladado al Caribe, con una propuesta, la de hoy, que incluía un banquete con delicias de la gastronomía cubana a cargo del Restaurante Havana Blues (Paseo de Santa María de la Cabeza, 56, Embajadores). Hemos disfrutado de bombas de patata con picada y croquetas de chicharro, ensalada fría de piña, pasta y pollo, tostones con ropa vieja, lechón con aguacate y galletas de yuca, picantonas y crujientes. De postre, tarta de queso con maracuyá y pasteles de guayaba. Si suena delicioso, os aseguro que sabe mucho mejor.
A continuación Raúl Frutos de Crudo Pimento nos ha ofrecido una charla musical, didáctica y muy entretenida, “Del mento al dub por la rhumba box”. Desplegando su arsenal de instrumentos “primitivos” fabricados por él con latas de pimentón y membrillo, palos de rastrillo y hojas de sierra limadas, Raúl nos ha ofrecido una charla participativa. El público ha salido a acompañar al músico murciano; así una chica estadounidense ha tocado el contrabalde o bajo de balde; a la marímbula, la dibujante Julia Happymiaow y el sueco Leo, mientras que Bahia se ha animado con las maracas. El resto del numeroso público que se ha ido uniendo a la convocatoria musical, hemos acompañado a las palmas.
Raúl nos ha hablado de reggae, mento y ska; de instrumentos primitivos fabricados por músicos que no disponían de dinero para comprar instrumentos; de la importancia de los graves en la música jamaicana; de cómo los diferentes ritmos se dan la mano y convergen, como el mento y la rumba, con ese movimiento de la mano, “ventilador”, para tocar las cuerdas. “La música caribeña es un camino de ida y vuelta, unos ritmos beben de otros y se complican y enriquecen”, reflexiona Raúl, reconociendo que “la complejidad rítmica de los instrumentos primitivos puede alcanzar tintes endiablados”.
Y al son de los Platters, entre aplausos y vivas, hemos terminado el Madridaje caribeño, a falta de la charla sobre literaturas antillanas de Alejandro Morellón y Alberto Haj-Saleh el próximo viernes 13 de octubre.
Los siguientes Madridajes recorrerán EEUU con Dirty Works Ediciones, Merendola Hillbily y Marciano Pizarro y ÁFRICA con Chema Caballero, Wiriko Sounds y El Mandela. Literatura acompañada de degustación gastronómica y exploración musical.
Os animamos a que participéis en estos Madridajes. Tan sólo hay que inscribirse en cuestamoyano @ madrid.es
Gracias a la increíble gente de la 1 de Moyano. Un placer.
Fotos: Haz lo que debas y Hostia un libro













Presentación de la antología “Encore Trasatlántico” en Madrid. Rompiendo el muro de agua


He podido comprobar a lo largo de estos años de dedicación a la escritura que la creación está plagada de coincidencias y de anécdotas. Y buena prueba de ello es lo sucedido con “Encore Trasatlántico”, un libro de relatos rock donde participamos veintiún autores, cuatro españoles y diecisiete mexicanos. El año 2016 conocí a través de las redes a Pedro Escobar, inquieto escritor, editor y guionista mexicano, quien me propuso participar en esta historia. Pedro me había contactado gracias a un hombre de música y radio, Juan Pablo Rovira, uno de los autores que aparecen en este libro, quien a su vez había leído mi novela “Sin pedir permiso” y me recomendó a Pedro. Casualidades, una cadena imparable que nos une a través de la radio, la música y la escritura, todo lo que más nos gusta. “Así surgen las coincidencias, quizás solamente es cuestión de encontrarlas, de la fortuna de elegirlas y contar con la generosidad de quienes las han escrito”, afirmaba Pedro en la librería Molar desde el madrileño barrio de La Latina, donde nos juntamos para hablar de literatura, música e ilustración, artes reunidas en una obra de la que nos sentimos especialmente orgullosos. Hablamos de creación, del hermanamiento entre música y literatura, de las canciones de nuestra vida, canciones que son poesía, canciones que son novelas de tres minutos. Porque la literatura inspira a la música y viceversa. 
El día anterior Pedro y yo visitamos los estudios de Radio Nacional de España. El programa “Viaje al centro de la noche” de Amaya Prieto y Javier Hernández nos había abierto sus micrófonos amablemente. Recién llegado a Madrid junto a su compañera Gina, que comparte con él la pasión por los medios, la música y la literatura, por fin nos conocimos en persona en un escenario tan adecuado como un estudio de radio. Hablamos de radio, música, libros, y esa magia de que “nuestra voz esté sonando dentro de la cabeza de alguien”, como dice Pedro.
Tras la presentación de hace unas semanas en México, el viernes 29 de septiembre varios autores nos reunimos en la estupenda librería Molar para hablar de nuestro “Encore Trasatlántico”, una obra coral. Comencé mi intervención explicando que lo que menos me gusta de la escritura es “la soledad”,  por eso agradezco a Pedro que nos haya juntado a “una serie de personas que no nos conocíamos, de diferentes procedencias” para hacer este libro. Reconocí que cuando Pedro me propuso colaborar de alguna manera “me puso en un aprieto”, porque aunque en México sí se conoce bastante rock español, aquí tenemos el problema de que miramos más hacia el rock anglosajón y hacemos menos caso a la música que viene de Latinoamérica. Eso es algo que he intentado reflejar en mi relato. Por eso cuando Pedro me invitó no sabía sobre qué grupo escribir. La solución llegó  a través de un CD que sacamos hace muchos años para apoyar a nuestra radio libre, Radio Resistencia, en el que aparecía una canción que me había gustado especialmente. Se trata de “El gran circo” de la banda mexicana Maldita vecindad, que refleja esa parte de las vecindades de la capital de México, jóvenes implicados en movimiento, creando una música potente como motor de cambios. Ese fue el punto de partida de mi relato, para el que conté con recuerdos del ilustrador Marino Masazucra sobre una etapa que pasó en México DF y, con la ayuda de amigos mexicanos a los que consulté sobre palabras y expresiones mexicanas.
Para mí ha sido una gran suerte haber participado en un proyecto independiente, sacado adelante gracias al empeño y tesón de Pedro Escobar, independencia “que no está reñida con hacer las cosas bien”. Por el contrario, el libro se ha sacado adelante “con muchas ganas, se ha hecho una buena edición, todos hemos dado lo mejor de nosotros y además es un libro con magníficas ilustraciones, lo que es un punto más a su favor”. Resalté que “Encore Trasatlántico” se inscribe dentro de que podríamos llamar literatura rock, un género que quizá no acaba de aceptarse, “sobre todo entre ciertos círculos literarios”, aunque es un tipo de narración que tiene una larga tradición en Latinoamérica y en el mundo anglosajón. “Aquí en España nos quedamos un poco atrás pero, sin duda, mezclar rock y literatura es una buena combinación”.
Pedro Escobar recordó que esta es la tercera antología que se ha hecho con la misma temática, cuentos inspirados en el rock, en esta ocasión rock mexicano y español, un gran tema de inspiración, “cuántos de nosotros hemos tenido una historia a partir de un concierto; cuántos de nosotros hemos dedicado una canción o hecho una playlist para alguien; cuántas veces hemos pensado esta canción habla de mí, habla sobre mi vida”. Pedro destacó que nos gusta escuchar historias, pasar las páginas de un libro, pasárselo a alguien más para que lo lea. Explicó cómo me había conocido a través de otro de los autores del libro, Juan Pablo Rovira, quien tenía un magnífico programa en Canal Extremadura Radio, llamado “Elvis ha abandonado el edificio”. Igualmente conoció a Marino Masazucra, el ilustrador de mi relato, a través de mi contacto. Todo es una cadena que suma.
“Siempre se escribe por alguna razón, sobre todo aquellas cosas que uno hace por pasión; se escribe sobre lo que uno ama, pero también de las cosas que uno no entiende del todo”, reflexionó Pedro Escobar. “Pero, ¿qué pasa con los ilustradores?”, se preguntó el editor. “Para los escritores tal vez es más fácil, contamos la historia, pero ¿cómo haces tú para llevar una historia a una ilustración?”. Marino ha ilustrado mi relato “Gozando de los sones rebeldes”, donde se entremezclan las vecindades mexicanas con los barrios de Vallecas, en una ilustración que sintetiza perfectamente la historia de mestizaje musical y vital que he pretendido contar.
“Me pasa una cosa cada vez que leo algo de Conchi, termino haciendo una regresión a mi propio pasado”, confesó Marino, para quien el año que pasó viviendo en México, “una experiencia muy importante en mi vida”, fue determinante a la hora de ilustrar mi historia. Explicó que le sucedió algo parecido cuando hizo la portada de “Sin pedir permiso”, que definió como “una especie de síntesis de una parte de mi vida”. Marino recibió con agrado la propuesta de ilustrar el relato de “Encore Trasatlántico”, “mi pasión por México es absoluta, sobre todo por lo que fue el DF; los dos nos fuimos contando cosas y cuando lo leí vi una vez más que me había proyectado en el relato”. Marino explicó que para él había resultado sencillo sintetizar la historia, que de alguna forma fue lo que vivió en México, donde llegó “siendo un rockero muy clásico, y me encontró con ese rico mestizaje, se me abrió esa puerta, por lo que me fue muy fácil sintetizar esa conversación entre los dos mundos”. La conexión con México le facilitó hacer la ilustración. “Rompí el muro de agua, el Atlántico no existe”.
El editor Pedro Escobar destacó que Encore es una edición de autor, “sin más afán que compartir”, donde cada cuento, acompañado de su correspondiente ilustración, está inspirado en una banda importante para los diferente autores. Por la antología desfilan grupos como Maldita Vecindad, Radio Futura, que fueron muy importantes en México, Café Tacuba, o bandas más recientes como Vetusta Morla, El Columpio Asesino o La Habitación Roja. “En el cuento de Juan Pablo Rovira, sensacional, hay un gran tema que tiene que ver con Tino Casal, un adelantado a su tiempo, un hombre que murió muy joven. La leyenda urbana dice que quizá no esté muerto, tal vez esté viviendo bajo otra identidad”, explicó Pedro. Recordó más artistas que aparecen en el libro como Jaime López, “que escribió Chilanga Banda, la canción más famosa de Café Tacuba, o el legendario Camarón de la Isla, Joaquín Sabina, Fermín Muguruza, Botellita de Jerez, “uno de los grupos emblemáticos del rock más nacionalista de México”, Alaska y Dinarama, o incluso Hombres G, que “actuaron en el año pasado en México en el Festival Vive Latino con enorme éxito; en otros tiempos los hubieran bajado a pedradas pero el año pasado fue un gran concierto”, explicó. Según Pedro, la labor del escritor es pensar ¿qué pasaría sí?, en definitiva, imaginar.
Pedro dio paso a continuación al músico Pepo Márquez (The Secret Society, Garzón o Grande-Marlaska), quien también participa en “Encore Trasatlántico”. Explicó que le conoce a través de varios de sus grupos y sus canciones que “hablan de cosas que son familiares para nosotros, que tienen que ver con diversos momentos de nuestra vida”. El cuento de Pepo no fue escrito expresamente para la antología, se trata de una historia personal que apareció en su blog y que “tiene mucho que ver con una canción de Café Tacuba, que habla de esa misma situación que estaba viviendo el autor”. Pepo explicó que no concibe sus obras pensando en quién las escuchará o dónde acabarán, “es un poco como el agua, siempre encuentra el camino, siempre”. Afirmó no envidiar a los escritores que pasan todo el tiempo encerrados escribiendo en soledad, él está acostumbrado a trabajar con su grupo, “que alguien extraño se introduzca en tu obra para mí es algo normal, siempre estoy en contacto con los míos”. Considera que lo más interesante es el intercambio, “para aprender una canción en una banda y tocarla en directo hemos de pasar centenares de horas de ensayo juntos, también el hecho de trasladarse a un sitio con tu gente supone poner en común tu vida con otras personas, todo es más social”. En relación a su relato “Testigo”, afirmó que se puede forzar la escritura, “nunca hemos escrito tanto como ahora con los WhatsApp y las redes sociales”, pero no se puede forzar la literatura. Reconoció que él también creció escuchando música anglosajona, “como la mayoría de la gente de mi edad en España”, pero cuanto más descubre Latinoamérica y Europa más cree que hemos perdido una etapa tan importante en la formación como es la adolescencia, “no creo que me pueda enamorar de una banda como me enamoraba cuando tenía quince años”. Confesó que cuando Pedro le invitó “no sabía cómo podía salir el libro”, pero por eso “me interesó más”.
“Para que una historia sea creíble, aunque sea de ficción, de imaginación, aunque sea fantasía tiene que tener algo tuyo, una entraña tuya que realmente la saques de tu corazón y de tu experiencia personal”, afirmó Pedro Escobar. Es el caso de muchos de los autores reunidos en  “Encore Trasatlántico”, algunos son músicos como Pepo Márquez, otros vienen del periodismo como es mi caso; los hay que son escritores de carrera en México como Alberto Chimal o Raquel Castro, que son escritores “más de imaginación”. El editor destacó que en el libro hay muchas y diferentes voces, algunas muy divertidas, otras más intensas, más serias, otras “tienen cosas que quizá ustedes como españoles no entiendan, es el caso del cuento de Armando Vega Gil, lleno de mexicanismos, de cómo somos nosotros”. En la mesa todos estuvimos de acuerdo en que tenemos la fortuna de que la música y la literatura nos hayan dado la oportunidad de conocer a personas con las que probablemente habría sido muy difícil conectar.
A mí siempre me ha gustado escribir y hacer radio y todo lo que he hecho hasta ahora siempre lo he visto como una manera de divertirme, de conocer gente, de crecer y sobre todo de aprender. En mi novela “Sin pedir permiso” se afirma que “la radio convierte en amigos a personas que antes eran desconocidas” y esa ha sido mi experiencia con las radios libres. Escribir es una actividad solitaria pero a mí me gusta hacer cosas con más gente. Gracias a “Sin pedir permiso” conocí a Marino, gracias a él conocí a Migüel Bastante, que nos puso música al disco de la banda imaginada que aparece en la novela, y conocí también al ilustrador granadino Juarma, que hizo la portada del disco. Ahora, en definitiva, nos sucede lo mismo. Gracias a Encore nos hemos encontrado una serie de autores que no nos conocíamos. Esa parte de compartir me gusta especialmente, al igual que la experiencia con los lectores que, aparte de la vanidad que puede tener todo creador, nos aporta y enriquece.
Pedro preguntó a Marino de qué forma la música puede ser una fuente de inspiración para un artista. “Siempre me he relacionado con la música, desde jovencillo cuando empecé a escuchar punk y rockabilly”, explicó Marino, quien se confesó “melómano por naturaleza”, necesitado de música para vivir, “para transmutar estados”. En su elección profesional se ha proyectado su amor por la música, Marino ha diseñado las portadas de varios discos y pincha desde hace años. “Al final, si eres una persona curiosa, ningún arte te es ajeno; interrelacionar un arte con otros es una cuestión de cómo seas de ilustrado y cuántas artes quieras practicar”, reflexionó.
Pepo Márquez finalizó ensalzando el poder de la creación, “incluso en situaciones de guerra hay gente que hace música con lo que tenga y gente que escribe con lo que tenga porque existe dentro de nosotros la necesidad y la fuerza natural de documentar lo que nos ocurre”. Se habla mucho de los libros como “la llave del conocimiento”, pero consideró “injusto” que se desprecie la música popular, ya que “el poder enorme de la música es igual que el poder de un libro”, concluyó.
Para combatir la soledad del escritor, nada mejor que el intercambio entre disciplinas, creadores, lectores y en definitiva, amigos.

Encore Trasatlántico, antología que celebra el rock de México y España se presenta el 29 de septiembre en Madrid


Fuente: Pedro Escobar, editor
La música es un arte que logra tender puentes entre personas que sin conocerse, pueden llegar a conectarse a partir de lo que dice, o los hace sentir una canción cantada en su mismo idioma.
Encore Trasatlántico es una colección de cuentos de ficción que exploran la capacidad emancipadora de la música y su capacidad de detonar todo tipo de historias fantásticas.
Esta antología con 21 cuentos inspirados en la vida y obra de algunas de las bandas más representativas de México y España se presentará por primera vez en Madrid, España el próximo viernes 29 de septiembre a las 7:30 pm en la librería independiente Molar, (C/Ruda, Madrid, España). 
Será en el barrio de La Latina, uno de los sitios representativos de "La Movida" española, donde Conchi Moya (autora), Marino Masazucra (ilustrador) y Pedro Escobar (autor y editor) presenten este proyecto surgido de la autogestión y la edición independiente.
En Encore Trasatlántico, un avión privado, procedente de México se impacta en las inmediaciones de un concierto de Vetusta Morla en la plaza de toros de Alicante, una canción de Radio Futura, escrita en los ochentas, profetiza los eventos de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa. En Madrid, Maldita Vecindad inspira a un grupo de Vallecas a componer sus sones rebeldes. El Columpio Asesino da un concierto que cimbra los cimientos de un viejo teatro justo antes de uno de los más violentos terremotos de los que se tiene memoria en la Ciudad de México y Hombres G vive una aventura subterránea al lado de un grupo pink mexicano en la "Zona Rosa" de la Ciudad de México. Esta clase de historias son la materia prima de un libro en las que el hilo conductor es el rock en español creado a ambos lados del Atlántico.
La antología reúne el trabajo de 21 escritores en torno a la vida y obra de bandas icónicas como: Maldita Vecindad, Vetusta Morla, Jaime López, Radio Futura, Santiago Auserón, Café Tacvba, El Columpio Asesino, La Habitación Roja, Tino Casal, Nacha Pop, Jaime López, Camarón de la Isla, Joaquín Sabina, Alaska y Dinarama, Hombres G, El Luto del Rey Cuervo, Botellita de Jeréz, Inspector, Fermín Muguruza y Nortec Collective.
Los autores españoles Conchi Moya, Juan Pablo Rovira, Eduardo Guillot y Pepo Márquez  se unen a plumas mexicanas como: Édgar Omar Avilés, Francisco Haghenbeck, Alberto Chimal, Isaí Moreno, Alejandro Mancilla, Pedro Escobar, José Luis Zárate, Carlos A. Ramírez, Alejandro González Castillo, Jacobo Vázquez, Juan Carlos Hidalgo, Pilar Ortega, Luis Membrillo, Karina Vargas, José Antonio Sánchez Cetina, Armando Vega-Gil,  Raquel Castro y Enrique Blanc, éste último, encargado del prólogo del libro
Imaginar es un acto de rebeldía y dos de sus expresiones más puras: la literatura y la música rock, son herramientas elementales para rebelarse a la realidad de tiempos violentos, lleno de fanatismo e intolerancia. Encore Trasatlán tico es un ejercicio lúdico de imaginación colectiva, pero también una muestra de que la música y el arte nos dan armas para reconocer nuestras similitudes y tolerar nuestras diferencias.
Sobre Resonancia Magazine
Resonancia Magazine es un medio electrónico independiente fundado en la Ciudad de México en 2009. Ha sido destacado con la beca Edmundo Valadés para la edición de revistas independientes del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Sus publicaciones anteriores: Encore: cuentos inspirados en el rock (2015) y Encore: cuentos inspirados en el rock mexicano (2016) también exploraron las posibilidades de la música como arte inspirador de historias.
Para más información visite 
Link a libro en versión PDF (para reseñas de prensa)  

Vuelve The The. Treinta años de enamoramiento musical


1989. Mi año de despegue musical. El año en que acabé el COU y me presenté a la selectividad. Un año de hincar codos, acompañada por cantidades ingentes de radio y buena música.
En 1989 se pudo disfrutar en España de conciertos variados. Nos visitaron Ramones, Suzanne Vega, Lou Reed, Paul McCartney, Ozzy Osbourne, The Sugarcubes, Transvision Vamp, Bon Jovi, y unos jóvenes escoceses que empezaban a despuntar con su “I dont’t want a lover”, la canción que llevó a Texas a alcanzar un éxito considerable. En aquellos días el Ministerio de Asuntos Sociales y el Instituto de la Juventud organizaban el “Festival Europa Joven” con George Michael, Grace Jones, Rubén Blades y Toreros Muertos
Y 1989 fue el año en el que acudí por primera vez a un concierto en directo, una revelación y un enamoramiento que no me han abandonado en todos estos años. Un 18 de julio disfrutábamos en Madrid de la actuación de The The, la banda de Matt Johnson, en la desaparecida Sala Jácara, muy conocida por haber albergado los conciertos de despedida de Nacha Pop el año anterior.
Mi referente musical de entonces era mi amiga de infancia, Pilar. Aunque “a las mujeres no nos gusta la música”, nos apoyábamos la una en la otra en nuestros hallazgos y experimentos musicales. Juntas descubrimos en 3º de BUP a The Smiths a través de James Dean, un actor que nos chiflaba. Aquello se convirtió en un hilo del que tirar y a través del que llegarían todas las músicas posibles. Empezamos a comprarnos a medias la discografía completa de la banda de Manchester, que entonces acababa de separarse, y a grabarnos los discos la una a la otra en aquellas cintas TDK que nos alegraban la vida.
Ávidas como estábamos de cualquier novedad sobre nuestro grupo preferido, Pilar y yo recibimos con entusiasmo la noticia de que Johnny Marr se había incorporado a otra banda inglesa, The The. Hay que hacer un paréntesis para recordar que, en aquellos tiempos muy pre-internet, nuestra información llegaba a cuenta gotas a través de la radio, algunos programas de la tele, los periódicos (curiosamente el ABC tenía unas muy buenas páginas culturales) y las revista musicales. Las noticias tardaban en conocerse y en encontrarse, las búsquedas se convertían en carreras de obstáculos y el boca a boca era nuestra red de conexión.
The The es, en definitiva, Matt Johnson. Siempre rodeado de músicos de gran calidad, unas veces en formato banda otras en solitario, es un intérprete minoritario, inquieto y diferente, un cantante muy personal y un excepcional letrista. El músico había reunido en aquel lejano 1989 una formación estable; además de nuestro Johnny Marr (a la guitarra y la armónica), se unieron el batería Dave Palmer, el bajista James Eller (músico de Nick Lowe y Julian Cope, al bajo) y David Collar a los teclados. El disco se llamaba Mind Bomb, y nos enganchó el primer single, The Beat(en) Generation, en el que aparecía toda la banda vestida con vaqueros y camisetas blancas, ropa sencilla para una canción pegadiza que sonó por todas partes, en la que Marr se lucía también con la armónica. Nos rendimos al instante. Compramos aquel disco, de un blanco mate impoluto, y con una música mucho más espesa que el mencionado y exitoso single. Aquel trabajo traía aires apocalípticos (y proféticos) sobre guerras entre religiones, medios tiempos y bellas canciones de amor marca de la casa. Un disco que, como afirmaba Johnson en el interior era para escuchar “MUY ALTO, MUY TARDE, MUY SOLO” y en el que aparece una potente colaboración de Sinead O’Connor, “de cuando pensábamos que era negra”, es decir anterior al bombazo de “Nothing compares 2 U”.
De camiseta vistió la banda en el concierto, esta vez negra. No tengo recuerdos nítidos de la noche en la Jácara, si acaso la máquina de humo, una banda que sonaba como un trueno, la armónica de Johnny Marr y su finura con la guitarra y un intenso Matt Johnson con dos micros, uno de ellos para distorsionar la voz. Allí estábamos dos muchachas de 17 años y un chaval de 14, que accedíamos por primera vez a la revelación que supone la música en directo. Un veneno intenso que nunca se escapa de quien se dejó atrapar por él.
Johnny Marr aún permaneció un disco más junto a Matt Johnson. Así, en 1993 aparecía en el bello e intenso “Dusk”, con canciones tan bonitas como “Love is stronger tan death”, o potentes como “Dogs of lust” o “The Violence Of Truth”. Para entonces entre mi hermano y yo nos íbamos haciendo con la discografía de Johnson, como los primeros discos de The The, “Burning Blue Soul”, “Soul mining” o “Infected”.
1995 fue el año en el que dejé de tan solo escuchar radio y me lancé de lleno a hacerla. Las canciones de Matt Johnson ocupaban un lugar de honor en mis programas en “Música y Punto”, el espacio que cerraba nuestra programación diaria en la Escuela de Radio del IMEFE. Cada día presentaba alguien distinto, los habituales éramos los más musicales del curso, en una forma “prehistórica” de compartir la música que nos gustaba, algo parecido a lo que hacemos ahora en las redes sociales. The The está asociado a muchos otros de mis recuerdos radiofónicos, como el curso que hice ese mismo año en Móstoles, compaginándolo con la Escuela de Radio, donde conocí a Chema Pascual, responsable en aquellos lejanos tiempos de Vaticano II, un programa muy chulo en Radio Vallekas, en la etapa en que la emisora todavía se encontraba en una casa de la zona del Metro de Nueva Numancia. Los alumnos debíamos llevar música y nuestro profe resultó ser un enamorado de The The, sorprendido de que yo pinchara sus discos. Fue uno de esos casos de total simpatía musical que he tenido la suerte de experimentar en muchas más ocasiones.
En ese año 1995 Johnson dio una nueva vuelta de tuerca a su carrera. Disolvió la banda y sacó un disco de versiones, “Hanky Panky”, dedicado al gran Hank Williams. Absolutamente maravilloso, con un alucinado Johnson en portada, es uno de los discos de mi vida y una exquisita rareza. Tuvimos que esperar al cambio de siglo para disfrutar de “NakedSelf”, un disco que para mí ha ganado con el paso del tiempo.
Estos dos últimos trabajos tienen portadas (así como Mind Bomb) muy alejadas del característico “art work” de los trabajos de The The, realizados por su hermano “Andy Dog” Johnson, fallecido en 2016 y autor de magníficas portadas de muchos LPs y singles de su hermano. Con un estilo inconfundible, cercano al neoexpresionismo, Andy nos dejó un ramillete de portadas protagonizadas por rostros dolientes y torturados, llevados a la mueca retorcida, donde predominan los colores fuertes y las pinceladas nerviosas. Un punto más a favor de The The.
2017. La prensa musical nos sorprende con la noticia de que Matt Johnson vuelve a la carga con una serie de conciertos, que comienzan en junio en Londres, como colofón a su larga carrera iniciada hacia 1979, en aquellos años del post punk. Y aquí andamos, pensando en las ganas locas que tenemos de volver a ver a The The.

Eres vieja


Guitarra de Viv Albertine

“Eres vieja para la música. ¿Adónde vas a retomar una carrera artística con tu edad? No hagas el ridículo. Ahora estás segura y protegida. Si ni siquiera tienes un trabajo de jornada completa. ¿Qué te van a dar fuera que no te dé yo? Eres una desagradecida”.
Las palabras de su marido resonaban en su cabeza una y otra vez. Eran gasolina para avivar su falta de confianza, el terror a hacer el ridículo y a que se rieran de ella. Le embargó una enorme tristeza cuando fue consciente de que su compañero no comprendía sus anhelos, tan sólo la veía como otro objeto de decoración, la joven descarriada a la que él había salvado y llevado por buen camino.
Había sido Coco KO treinta años atrás, la precoz bajista de las Automáticas. Deslenguadas, mordaces y kamikazes. Tampoco entonces había sido fácil. Un grupo formado por chicas. Las escupían, las insultaban, las mandaban a fregar. Los comentarios soeces eran lo más suave que recibían de aquellos tipos violentos que se negaban a tolerarlas. Las mujeres podían ser groupies o acompañantes; si acaso aspirar, si estaban “lo bastante buenas”, a que algún músico les dedicara una canción. ¿A qué venía aquel afán suyo de subirse a un escenario en aquellos antros de mala muerte, viajar en coches de mierda por ciudades y pueblos donde querían pegarlas, donde nadie entendía sus canciones y odiaban su aspecto? Entonces el deseo de tocar y la insensatez de la juventud derribaban cualquier muro. Fueron flores salvajes. Ahora ella olía a flores muertas. Fueron estrellas oscuras. Ella no había vuelto a brillar.
Su marido cometió el error de regalarle la biografía de Viv Albertine. “Toma, para que te distraigas un rato”, debió pensar. Sin duda no había leído de qué iba aquel libro que había escrito la guitarrista de la banda punk The Slits, aquellas chicas salvajes que habían hablado de tú a tú a los Sex Pistols, The Clash o Johnny Thunders. Un espejo en el que se habían mirado todas ellas en su juventud. Viv, de 62 años, lucía espléndida. Había retomado su carrera musical con cincuenta años, cinco más que los que tenía ella, sobreponiéndose a sus miedos, a la enfermedad y a un marido que consideraba aquella pretensión como el delirio de un ama de casa aburrida.
“Ropa Música Chicos” fue la chispa que encendió su llama. Aceptó la jornada completa que llevaban tiempo proponiéndole en su trabajo. Dejó a su marido. Volvió a asistir a conciertos. Retomó el bajo y empezó a ensayar con la guitarra. Se animó a escribir sobre los conciertos y eventos a los que asistía, y no lo hacía nada mal. Jamás volvería a ser Coco KO pero tampoco la mujer insegura y asustada en la que le convirtió su matrimonio.
Ni novios mi maridos ni padres ni hijos. No volvería a permitir que otros le dijeran cómo tenía que ser.

DAVID BOWIE is. Para quedarse a vivir en ella



¡Impresionante! Para quedarse a vivir dentro de ella... SIMPLEMENTE DAVID BOWIE (Kike Tenza)
La estancia en Barcelona de la exposición “DAVID BOWIE is” va llegando a su fin, aunque hay tiempo hasta el 25 de septiembre para visitarla. Nosotros lo hicimos a primeros de junio, como estupenda excusa para volver a la ciudad. Como afirma la cita del amigo Kike Tenza con la que empiezo la crónica, se trata de una exposición para ver más de una vez y que deja atrapado sin remedio al visitante. Una retrospectiva espectacular sobre Bowie, su figura, su música, su vestuario y su influencia en la cultura del siglo XX.
La forma en la que está montada la exposición es tremendamente sensitiva y envolvente. Como afirman desde la organización, “supone una experiencia audiovisual completa gracias al uso de la más avanzada tecnología multimedia”. Divida en diferentes espacios temáticos, aporta ingente material relacionado con el músico: fotos, collages, libros, posters, letras manuscritas, cuadros, ilustraciones, portadas de discos, diseños de escenarios, objetos personales. Cómo será de minuciosa la exposición, que se llega a exhibir una pequeña cucharilla de plata que Bowie usaba en una de sus épocas de mayor adicción a la cocaína, o el enorme llavero de la casa que compartía en Berlín con Iggy Pop. Gracias a los cascos que se recogen en la entrada, los visitantes nos sumergimos en el universo Bowie. La música va cambiando según nos movemos, disparando los estímulos que ofrece la exposición. Confieso que en algún momento tuve que parar y respirar hondo, felizmente embotada de información y sensaciones.
Y entre música, emoción e imágenes, estas son las historias que me llamaron más la atención de “DAVID BOWIE is” en el que el artista se muestra, en mil encarnaciones, personajes y formas, ante nosotros.
Comienza la exposición con el Bowie niño, vecino de Brixton, al sur de Londres, amante de la música desde muy joven. Así vemos un saxofón blanco que le regaló su padre y los libros y discos que le rodeaban en su casa. Estudió arte, música y diseño, facetas que enriquecerían su fascinante carrera. Hacia 1963 comienza su carrera musical, siguiendo los ritmos y estética beat que predominaba en la época. Pero aquello se quedaba muy corto para una mente tan inquieta como la de Bowie. Buscando un concepto que englobara música, vestuario y con cierto toque teatral, en 1969 consigue su primer gran éxito con “Space Oddity”, (Ground Control to Major Tom, Take your protein pills and put your helmet on). En una enorme pantalla vemos a un escuálido Bowie de pelo de punta color zanahoria, sin cejas y con zapatos de enorme plataforma, tocando una guitarra acústica, que también está en la exposición y con la que grabó alguna de sus canciones de la década de los 70. En 1972 se sumerge de lleno en el glam y podemos verle en la famosa actuación en el programa de la BBC Top of the Pops. Hace así aparición Ziggy Stardust, el personaje que Bowie encarna en el mítico “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”. Actuación con guitarra acústica, vestido con un futurista traje guateado de colores que también se puede ver en la exposición.
Porque una de las grandes bazas de “DAVID BOWIE is” es el vestuario. Como el psicodélico traje de brillante plástico negro y enormes perneras del Tour Aladdin Sane, diseñado por Yamamoto; el abrigo fabricado con una enorme Union Jack de Alexander McQueen; o el traje de chaqueta azul hielo diseñado por Burretti, que se puede contemplar completo (camisa, corbata ancha y botines con plataforma y tacón en blanco y negro) mientras se visualiza el vídeo de la maravillosa “Life On Mars?”, una de las imágenes más poderosas del rock, que en la exposición emociona hasta las lágrimas.
La Etapa de Berlín, para mí fascinante, tiene una importante presencia en la exposición. Bowie llegó a Alemania muy enganchado a las drogas, huyendo de la vida de dinero, lujo y desenfreno que había llevado en California. Se encontraba hastiado y falto de inspiración pero Berlín consiguió curar muchas cosas. Sus salidas y entradas con Iggy Pop le devolvieron la inspiración, también para escribir y pintar. El colorido y el exceso habituales en él mudaron a una elegancia depurada, un blanco y negro inspirado en el expresionismo alemán. De aquellos días nacieron joyas como “China girl”, años más tarde contó en televisión que fue fruto de una noche con La Iguana y un grupo de punks alemanes, o la monumental “Heroes”, la historia de amor de tintes épicos entre la que se interpone el Muro de Berlín, entonces aún en pie. “En Berlín me despojé de todo y me preocupé en reconstruirme, libre de las ataduras de la fama”, explicaría más tarde.
Bowie fue pionero también en usar la imagen como medio de expresión y promoción de sus canciones. Ya se servía de videoclips a inicios de los 70, en una época muy anterior al despegue ochentero que la MTV ofreció a este formato. A los maravillosos y precursores videos de “Space Oddity” o “Life On Mars?”, le sucedieron auténticas obras de arte como “Let’s dance” (mi canción preferida de David Bowie), rodado en Australia por el director David Mallet; o “Ashes to ashes”, para el que recuperó el personaje del Mayor Tom de “Spacy Odity”, un video de ingente presupuesto, dirigido por el propio Bowie y de nuevo David Mallet, que además contó con Steve Strange (líder de los neorrománticos Visage) y otros miembros de la galaxia que surgió alrededor del Blitz, mítico club del Soho londinense de los ochenta.
En “David Bowis is” sorprende la recreación de espacios. Es el caso de una sala de grabación, en la que escuchamos carraspeos y pruebas de sonido con diferentes instrumentos, mientras que las imágenes que aparecen en pantalla remiten a las salas de grabación que utilizó el artista.  Otro espacio interesante es la sala de cine donde se proyectan las películas en las que actuó, entre otras, “Dentro del laberinto”, “Feliz Navidad, Mr. Lawrence” o “Absolute Beginners”, en el papel de publicista que aparece bailando claqué sobre una gran máquina de escribir y escalando una montaña que conduce a unas cajas de cereales. Si en cine no consiguió ningún gran éxito, sí obtuvo excelentes críticas en el teatro, gracias a su actuación en “El hombre elefante” entre 1980 y 1981. Bowie se formó como actor en teatro con Lindsay Kemp.
La traca final la pone un enorme espacio lleno de pantallas de vídeo donde se pasan constantemente imágenes de Bowie en directo, en diferentes etapas de su vida. En cada pared hay unas vitrinas donde se recogen icónicos trajes del artista, entre los que destaco una casaca preciosamente bordada de Alexander McQueen, un traje de malla asimétrico o la ropa que vestían en Tin Machine, la banda que fundó en 1988.
Finalizada la exposición, ya sólo nos quedaba pasar por las enormes fotos de Bowie, perfectas para hacernos retratos al lado de nuestro ídolo y por la completa tienda de la muestra, donde adquirí un colgante, como no, del rayo de Bowie, referente de la cultura pop, ese “rayo que se comió al disco” Aladdin Sane. Curiosamente, a pesar de ser una de sus imágenes más icónicas David Bowie nunca actuó con la pintura del rayo en la cara.
DAVID BOWIE is se inauguró en el Victoria & Albert Museum de Londres en 2013. Ha viajado a varios países como Canadá, Francia, Alemania, Holanda, Australia o Brasil. Tras su paso por Tokio, recaló el pasado 25 de mayo en el Museu del Disseny de Barcelona.
Bello, visionario, extravagante, poderoso, artista, experimental, estrella de masas, cambiante, rebelde, inolvidable e inmortal. David Bowie.


“Sing Street”, los ochenta fueron nuestros


La película “Sing Street” me pasó desapercibida en su estreno, y eso que lo tenía todo para llamarme la atención, nada menos que una historia juvenil ambientada en los años ochenta y repleta de música. El cine de verano en Cibeles, este año centrado en películas independientes que se han proyectado durante el año en los cines de versión original, me ha permitido disfrutar de una película muy divertida.
Es “Sing Street” una historia de adolescentes un tanto frikis, feúchos, aislados y rechazados; unos perdedores que no se arredran ante las dificultades y la falta de oportunidades crónicas que les acechan; que cuando les golpean no ponen la otra mejilla sino que buscan un camino donde no les vuelvan a zurrar. En definitiva, una historia de resistencia. Porque el que resiste, aunque no siempre gana, al menos planta cara y se revuelve.
“Sing Street”, dirigida por John Carney, lleva la marca de la casa, ligereza y toneladas de buen humor para tratar temas profundos. Acoso, abuso, maltrato, ruptura, problemas psíquicos, paro, crisis económica, pasan sin sordidez, más bien con una cierta levedad, en una película deliciosa. Ambientada a mediados de los 80, en ese año 1985 en que a mis 14 años me preparaba para comenzar BUP. Los protagonistas, de la misma edad que yo tenía entonces, sobreviven en un horrible colegio religioso de la deprimente Dublín de los ochenta. Ya lo dijo Jimmy Rabbitte de los Comminments: “Los irlandeses son los negros de Europa; los dublineses son los negros de Irlanda; los de Dublín Norte son los negros de Dublín”, una perspectiva tan desmoralizadora como enormemente musical.
La película recuerda a otros musicales, es inevitable acordarse de la mencionada The Comminments; como curiosidad la madre es encarnada por Maria Doyle Kennedy, una de las protagonistas de aquella película. En la línea de otros trabajos de Carney, como “Begin Again” o “Once”, “Sing Street” se ocupa de la creración de una incipiente banda de rock a cargo de un adolescente que, enamorado de una joven que quiere ser modelo, decide grabar uno de aquellos videoclips que empezaban entonces a triunfar como nueva forma de expresión musical. Asistimos a los descacharrantes momentos en que Conor (Ferdia Walsh-Peelo), y un escuchimizado y pelirrojo manager con aparato dental (espléndido Ben Carolan) reclutan a los miembros de la banda. A ellos se unen el multi-instrumentista y lacónico amante de los conejos Eamon (Mark McKenna), el perfecto compañero de composición de Conor, en la línea Lennon-McCartney; Ngig (Percy Chamburuka), “el único negro de Dublín” a los teclados; y un bajo y batería reclutados desde el tablón de anuncios de la escuela.
Entre tema y tema, Conor, bautizado como “Cosmo” por la bella musa Raphina (Lucy Boynton), pasará por mil vicisitudes. Deberá enfrentarse a la desintegración de su familia, al malvado sacerdote jefe de estudios (Don Wycherley) y a Barry (Ian Kenny), el matón que le persigue y le zurra, y que también acabará encontrando su puesto en la banda, “si no puedes con tu enemigo, únele a tu gente”. Buscando su estilo, Conor y Eamon componen sus canciones “a la manera de las bandas de la época” como The Cure, Duran Duran o Spandau Ballet, adaptando su forma de vestir, e incluso maquillándose, lo que les genera no pocos problemas, que ellos superan con humor y mucho aguante.
El reparto está lleno de jóvenes desconocidos, que encarnan a los chicos de la banda con solvencia y frescura. Carney ha reclutado además a varios conocidos actores irlandeses como la mencionada Maria Doyle Kennedy, Aidan Gillen (Juego de Tronos) que encarna al padre, Jack Reynor (Transformers), en el papel del hermano mayor y mentor de Conor o Don Wycherley.
Fantásticamente ambientada, “Sing Street” transcurre en aquellos días de enormes jerséis de angora, vaqueros nevados, enormes gafas de montura metálica, hombreras, pelo cardado, VHS, primeros videoclips, tocadiscos y casetes, música grabada en cintas, eternas tardes de colegio, posters en las paredes y carpetas forradas con nuestros ídolos, habitaciones heladas, el dolor del amor no correspondido y el imparable poder de la amistad. Que no se os pase verla.
SING STREET - THE RIDDLE OF THE MODEL Music Video Clip

Botchan, el irreflexivo niño mimado de Natsume Sōseki, recuperado por Impedimenta


La participación en el Gabinete de Lectura de Jesús Casals en La Central me ha abierto las puertas a un montón de lecturas de calidad, a conocer nuevas editoriales y a ampliar y mejorar mis intereses lectores. Jesús, al que deseamos la mejor de las suertes, ha iniciado una nueva andadura profesional en la editorial Entre Ambos, por lo que ha dejado de coordinar nuestros gabinetes. Sirvan estas líneas para mostrar mi agradecimiento por el fantástico e implicado trabajo que ha desarrollado y que he tenido la suerte de disfrutar.
En la sesión que iniciaba el Gabinete de Primavera 2017 nos visitó Enrique Redel, editor de Impedimenta, para hablar de Botchan, de Natsume Sōseki. Precisamente en este año se han cumplido diez del nacimiento de una editorial que nos ha dado multitud de magníficos momentos literarios. Enrique nos contó cómo fueron aquellos primeros pasos. “Estaba sin un duro, todo el dinero lo había invertido en Impedimenta y estaba planificando el primer libro, La abadesa de Castro de Stendhal”. Sin embargo, nos confesó que el primer libro que realmente eligió para editar fue Botchan. Redel considera a Sōseki un escritor fundamental para él, ya que “la lectura de su libro Kokoro me cambió la vida” Investigando sobre el autor cayó en sus manos la traducción al inglés de Botchan, libro que no conocía. “Me recuerdo leyéndolo y partiéndome de risa”.
En Impedimenta aspirar a ser “vendedores de long sellers” y Botchan sin duda lo es. Se trata de un libro de juventud, considerado un clásico para muchos lectores japoneses. La edición de Impedimenta ganó el premio Llibreter, el que otorgan los libreros, lo que “Nos dio a conocer a mucha gente”, explica Enrique, que lo sigue recomendando diez años después de haberlo editado y de una tirada de quince ediciones.
Muchos han visto en ese Botchan (que significa algo así como niño mimado), a la vez inocente, cínico y descreído, irreflexivo, impulsivo e inmaduro, un alter ego de su autor. La presencia de Enrique Redel nos sirvió para conocer más sobre Sōseki, de quién yo apenas sabía nada. Nació en 1868, un año antes de la instauración de este periodo, considerado como el de la modernización de Japón. Supuso un momento de apertura para un país que había estado completamente cerrado al exterior. La apertura a Occidente fue el paradigma de la época Meiji. La cincuentena de Sōseki coincidió con la muerte del emperador Meiji, que causó una enorme conmoción social. El fin de esa época le llevó a escribir Kokoro. Sōseki nació en una familia de samurais, considerada en Japón una clase noble, era el último hijo y fue criado por sus tíos. Eso le marcó, y sus gustos no tenían nada que ver con lo que se esperaba de él. Tenía inclinación por la lectura, la poesía y la vida bohemia. El estado japonés le pagó una beca para estudiar en Inglaterra, en lo que resultó una etapa desastrosa para él, al sentirse despreciado por la sociedad occidental. Sin embargo, aquella estancia le sirvió para leer y absorber la literatura occidental. Finalmente le rescataron de Inglaterra en medio de una gran depresión. Se dedicó a la enseñanza. Alcanzó un gran éxito con su novela Soy un gato. Más tarde escribió Botchan. En su vida fueron decisivos su úlcera de estómago y su desgraciado matrimonio, que fueron amargando su carácter. A esto se unió su alcoholismo. Murió sobre el manuscrito de su libro Luz y oscuridad, aunque la novela no da impresión de inacabada, ya que era un autor de finales abruptos.
Botchan es una novela “escrita a la inglesa”, en primera persona, lo que era un tabú en Japón. En definitiva, “no parece un texto japonés”. En cuanto a la traducción, el japonés “no es traducible” pero los textos de Sōseki sí son susceptibles de traducir. Redel recomienda un artículo de Aurelio Asiain en Letras Libres sobre la comparación entre diferentes traducciones de sus obras.
También Redel hizo referencia al magnífico prólogo del especialista en literatura oriental Andrés Ibáñez, y la cantidad de notas, oportunas y exhaustivas, que lleva el texto. Sobre las notas hay diferencia de opiniones, pero Redel las considera necesarias, ya que hay objetos, expresiones, comidas, que son intraducibles con una sola palabra. En el pequeño debate que mantuvimos mi opinión fue a favor de estas notas, basándome en la experiencia que tenemos en la literatura saharaui, donde por ejemplo hay decenas de nombres, intraducibles, para referirse al camello según su sexo, edad doma o uso.
Un libro en definitiva delicioso, para un Gabinete de despedida. Mucha suerte a Jesús Casals. Larga vida a Impedimenta.