Encore Trasatlántico, antología que celebra el rock de México y España se presenta el 29 de septiembre en Madrid


Fuente: Pedro Escobar, editor
La música es un arte que logra tender puentes entre personas que sin conocerse, pueden llegar a conectarse a partir de lo que dice, o los hace sentir una canción cantada en su mismo idioma.
Encore Trasatlántico es una colección de cuentos de ficción que exploran la capacidad emancipadora de la música y su capacidad de detonar todo tipo de historias fantásticas.
Esta antología con 21 cuentos inspirados en la vida y obra de algunas de las bandas más representativas de México y España se presentará por primera vez en Madrid, España el próximo viernes 29 de septiembre a las 7:30 pm en la librería independiente Molar, (C/Ruda, Madrid, España). 
Será en el barrio de La Latina, uno de los sitios representativos de "La Movida" española, donde Conchi Moya (autora), Marino Masazucra (ilustrador) y Pedro Escobar (autor y editor) presenten este proyecto surgido de la autogestión y la edición independiente.
En Encore Trasatlántico, un avión privado, procedente de México se impacta en las inmediaciones de un concierto de Vetusta Morla en la plaza de toros de Alicante, una canción de Radio Futura, escrita en los ochentas, profetiza los eventos de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa. En Madrid, Maldita Vecindad inspira a un grupo de Vallecas a componer sus sones rebeldes. El Columpio Asesino da un concierto que cimbra los cimientos de un viejo teatro justo antes de uno de los más violentos terremotos de los que se tiene memoria en la Ciudad de México y Hombres G vive una aventura subterránea al lado de un grupo pink mexicano en la "Zona Rosa" de la Ciudad de México. Esta clase de historias son la materia prima de un libro en las que el hilo conductor es el rock en español creado a ambos lados del Atlántico.
La antología reúne el trabajo de 21 escritores en torno a la vida y obra de bandas icónicas como: Maldita Vecindad, Vetusta Morla, Jaime López, Radio Futura, Santiago Auserón, Café Tacvba, El Columpio Asesino, La Habitación Roja, Tino Casal, Nacha Pop, Jaime López, Camarón de la Isla, Joaquín Sabina, Alaska y Dinarama, Hombres G, El Luto del Rey Cuervo, Botellita de Jeréz, Inspector, Fermín Muguruza y Nortec Collective.
Los autores españoles Conchi Moya, Juan Pablo Rovira, Eduardo Guillot y Pepo Márquez  se unen a plumas mexicanas como: Édgar Omar Avilés, Francisco Haghenbeck, Alberto Chimal, Isaí Moreno, Alejandro Mancilla, Pedro Escobar, José Luis Zárate, Carlos A. Ramírez, Alejandro González Castillo, Jacobo Vázquez, Juan Carlos Hidalgo, Pilar Ortega, Luis Membrillo, Karina Vargas, José Antonio Sánchez Cetina, Armando Vega-Gil,  Raquel Castro y Enrique Blanc, éste último, encargado del prólogo del libro
Imaginar es un acto de rebeldía y dos de sus expresiones más puras: la literatura y la música rock, son herramientas elementales para rebelarse a la realidad de tiempos violentos, lleno de fanatismo e intolerancia. Encore Trasatlán tico es un ejercicio lúdico de imaginación colectiva, pero también una muestra de que la música y el arte nos dan armas para reconocer nuestras similitudes y tolerar nuestras diferencias.
Sobre Resonancia Magazine
Resonancia Magazine es un medio electrónico independiente fundado en la Ciudad de México en 2009. Ha sido destacado con la beca Edmundo Valadés para la edición de revistas independientes del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Sus publicaciones anteriores: Encore: cuentos inspirados en el rock (2015) y Encore: cuentos inspirados en el rock mexicano (2016) también exploraron las posibilidades de la música como arte inspirador de historias.
Para más información visite 
Link a libro en versión PDF (para reseñas de prensa)  

Vuelve The The. Treinta años de enamoramiento musical


1989. Mi año de despegue musical. El año en que acabé el COU y me presenté a la selectividad. Un año de hincar codos, acompañada por cantidades ingentes de radio y buena música.
En 1989 se pudo disfrutar en España de conciertos variados. Nos visitaron Ramones, Suzanne Vega, Lou Reed, Paul McCartney, Ozzy Osbourne, The Sugarcubes, Transvision Vamp, Bon Jovi, y unos jóvenes escoceses que empezaban a despuntar con su “I dont’t want a lover”, la canción que llevó a Texas a alcanzar un éxito considerable. En aquellos días el Ministerio de Asuntos Sociales y el Instituto de la Juventud organizaban el “Festival Europa Joven” con George Michael, Grace Jones, Rubén Blades y Toreros Muertos
Y 1989 fue el año en el que acudí por primera vez a un concierto en directo, una revelación y un enamoramiento que no me han abandonado en todos estos años. Un 18 de julio disfrutábamos en Madrid de la actuación de The The, la banda de Matt Johnson, en la desaparecida Sala Jácara, muy conocida por haber albergado los conciertos de despedida de Nacha Pop el año anterior.
Mi referente musical de entonces era mi amiga de infancia, Pilar. Aunque “a las mujeres no nos gusta la música”, nos apoyábamos la una en la otra en nuestros hallazgos y experimentos musicales. Juntas descubrimos en 3º de BUP a The Smiths a través de James Dean, un actor que nos chiflaba. Aquello se convirtió en un hilo del que tirar y a través del que llegarían todas las músicas posibles. Empezamos a comprarnos a medias la discografía completa de la banda de Manchester, que entonces acababa de separarse, y a grabarnos los discos la una a la otra en aquellas cintas TDK que nos alegraban la vida.
Ávidas como estábamos de cualquier novedad sobre nuestro grupo preferido, Pilar y yo recibimos con entusiasmo la noticia de que Johnny Marr se había incorporado a otra banda inglesa, The The. Hay que hacer un paréntesis para recordar que, en aquellos tiempos muy pre-internet, nuestra información llegaba a cuenta gotas a través de la radio, algunos programas de la tele, los periódicos (curiosamente el ABC tenía unas muy buenas páginas culturales) y las revista musicales. Las noticias tardaban en conocerse y en encontrarse, las búsquedas se convertían en carreras de obstáculos y el boca a boca era nuestra red de conexión.
The The es, en definitiva, Matt Johnson. Siempre rodeado de músicos de gran calidad, unas veces en formato banda otras en solitario, es un intérprete minoritario, inquieto y diferente, un cantante muy personal y un excepcional letrista. El músico había reunido en aquel lejano 1989 una formación estable; además de nuestro Johnny Marr (a la guitarra y la armónica), se unieron el batería Dave Palmer, el bajista James Eller (músico de Nick Lowe y Julian Cope, al bajo) y David Collar a los teclados. El disco se llamaba Mind Bomb, y nos enganchó el primer single, The Beat(en) Generation, en el que aparecía toda la banda vestida con vaqueros y camisetas blancas, ropa sencilla para una canción pegadiza que sonó por todas partes, en la que Marr se lucía también con la armónica. Nos rendimos al instante. Compramos aquel disco, de un blanco mate impoluto, y con una música mucho más espesa que el mencionado y exitoso single. Aquel trabajo traía aires apocalípticos (y proféticos) sobre guerras entre religiones, medios tiempos y bellas canciones de amor marca de la casa. Un disco que, como afirmaba Johnson en el interior era para escuchar “MUY ALTO, MUY TARDE, MUY SOLO” y en el que aparece una potente colaboración de Sinead O’Connor, “de cuando pensábamos que era negra”, es decir anterior al bombazo de “Nothing compares 2 U”.
De camiseta vistió la banda en el concierto, esta vez negra. No tengo recuerdos nítidos de la noche en la Jácara, si acaso la máquina de humo, una banda que sonaba como un trueno, la armónica de Johnny Marr y su finura con la guitarra y un intenso Matt Johnson con dos micros, uno de ellos para distorsionar la voz. Allí estábamos dos muchachas de 17 años y un chaval de 14, que accedíamos por primera vez a la revelación que supone la música en directo. Un veneno intenso que nunca se escapa de quien se dejó atrapar por él.
Johnny Marr aún permaneció un disco más junto a Matt Johnson. Así, en 1993 aparecía en el bello e intenso “Dusk”, con canciones tan bonitas como “Love is stronger tan death”, o potentes como “Dogs of lust” o “The Violence Of Truth”. Para entonces entre mi hermano y yo nos íbamos haciendo con la discografía de Johnson, como los primeros discos de The The, “Burning Blue Soul”, “Soul mining” o “Infected”.
1995 fue el año en el que dejé de tan solo escuchar radio y me lancé de lleno a hacerla. Las canciones de Matt Johnson ocupaban un lugar de honor en mis programas en “Música y Punto”, el espacio que cerraba nuestra programación diaria en la Escuela de Radio del IMEFE. Cada día presentaba alguien distinto, los habituales éramos los más musicales del curso, en una forma “prehistórica” de compartir la música que nos gustaba, algo parecido a lo que hacemos ahora en las redes sociales. The The está asociado a muchos otros de mis recuerdos radiofónicos, como el curso que hice ese mismo año en Móstoles, compaginándolo con la Escuela de Radio, donde conocí a Chema Pascual, responsable en aquellos lejanos tiempos de Vaticano II, un programa muy chulo en Radio Vallekas, en la etapa en que la emisora todavía se encontraba en una casa de la zona del Metro de Nueva Numancia. Los alumnos debíamos llevar música y nuestro profe resultó ser un enamorado de The The, sorprendido de que yo pinchara sus discos. Fue uno de esos casos de total simpatía musical que he tenido la suerte de experimentar en muchas más ocasiones.
En ese año 1995 Johnson dio una nueva vuelta de tuerca a su carrera. Disolvió la banda y sacó un disco de versiones, “Hanky Panky”, dedicado al gran Hank Williams. Absolutamente maravilloso, con un alucinado Johnson en portada, es uno de los discos de mi vida y una exquisita rareza. Tuvimos que esperar al cambio de siglo para disfrutar de “NakedSelf”, un disco que para mí ha ganado con el paso del tiempo.
Estos dos últimos trabajos tienen portadas (así como Mind Bomb) muy alejadas del característico “art work” de los trabajos de The The, realizados por su hermano “Andy Dog” Johnson, fallecido en 2016 y autor de magníficas portadas de muchos LPs y singles de su hermano. Con un estilo inconfundible, cercano al neoexpresionismo, Andy nos dejó un ramillete de portadas protagonizadas por rostros dolientes y torturados, llevados a la mueca retorcida, donde predominan los colores fuertes y las pinceladas nerviosas. Un punto más a favor de The The.
2017. La prensa musical nos sorprende con la noticia de que Matt Johnson vuelve a la carga con una serie de conciertos, que comienzan en junio en Londres, como colofón a su larga carrera iniciada hacia 1979, en aquellos años del post punk. Y aquí andamos, pensando en las ganas locas que tenemos de volver a ver a The The.

Eres vieja


Guitarra de Viv Albertine

“Eres vieja para la música. ¿Adónde vas a retomar una carrera artística con tu edad? No hagas el ridículo. Ahora estás segura y protegida. Si ni siquiera tienes un trabajo de jornada completa. ¿Qué te van a dar fuera que no te dé yo? Eres una desagradecida”.
Las palabras de su marido resonaban en su cabeza una y otra vez. Eran gasolina para avivar su falta de confianza, el terror a hacer el ridículo y a que se rieran de ella. Le embargó una enorme tristeza cuando fue consciente de que su compañero no comprendía sus anhelos, tan sólo la veía como otro objeto de decoración, la joven descarriada a la que él había salvado y llevado por buen camino.
Había sido Coco KO treinta años atrás, la precoz bajista de las Automáticas. Deslenguadas, mordaces y kamikazes. Tampoco entonces había sido fácil. Un grupo formado por chicas. Las escupían, las insultaban, las mandaban a fregar. Los comentarios soeces eran lo más suave que recibían de aquellos tipos violentos que se negaban a tolerarlas. Las mujeres podían ser groupies o acompañantes; si acaso aspirar, si estaban “lo bastante buenas”, a que algún músico les dedicara una canción. ¿A qué venía aquel afán suyo de subirse a un escenario en aquellos antros de mala muerte, viajar en coches de mierda por ciudades y pueblos donde querían pegarlas, donde nadie entendía sus canciones y odiaban su aspecto? Entonces el deseo de tocar y la insensatez de la juventud derribaban cualquier muro. Fueron flores salvajes. Ahora ella olía a flores muertas. Fueron estrellas oscuras. Ella no había vuelto a brillar.
Su marido cometió el error de regalarle la biografía de Viv Albertine. “Toma, para que te distraigas un rato”, debió pensar. Sin duda no había leído de qué iba aquel libro que había escrito la guitarrista de la banda punk The Slits, aquellas chicas salvajes que habían hablado de tú a tú a los Sex Pistols, The Clash o Johnny Thunders. Un espejo en el que se habían mirado todas ellas en su juventud. Viv, de 62 años, lucía espléndida. Había retomado su carrera musical con cincuenta años, cinco más que los que tenía ella, sobreponiéndose a sus miedos, a la enfermedad y a un marido que consideraba aquella pretensión como el delirio de un ama de casa aburrida.
“Ropa Música Chicos” fue la chispa que encendió su llama. Aceptó la jornada completa que llevaban tiempo proponiéndole en su trabajo. Dejó a su marido. Volvió a asistir a conciertos. Retomó el bajo y empezó a ensayar con la guitarra. Se animó a escribir sobre los conciertos y eventos a los que asistía, y no lo hacía nada mal. Jamás volvería a ser Coco KO pero tampoco la mujer insegura y asustada en la que le convirtió su matrimonio.
Ni novios mi maridos ni padres ni hijos. No volvería a permitir que otros le dijeran cómo tenía que ser.

DAVID BOWIE is. Para quedarse a vivir en ella



¡Impresionante! Para quedarse a vivir dentro de ella... SIMPLEMENTE DAVID BOWIE (Kike Tenza)
La estancia en Barcelona de la exposición “DAVID BOWIE is” va llegando a su fin, aunque hay tiempo hasta el 25 de septiembre para visitarla. Nosotros lo hicimos a primeros de junio, como estupenda excusa para volver a la ciudad. Como afirma la cita del amigo Kike Tenza con la que empiezo la crónica, se trata de una exposición para ver más de una vez y que deja atrapado sin remedio al visitante. Una retrospectiva espectacular sobre Bowie, su figura, su música, su vestuario y su influencia en la cultura del siglo XX.
La forma en la que está montada la exposición es tremendamente sensitiva y envolvente. Como afirman desde la organización, “supone una experiencia audiovisual completa gracias al uso de la más avanzada tecnología multimedia”. Divida en diferentes espacios temáticos, aporta ingente material relacionado con el músico: fotos, collages, libros, posters, letras manuscritas, cuadros, ilustraciones, portadas de discos, diseños de escenarios, objetos personales. Cómo será de minuciosa la exposición, que se llega a exhibir una pequeña cucharilla de plata que Bowie usaba en una de sus épocas de mayor adicción a la cocaína, o el enorme llavero de la casa que compartía en Berlín con Iggy Pop. Gracias a los cascos que se recogen en la entrada, los visitantes nos sumergimos en el universo Bowie. La música va cambiando según nos movemos, disparando los estímulos que ofrece la exposición. Confieso que en algún momento tuve que parar y respirar hondo, felizmente embotada de información y sensaciones.
Y entre música, emoción e imágenes, estas son las historias que me llamaron más la atención de “DAVID BOWIE is” en el que el artista se muestra, en mil encarnaciones, personajes y formas, ante nosotros.
Comienza la exposición con el Bowie niño, vecino de Brixton, al sur de Londres, amante de la música desde muy joven. Así vemos un saxofón blanco que le regaló su padre y los libros y discos que le rodeaban en su casa. Estudió arte, música y diseño, facetas que enriquecerían su fascinante carrera. Hacia 1963 comienza su carrera musical, siguiendo los ritmos y estética beat que predominaba en la época. Pero aquello se quedaba muy corto para una mente tan inquieta como la de Bowie. Buscando un concepto que englobara música, vestuario y con cierto toque teatral, en 1969 consigue su primer gran éxito con “Space Oddity”, (Ground Control to Major Tom, Take your protein pills and put your helmet on). En una enorme pantalla vemos a un escuálido Bowie de pelo de punta color zanahoria, sin cejas y con zapatos de enorme plataforma, tocando una guitarra acústica, que también está en la exposición y con la que grabó alguna de sus canciones de la década de los 70. En 1972 se sumerge de lleno en el glam y podemos verle en la famosa actuación en el programa de la BBC Top of the Pops. Hace así aparición Ziggy Stardust, el personaje que Bowie encarna en el mítico “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”. Actuación con guitarra acústica, vestido con un futurista traje guateado de colores que también se puede ver en la exposición.
Porque una de las grandes bazas de “DAVID BOWIE is” es el vestuario. Como el psicodélico traje de brillante plástico negro y enormes perneras del Tour Aladdin Sane, diseñado por Yamamoto; el abrigo fabricado con una enorme Union Jack de Alexander McQueen; o el traje de chaqueta azul hielo diseñado por Burretti, que se puede contemplar completo (camisa, corbata ancha y botines con plataforma y tacón en blanco y negro) mientras se visualiza el vídeo de la maravillosa “Life On Mars?”, una de las imágenes más poderosas del rock, que en la exposición emociona hasta las lágrimas.
La Etapa de Berlín, para mí fascinante, tiene una importante presencia en la exposición. Bowie llegó a Alemania muy enganchado a las drogas, huyendo de la vida de dinero, lujo y desenfreno que había llevado en California. Se encontraba hastiado y falto de inspiración pero Berlín consiguió curar muchas cosas. Sus salidas y entradas con Iggy Pop le devolvieron la inspiración, también para escribir y pintar. El colorido y el exceso habituales en él mudaron a una elegancia depurada, un blanco y negro inspirado en el expresionismo alemán. De aquellos días nacieron joyas como “China girl”, años más tarde contó en televisión que fue fruto de una noche con La Iguana y un grupo de punks alemanes, o la monumental “Heroes”, la historia de amor de tintes épicos entre la que se interpone el Muro de Berlín, entonces aún en pie. “En Berlín me despojé de todo y me preocupé en reconstruirme, libre de las ataduras de la fama”, explicaría más tarde.
Bowie fue pionero también en usar la imagen como medio de expresión y promoción de sus canciones. Ya se servía de videoclips a inicios de los 70, en una época muy anterior al despegue ochentero que la MTV ofreció a este formato. A los maravillosos y precursores videos de “Space Oddity” o “Life On Mars?”, le sucedieron auténticas obras de arte como “Let’s dance” (mi canción preferida de David Bowie), rodado en Australia por el director David Mallet; o “Ashes to ashes”, para el que recuperó el personaje del Mayor Tom de “Spacy Odity”, un video de ingente presupuesto, dirigido por el propio Bowie y de nuevo David Mallet, que además contó con Steve Strange (líder de los neorrománticos Visage) y otros miembros de la galaxia que surgió alrededor del Blitz, mítico club del Soho londinense de los ochenta.
En “David Bowis is” sorprende la recreación de espacios. Es el caso de una sala de grabación, en la que escuchamos carraspeos y pruebas de sonido con diferentes instrumentos, mientras que las imágenes que aparecen en pantalla remiten a las salas de grabación que utilizó el artista.  Otro espacio interesante es la sala de cine donde se proyectan las películas en las que actuó, entre otras, “Dentro del laberinto”, “Feliz Navidad, Mr. Lawrence” o “Absolute Beginners”, en el papel de publicista que aparece bailando claqué sobre una gran máquina de escribir y escalando una montaña que conduce a unas cajas de cereales. Si en cine no consiguió ningún gran éxito, sí obtuvo excelentes críticas en el teatro, gracias a su actuación en “El hombre elefante” entre 1980 y 1981. Bowie se formó como actor en teatro con Lindsay Kemp.
La traca final la pone un enorme espacio lleno de pantallas de vídeo donde se pasan constantemente imágenes de Bowie en directo, en diferentes etapas de su vida. En cada pared hay unas vitrinas donde se recogen icónicos trajes del artista, entre los que destaco una casaca preciosamente bordada de Alexander McQueen, un traje de malla asimétrico o la ropa que vestían en Tin Machine, la banda que fundó en 1988.
Finalizada la exposición, ya sólo nos quedaba pasar por las enormes fotos de Bowie, perfectas para hacernos retratos al lado de nuestro ídolo y por la completa tienda de la muestra, donde adquirí un colgante, como no, del rayo de Bowie, referente de la cultura pop, ese “rayo que se comió al disco” Aladdin Sane. Curiosamente, a pesar de ser una de sus imágenes más icónicas David Bowie nunca actuó con la pintura del rayo en la cara.
DAVID BOWIE is se inauguró en el Victoria & Albert Museum de Londres en 2013. Ha viajado a varios países como Canadá, Francia, Alemania, Holanda, Australia o Brasil. Tras su paso por Tokio, recaló el pasado 25 de mayo en el Museu del Disseny de Barcelona.
Bello, visionario, extravagante, poderoso, artista, experimental, estrella de masas, cambiante, rebelde, inolvidable e inmortal. David Bowie.


“Sing Street”, los ochenta fueron nuestros


La película “Sing Street” me pasó desapercibida en su estreno, y eso que lo tenía todo para llamarme la atención, nada menos que una historia juvenil ambientada en los años ochenta y repleta de música. El cine de verano en Cibeles, este año centrado en películas independientes que se han proyectado durante el año en los cines de versión original, me ha permitido disfrutar de una película muy divertida.
Es “Sing Street” una historia de adolescentes un tanto frikis, feúchos, aislados y rechazados; unos perdedores que no se arredran ante las dificultades y la falta de oportunidades crónicas que les acechan; que cuando les golpean no ponen la otra mejilla sino que buscan un camino donde no les vuelvan a zurrar. En definitiva, una historia de resistencia. Porque el que resiste, aunque no siempre gana, al menos planta cara y se revuelve.
“Sing Street”, dirigida por John Carney, lleva la marca de la casa, ligereza y toneladas de buen humor para tratar temas profundos. Acoso, abuso, maltrato, ruptura, problemas psíquicos, paro, crisis económica, pasan sin sordidez, más bien con una cierta levedad, en una película deliciosa. Ambientada a mediados de los 80, en ese año 1985 en que a mis 14 años me preparaba para comenzar BUP. Los protagonistas, de la misma edad que yo tenía entonces, sobreviven en un horrible colegio religioso de la deprimente Dublín de los ochenta. Ya lo dijo Jimmy Rabbitte de los Comminments: “Los irlandeses son los negros de Europa; los dublineses son los negros de Irlanda; los de Dublín Norte son los negros de Dublín”, una perspectiva tan desmoralizadora como enormemente musical.
La película recuerda a otros musicales, es inevitable acordarse de la mencionada The Comminments; como curiosidad la madre es encarnada por Maria Doyle Kennedy, una de las protagonistas de aquella película. En la línea de otros trabajos de Carney, como “Begin Again” o “Once”, “Sing Street” se ocupa de la creración de una incipiente banda de rock a cargo de un adolescente que, enamorado de una joven que quiere ser modelo, decide grabar uno de aquellos videoclips que empezaban entonces a triunfar como nueva forma de expresión musical. Asistimos a los descacharrantes momentos en que Conor (Ferdia Walsh-Peelo), y un escuchimizado y pelirrojo manager con aparato dental (espléndido Ben Carolan) reclutan a los miembros de la banda. A ellos se unen el multi-instrumentista y lacónico amante de los conejos Eamon (Mark McKenna), el perfecto compañero de composición de Conor, en la línea Lennon-McCartney; Ngig (Percy Chamburuka), “el único negro de Dublín” a los teclados; y un bajo y batería reclutados desde el tablón de anuncios de la escuela.
Entre tema y tema, Conor, bautizado como “Cosmo” por la bella musa Raphina (Lucy Boynton), pasará por mil vicisitudes. Deberá enfrentarse a la desintegración de su familia, al malvado sacerdote jefe de estudios (Don Wycherley) y a Barry (Ian Kenny), el matón que le persigue y le zurra, y que también acabará encontrando su puesto en la banda, “si no puedes con tu enemigo, únele a tu gente”. Buscando su estilo, Conor y Eamon componen sus canciones “a la manera de las bandas de la época” como The Cure, Duran Duran o Spandau Ballet, adaptando su forma de vestir, e incluso maquillándose, lo que les genera no pocos problemas, que ellos superan con humor y mucho aguante.
El reparto está lleno de jóvenes desconocidos, que encarnan a los chicos de la banda con solvencia y frescura. Carney ha reclutado además a varios conocidos actores irlandeses como la mencionada Maria Doyle Kennedy, Aidan Gillen (Juego de Tronos) que encarna al padre, Jack Reynor (Transformers), en el papel del hermano mayor y mentor de Conor o Don Wycherley.
Fantásticamente ambientada, “Sing Street” transcurre en aquellos días de enormes jerséis de angora, vaqueros nevados, enormes gafas de montura metálica, hombreras, pelo cardado, VHS, primeros videoclips, tocadiscos y casetes, música grabada en cintas, eternas tardes de colegio, posters en las paredes y carpetas forradas con nuestros ídolos, habitaciones heladas, el dolor del amor no correspondido y el imparable poder de la amistad. Que no se os pase verla.
SING STREET - THE RIDDLE OF THE MODEL Music Video Clip

Botchan, el irreflexivo niño mimado de Natsume Sōseki, recuperado por Impedimenta


La participación en el Gabinete de Lectura de Jesús Casals en La Central me ha abierto las puertas a un montón de lecturas de calidad, a conocer nuevas editoriales y a ampliar y mejorar mis intereses lectores. Jesús, al que deseamos la mejor de las suertes, ha iniciado una nueva andadura profesional en la editorial Entre Ambos, por lo que ha dejado de coordinar nuestros gabinetes. Sirvan estas líneas para mostrar mi agradecimiento por el fantástico e implicado trabajo que ha desarrollado y que he tenido la suerte de disfrutar.
En la sesión que iniciaba el Gabinete de Primavera 2017 nos visitó Enrique Redel, editor de Impedimenta, para hablar de Botchan, de Natsume Sōseki. Precisamente en este año se han cumplido diez del nacimiento de una editorial que nos ha dado multitud de magníficos momentos literarios. Enrique nos contó cómo fueron aquellos primeros pasos. “Estaba sin un duro, todo el dinero lo había invertido en Impedimenta y estaba planificando el primer libro, La abadesa de Castro de Stendhal”. Sin embargo, nos confesó que el primer libro que realmente eligió para editar fue Botchan. Redel considera a Sōseki un escritor fundamental para él, ya que “la lectura de su libro Kokoro me cambió la vida” Investigando sobre el autor cayó en sus manos la traducción al inglés de Botchan, libro que no conocía. “Me recuerdo leyéndolo y partiéndome de risa”.
En Impedimenta aspirar a ser “vendedores de long sellers” y Botchan sin duda lo es. Se trata de un libro de juventud, considerado un clásico para muchos lectores japoneses. La edición de Impedimenta ganó el premio Llibreter, el que otorgan los libreros, lo que “Nos dio a conocer a mucha gente”, explica Enrique, que lo sigue recomendando diez años después de haberlo editado y de una tirada de quince ediciones.
Muchos han visto en ese Botchan (que significa algo así como niño mimado), a la vez inocente, cínico y descreído, irreflexivo, impulsivo e inmaduro, un alter ego de su autor. La presencia de Enrique Redel nos sirvió para conocer más sobre Sōseki, de quién yo apenas sabía nada. Nació en 1868, un año antes de la instauración de este periodo, considerado como el de la modernización de Japón. Supuso un momento de apertura para un país que había estado completamente cerrado al exterior. La apertura a Occidente fue el paradigma de la época Meiji. La cincuentena de Sōseki coincidió con la muerte del emperador Meiji, que causó una enorme conmoción social. El fin de esa época le llevó a escribir Kokoro. Sōseki nació en una familia de samurais, considerada en Japón una clase noble, era el último hijo y fue criado por sus tíos. Eso le marcó, y sus gustos no tenían nada que ver con lo que se esperaba de él. Tenía inclinación por la lectura, la poesía y la vida bohemia. El estado japonés le pagó una beca para estudiar en Inglaterra, en lo que resultó una etapa desastrosa para él, al sentirse despreciado por la sociedad occidental. Sin embargo, aquella estancia le sirvió para leer y absorber la literatura occidental. Finalmente le rescataron de Inglaterra en medio de una gran depresión. Se dedicó a la enseñanza. Alcanzó un gran éxito con su novela Soy un gato. Más tarde escribió Botchan. En su vida fueron decisivos su úlcera de estómago y su desgraciado matrimonio, que fueron amargando su carácter. A esto se unió su alcoholismo. Murió sobre el manuscrito de su libro Luz y oscuridad, aunque la novela no da impresión de inacabada, ya que era un autor de finales abruptos.
Botchan es una novela “escrita a la inglesa”, en primera persona, lo que era un tabú en Japón. En definitiva, “no parece un texto japonés”. En cuanto a la traducción, el japonés “no es traducible” pero los textos de Sōseki sí son susceptibles de traducir. Redel recomienda un artículo de Aurelio Asiain en Letras Libres sobre la comparación entre diferentes traducciones de sus obras.
También Redel hizo referencia al magnífico prólogo del especialista en literatura oriental Andrés Ibáñez, y la cantidad de notas, oportunas y exhaustivas, que lleva el texto. Sobre las notas hay diferencia de opiniones, pero Redel las considera necesarias, ya que hay objetos, expresiones, comidas, que son intraducibles con una sola palabra. En el pequeño debate que mantuvimos mi opinión fue a favor de estas notas, basándome en la experiencia que tenemos en la literatura saharaui, donde por ejemplo hay decenas de nombres, intraducibles, para referirse al camello según su sexo, edad doma o uso.
Un libro en definitiva delicioso, para un Gabinete de despedida. Mucha suerte a Jesús Casals. Larga vida a Impedimenta.

Cerramos un año de blog. Volvemos en septiembre #Hzlqdbs



Desde que abrimos una nueva etapa en Haz lo que Debas en octubre de 2013, el blog ha ido creciendo y tomando poco a poco su forma. Este año hemos estrenado además nueva imagen, diseñada por el amigo Marino Masazucra, ilustrador de la portada de Sin Pedir Permiso, y con retrato de servidora realizado por Jesús Romero.
Finalizado el descanso vacacional, reabríamos el blog el pasado 1 de septiembre de 2016 con una reseña de la fascinante novela de Dana Spiotta “Inocentes y otras”, editada por Turner y que se ha convertido en una de las entradas de #Hzlqdbs con más visitas. El libro sin duda lo merece. Hemos disfrutado de un montón maravilloso de lecturas que he querido compartir en diferentes reseñas. Muchas de ellas recomendación del Gabinete de Lectura de La Central. Aunque este año lo hemos terminado con la mala noticia (aunque sea muy positiva para él) de que nuestro querido Jesús Casals haya dejado el Gabinete al trasladarse de ciudad. Este año he reseñado varios libros de los que hemos leído en el grupo. La lista de títulos es magnífica: “Tea Rooms. Mujeres obreras” de Luisa Carnés, “Manual de exilio” de Velibor Čolic, “Del color de la leche” de Nell Leyshon, “La bendición de la tierra” de Knut Hamsun, “Cómo dejar de escribir” de Esther García Llovet, “El balcón en invierno”, de Luis Landero, “La importancia de no entenderlo todo” de Grace Paley, “Musa décima” de José Mª Merino y en especial la sensacional colección de relatos de “Manual para mujeres de la limpieza” de Lucia Berlin, un libro imprescindible. Echaremos mucho de menos al gran Jesús Casals, que nos ha ofrecido unos años de maravillosas lecturas, implicación, calidez, amistad y que ha realizado con nosotros un gran trabajo. Desde aquí millones de cariños, Jesús, he aprendido muchísimo de ti y ojalá se me haya pegado algo.
En mis búsquedas he encontrado otros libros que también me he animado a reseñar, como “Dulceagrio” de Stephanie Danler, una irresistible historia de cocina, mentoría y desilusión ambientada en Nueva York y editada por Malpaso, con una portada que me ha gustado especialmente. Y es que este curso ha estado dominado por literatura femenina de enorme potencia y calidad. Es el caso de “Vernon Subutex1” de Virginie Despentes, primera parte de una trilogía. Nos ha gustado tanto, tanto, que estamos deseando continuarla. Contaremos. Y sobre todo mi gran sorpresa de este año ha sido “Ropa Música Chicos” de Viv Albertine, la que fuera guitarra del grupo punk femenino The Slits, un ejemplo de deliciosas memorias rock y de literatura de empoderamiento de la mujer. Maravillosa Viv a la que tuvimos el honor de conocer y saludar en Barcelona (aún no me lo creo).
Otros libros reseñados este año han sido la colección de relatos de ausencias y abandonos que nos ofrece Jesús Barrio en “Lo que no está”; el magnífico “Estabulario”, un plato desagradable y adictivo servido por Sergi Puertas, tecnología y misantropía para “consumidores insatisfechos del mundo”, en lo que ha sido sin duda una interesante apuesta de la editorial Impedimenta. Hemos disfrutado también de la lectura de “La edad media” de Leonardo Cano, que recoge las ilusiones incumplidas de una generación; “La gran ola” de Daniel Ruiz García, una magnífica novela sobre el tongo del coaching para maquillar la crisis o “Pantanosa” del desaparecido escritor murciano Francisco Miranda Terrer. Un apartado entero le dedicamos a otro escritor murciano, Miguel Hernández Navarro, preferidísimo en esta casa; sus diarios literarios “Presente continuo” y “Diario de Ithaca” nos han proporcionado innumerables horas de felicidad lectora.
En nuestro apoyo a la literatura saharaui, este año hemos participado en varias iniciativas relacionadas con literatura africana. Con nuestra lectura y comentario de “Tiris, rutas literarias”, el libro del escritor e investigador saharaui Bahia Awah participamos en las #100lecturasafricanas Muy agradecidos por la invitación de LitERaFRicAs, el magnífico blog de Sonia Fernández Quincoces, gracias al que disfrutamos de más de 100 lecturas de autores africanos, entre otros, la de “Ritos de jaima”, de nuestro querido Limam Boicha. El día de mi cumpleaños, 1 de octubre, tuve el gusto de pasarlo en #SaberEsPoder Feria del libro, los medios y la cultura africana en España, invitados por Antumi Toasijé, Bahia Awah participó en la mesa redonda “Novísima Literatura africana en español”, muestra del sitio que la literatura saharaui en español se está haciendo junto a las literaturas de otros países de África. Y entre las lecturas africanas hemos disfrutado con la lectura de una gran novela, “El metro”, del escritor ecuatoguineano Donato Ndongo, además de asistir a la sesión del club de lectura de Mamah África dedicado a esta novela. También tuve la suerte de acompañar a los escritores saharauis Zahra Hasnaui y Bahia Awah en la conferencia y posterior recital en apoyo a los refugiados “Todos nacimos en el Mediterráneo”, dentro de las actividades de Getafe negro.
Como no puede ser menos en un blog tan melómano como es #Hzlqdbs este curso ha estado repleto de música y conciertos. Hemos disfrutado de la música hipnótica de The Brian Jonestown Massacre, vibrado con la potencia de Guadalupe Plata y divertido con Cabezafuego, todo un showman en directo. Las Fiestas castizas de San Isidro nos dieron la oportunidad de disfrutar de la maravillosa Soleá Morente, que ofreció un concierto realmente bonito. Y por segunda vez pudimos ver a los murcianos Los Marañones, en esta ocasión en Madrid, con sus preciosas canciones que hacen volar. Y aunque lo nuestro es el universo rock, también disfrutamos de una pura delicia de concierto de música de raíz del Sureste español, con músicos de Murcia y Albacete, agrupados bajo el nombre de Estamos de Huerta. En música no podemos olvidar a David Bowie, a quién despedíamos este 2017 desde el blog. Tenemos pendientes una reseña sobre la monumental exposición dedicada al artista, “Davi Bowie Is”, que pudimos ver en Barcelona. Como adelanto, NO se os ocurra perderla.
El curso 2016-17 nos ha ofrecido la posibilidad de asistir a presentaciones, exposiciones y eventos de lo más interesantes. Pudimos escuchar a Irvine Welsh, el autor de “Trainspotting” en la pasada Noche de los Libros en Madrid; el gran autor (en todos los aspectos) nos firmó la primera parte de su trilogía, un honor. En enero asistimos a la presentación de un obrón, “Punk, pero ¿qué punk? (Guía incompleta del punk nacional)” de Tomás González Lezana, un “Máster” musical en el que el autor junto con Monje de Larsen y Demi de La Stasi, resumieron cuarenta años de punk nacional; ahí es nada. O la presentación en Madrid de “La levedad” de Catherine Meurisse, novela gráfica de una ilustradora de la revista Charlie Hebdo, editada por Impedimenta y que ha sido uno de los éxitos de la temporada. Muy interesante también la exposición en el Museo del Traje de Madrid dedicada al arte (música, vestuario, pintura, objetos de decoración) del siempre genial y excesivo Tino Casal. Acudimos también a la presentación de la Editorial El cañón de Garibaldi, la carpeta “Trío en Super 8” con grabados de Alberto Pina y texto de Andrés Barba.
Después de mucho tiempo detrás de asistir al Primera Persona lo logramos este año. Allí los escritores Carlos Zanón (muy preferido en esta casa) y Juan Pablo Villalobos reflexionaron sobre la memoria personal como fuente de inspiración en la literatura. Pero el gran puntazo fue sin duda el gran Jon Savage, el historiador del punk, autor de esa biblia que es el “England’s Dreaming” y de un libro, “Teenage”, sobre la historia de la “cultura juvenil”, un gusto escucharle. También pudimos disfrutar de un bello acústico de Joe Pernice, autor de “Esta canción me recuerda a mí”, que tengo previsto que sea una de mis lecturas de este verano. En esa línea participamos el pasado septiembre en el “Bookstock”, tres días llenos de literatura, rock e independientes en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS). Sin olvidar un evento al que acudimos movidos por nuestra querencia por los artistas gráficos e ilustradores, así participamos con enormes ganas en C.A.L.L.E. Lavapiés, disfrutadísimo.
Y siempre presente el Sahara en #Hzlqdbs Hemos tenido la oportunidad de asistir a las presentaciones de interesantes trabajos relacionados con el Sahara como el libro de memorias “Los veintidós años del coronel Bens en el Sahara”, prologado por nuestro querido Pablo Dalmases; o dos trabajos dedicados a la escritora china Sanmao, gracias a la que todos los chinos conocen el Sahara Occidental. Así, asistimos a la proyección del documental “Sanmao, la vida es el viaje”, de Mª Jesús Alvarado y a la presentación de su libro “Diarios del Sahara”, editado por primera vez en español por Rata Editorial. También disfrutamos de una interesante entrevista con la histórica militante saharaui Nuena Edjil, protagonista de la histórica foto de Christine Spengler tomada en 1977 en los campamentos de refugiados saharauis: “La resistencia es la llave de la esperanza”, es uno de los titulares que nos dejó, gracias a la mediación del intelectual saharaui Bachir Lehdad, gran amigo, quien nos grabó la entrevista en la jaima de Nuena. En apoyo a los presos políticos saharauis y para que la llama del campamento de #GdeimIzik no se apague, reanudamos la campaña de venta de “La primavera saharaui”, un libro cuyas ventas han ayudado a que las familias de los presos políticos del campamento de la dignidad puedan asistir al juicio farsa celebrado en Salé, Marruecos. Federico Guzmán, con varias obras suyas presentes en una exposición del Ayuntamiento de Madrid plasmaba el “tiempo de desamparo” del pueblo saharaui. También hemos apoyado el libro sobre la inolvidable cantante saharaui Mariem Hassan escrito por sus productores en Nubenegra durante casi veinte años, Zazie Schubert-Wurr y Manuel Domínguez, “Mariem Hassan. La voz indómita (del Sahara Occidental) es un testimonio imprescindible.
También hemos disfrutado, y lo hemos contado, de estupendos documentales, siempre con el leivmotiv musical que tanto nos tira. Hemos reseñado documentales tan vibrantes como “Omega”, que conmemora los veinte años del mítico disco de Enrique Morente y Lagartija Nick; el Centro Social Reokupado y Autogestionado La Quimera de Lavapiés acogía una proyección de “Lo que hicimos fue secreto”, un documental que narra la Historia con mayúsculas del punk en Madrid. Dentro del Festival In-Edit pudimos estar presentes en la proyección de “Rude boy”, un rockumentary sobre The Clash, rodado en 1980. Y disfrutamos de lo lindo con “Eight days a week”, revisitación del fenómeno Beatles a través de sus conciertos.
En cuanto a cine, reseñamos la muy esperada “T2: Trainspotting”, secuela de la mítica película basada en el exitoso libro de Irvine Welsh, “Animales nocturnos”, de Tom Ford, una gran película basada en la novela “Tres Noches” de Austin Wright, que nos gustó mucho. Este año trajimos al blog dos grandes películas españolas “Que Dios nos perdone” y “Tarde para la ira” de Raúl Arévalo. Este cine español sí, por supuesto.
Para finalizar también hemos tenido presencia en la radio. Tuvimos ocasión de participar en la Feria del disco y del libro de Radio Vallekas, gracias a la invitación de Valeria Surcis, y nos encontramos en nuestra salsa, rodeados de fanzines, ilustradores y música. Además de participar en el programa De uno en uno de Onda Madrid, donde le contamos a Isabel García Regadera que lo nuestro es el Hazlo tú mismo y sin pedir permiso. Entre otras cosas hablamos de nuestro disco, Cierre x impago, que también ha tenido su espacio en este intenso año de #Hzlqdbs

“Lo que hicimos fue secreto” de David Álvarez. Historia con mayúsculas del punk en Madrid


Llevábamos mucho tiempo detrás de verlo, desgraciadamente no pudimos asistir a la proyección en el Festival In-Edit el pasado año 2016, donde se llevaría el Premio al Mejor Documental Nacional. Pero todo llega y por fin pudimos disfrutar del documental “Lo que hicimos fue secreto”, un extenso trabajo sobre el punk madrileño. Fue en el marco de la 14ª Muestra De Cine de Lavapiés, en el Centro Social Reokupado y Autogestionado La Quimera, donde compartió espacio con otro documental, “La lucha en el camino” de Jesús Martín, sobre activistas punk mexicanos instructores de MMA (Artes Marciales Mixtas), cuya visión también recomendamos. 
“Lo que hicimos fue secreto” es un proyecto hecho en cooperativa por Eleventh Floor, tras un arduo proceso de trabajo. Tardó en rodarse seis años y maneja una cantidad enorme de información; para hacernos una idea, se llegaron a hacer unas setenta entrevistas, además de contar con un ingente material gráfico, fotografías, recortes de prensa y videos. El documental forma parte de un trabajo académico, gracias al cual se ha llevado el punk y el movimiento okupa a la universidad, ya que forma parte de la tesis doctoral de David Álvarez en la Universidad Complutense de Madrid.
Uno de los puntos fuertes del documental son las entrevistas con muchos de los protagonistas de aquellos días de furia y aprendizaje. Así, por “Lo que hicimos fue secreto” desfilan entre otros Pollo de Larsen y Commando 9mm, Manolo UVI, José Calvo de Delincuencia Sonora, J. Siemmens y Maguu Pilarte de Espasmódicos y TDeK, Ixma de La broma de Ssatán, Kurdo de Tarzán y su Puta Madre Buscan Piso en Alcobendas y Olor a Sobako o Canino y José Lozano de Sin Dios. Todos ellos comparten espacio con integrantes del “protopunk” español, como Ramoncín, Fernando Márquez, Ana Curra o Nacho Canut (blandiendo el látigo contra todo y contra todos, lo que provocó risas y comentarios durante la proyección). También dejan acertadas opiniones y vivencias otros protagonistas en aquella escena como Alberto Eiriz, del mítico fanzine Penetración; Indio de la sala Gruta 77 y cantante de “Tarzán” o Fernando de Potencial Hardcore, tienda y discográfica punk independiente. En mi opinión merecen un lugar destacado las incendiarias intervenciones de Manolo Suicidio, quien tuviera un puesto de música en el Rastro, punto neurálgico del punk en Madrid a mediados de los 80, donde llegaban  todas las novedades musicales que iban a buscar a Londres, y luego se copiaban y vendían en cinta cassette.
“El Rastro era nuestro punto de comunicación, nuestra zona wifi”, afirma José Calvo de Delincuencia Sonora en un momento del documental. El Rastro fue efectivamente lugar de encuentro, emergencia y efervescencia de gran parte del punk madrileño. Allí se juntaron a finales de los años setenta Alaska, Carlos Berlanga, Fernando Márquez, los Canut, Enrique Sierra y todo ese universo que gravitaba en torno a la mítica Bobia y que daría lugar a la Movida. Aquel punk de diseño estaba liderado en gran medida por hijos de la alta burguesía, que se hicieron punks entusiasmados por la corriente que llegaba de Inglaterra, y que podían permitirse viajar a Londres a comprar ropa y música. Contrapuesto al punk hecho por chicos del extrarradio, aquellos que deseaban hacer su propia música para escapar de la mugre de un país que estaba saliendo de cuarenta años de dictadura. No es lo mismo la actitud de unos chicos bien que han salido raritos y les da por la música, que la de chavales de extracción humilde para quienes tocar y el “hazlo tú mismo” fueron la única forma de intentar sacar la cabeza.
Así, el documental se divide en dos etapas. En primer lugar asistimos a los inicios del punk en Madrid, que de alguna manera entró “como una moda, una cuestión más estética, con cierta connotación política; había detrás un cierto poso de pseudo-situacionismo y anarquismo pero no realmente articulado”, afirmó David durante el debate posterior a la proyección. En la España del 78 la prensa, bastante en la parra, tachaba de punk a Ramoncín. El que fuera “rey del pollo frito” reconoce que, en todo caso, punk eran su actitud y estética (aquel famoso rombo pintado en uno de sus ojos), pero en absoluto lo era su música. En relación a aquellos inicios, bandas como Pegamoides, que “tenían a dos mujeres como líderes, Ana Curra y Alaska, e integrantes homosexuales” fueron, según David, interesantes desde la perspectiva de género, por su puesta en valor de estos dos colectivos, más allá de la música. El documental retrata a la perfección aquel primer punk del Madrid ochentero de la Edad de Oro, del alcalde Tierno Galván (“a colocarse y al loro”) y del Rock Ola, (local donde todo el mundo afirmaba haber estado y al que Larsen arrearon cera en una canción, “Noche de destrucción en Rock-Ola”). Me traslada a mi primera adolescencia, aquella época de teléfonos de disco y cartas, cuando había dos canales en la tele y nosotros sólo podíamos bajar a Madrid desde Alcorcón acompañados por adultos. Un Madrid maravilloso, provinciano y atrasado, con El Cojo Manteca rompiendo farolas en Banco de España, Antonio Vega y Nacha Pop cantando “Relojes en la oscuridad” en la Bola de Cristal, los soportales de la inacabada Almudena apestando a orines y habitados por yonquis y el metro como una apasionante nave especial.
La segunda parte del documental tiene una connotación más política, como lo tuvieron las bandas que fueron surgiendo. La llamada transición a la democracia no se veía ya tan “ideal”. Alarmantes cifras de paro, leyes represoras y un PSOE que había mostrado su verdadera cara pusieron a muchos sobre aviso, aquello no era lo que les habían vendido. El desencanto politiza más activamente al movimiento punk español, en consonancia con lo que sucedía en otros países como los del norte de Europa o Italia. “Empezó a conocerse y a tener en cuenta lo que estaba sucediendo fuera y de alguna forma se quiso traer aquí. De ahí surgió la historia de la Calle Amparo y las primeras okupaciones madrileñas y entonces se desarrollará esta otra escena políticamente articulada que ya tiene un mensaje concreto y unas formas de hacer más políticas y allí están por ejemplo el grupo Sin Dios, que es además un vehículo de propaganda política”, explicaba David. Minuesa, una antigua imprenta situada en la Ronda de Toledo, sería okupada en el verano de 1988, y durante varios años funcionó como Centro Social donde se realizaron todo tipo de actividades culturales y políticas. Su desalojo, en 1994, fue uno de los más violentos en la historia de la okupación estatal.
Durante el coloquio que tuvo lugar tras la proyección, David aclaró que llegó un momento en que decidieron abrir el documental “a la comunidad a través de un crowdfunding, en el que no solamente buscamos financiación sino también establecer contactos con la gente que tuviera cintas de vídeo, fotografías, maquetas y cualquier material que pudiéramos utilizar”. Así llegaron a contactar con mucha gente interesante, como Juan Luis, administrador de la web “La okupación como analizador”, sobre los primeros años de historia del Movimiento de Okupación en la Comunidad de Madrid, “con una base de datos impresionante”, concluyó el director.
El debate finalizaba con la descorazonadora pregunta de qué queda de aquella escena y que no acaba de tener una respuesta clara, pero yo me quedo con las palabras de Pollo al final del documental. El guitarrista de los míticos Larsen afirma, en una mirada atrás sin ira, no arrepentirse de nada de lo que ha hecho en la música, que le ha proporcionado una vida interesante y enormes satisfacciones. No hay más que hablar.

Momento del debate en La Quimera. Foto: Miguel Destruye

“Ropa Música Chicos” de Viv Albertine. Un ejemplo de deliciosas memorias rock


Contado en primera persona, con tan buena mano narrativa que en ocasiones parece que se está leyendo una novela, “Ropa Música Chicos” supone un ejemplo sobre cómo escribir un libro de memorias rock. Su autora es Viv Albertine, quien fuera guitarrista de The Slits, banda femenina de punk, que habló de tú a tú con los Sex Pistols, The Clash o Johnny Thunders. Al igual que hoy se reivindica a centenares de artistas, escritoras, cineastas, pensadoras o pintoras que en su día fueron silenciadas por ser mujeres, pienso en el caso de Las Sinsombrero en España o las mujeres de la Generación Beat, Viv Albertine consigue con este libro reivindicar a las mujeres punk, ocultadas por el machista mundo del rock.
Viv Albertine no intenta con su libro complacer a nadie ni tampoco dar lecciones. Es “Ropa Música Chicos” un libro que rezume honestidad, delicioso, feminista, de reivindicación de la mujer, contado desde una historia personal, irónico sin ser cruel, nunca autocomplaciente, divertidísimo a pesar de narrar momentos muy duros, y una magnífica crónica de lo que fueron los años del punk inglés desde sus inicios, contado en la primera parte de estas memorias, que la autora denomina la Cara A de su vida.
Viv Albertine es una narradora divertida, tierna, de una candorosa sinceridad, chispeante, lo que cuenta, muy jugoso en varias ocasiones, jamás resulta sórdido o patético. Por las 528 páginas de esta crónica de vida y de una época, pasan todas las luminarias del punk inglés y estadounidense. Mick Jones de The Clash, novio de Viv en aquella época, tiene un papel destacado y lleno de cariño, porque Mick es la única persona además de su hija a quien la autora preocupa que estas memorias le puedan dañar. Además de él, desfilan entre otros Joe Strummer y Paul Simonon de los Clash; los Sex Pistols, en especial Sid Vicious, con quien mantuvo una estrecha amistad, a pesar de que él la expulsara de su banda The Flowers of Romance; Malcolm McLaren y Vivienne Westwood, propietarios de la mítica tienda de ropa y complementos SEX, donde se vestían nuestros héroes, o no tanto porque aquella ropa costaba una pasta; o el gran Johnny Thunders, con quien Viv tuvo sus más y sus manos, limitados por la adicción del músico neoyorkino, “Johnny Thunders no puede amar. Tiene el corazón lleno de heroína”.
La Cara A de “Ropa Música Chicos” recorre aquellos vertiginosos años, de los que Viv no quiso ser mera espectadora o musa como “le correspondería por su condición de mujer”. Viv quiso ser protagonista, decir y hacer, y así, tras pasar por la escuela de arte, vivir en casas okupadas y conocer a gente con sus mismas inquietudes, formó parte de las míticas The Slits, la banda de Ari Up, Tessa Polit, la malagueña Palmolive y la propia Viv Albertine a la guitarra. Querían hacer una banda de chicas para conseguir “que los chicos quieran ser nosotras”. Y no era fácil, los hombres no se sienten cómodos acompañando a una mujer que está en una banda de rock, “muy pocos se sienten cómodos en un rol de apoyo”. Sufrieron por su ambición musical, las pegaron, las escupieron, las ningunearon, pero ellas estaban decididas. Fueron aprendiendo a ser músicas sobre la marcha.
Aunque haya trascendido la impresión de que a aquellas bandas les daba igual cómo sonaban, Viv refleja claramente en el libro su interés por aprender, por encontrar un sonido propio, por hacer las cosas lo mejor posible. Así, las letras de The Slits estaban muy meditadas, “Escribe sobre lo que conoces y haz que la gente piense”; fueron escrupulosas con su producción e imagen; apostaron por una música que sirviera para algo, que tuviera una finalidad, “La música de rodeó mi infancia y adolescencia era revolucionaria y puesto que crecí escuchando una música que intentaba cambiar el mundo eso es lo que sigo esperando de ella”. En su crónica de aquellos años Viv nos deja muchas pistas sobre su técnica con la guitarra, aprendida sobre la marcha con enorme esfuerzo y de manera autodidacta, e interesantes anécdotas sobre la grabación de sus discos, conciertos, giras y promoción.
Y entonces las Slits se separan. Viv, con sólo 27 años, se queda sin aquello con lo que tanto había soñado y por lo que tanto había peleado, toda aquella maravillosa gente se esfuma. “Todo se ha torcido, nada sale como había planeado”. El fin de las Slits rompe la vida de Viv, “Siento como si una parte importante de mí hubiera muerto, como si hubieran desaparecido dos tercios de mi ser (...) No tengo adónde ir, no tengo nada que hacer. Estoy acabada y tengo el corazón roto. (...) No soporto escuchar música, me recuerda a aquello que he perdido”.
Toda la Cara A de la vida de Viv se sucedió de manera vertiginosa, así comienza la Cara B pensando que debe esperar a que le sucedan las cosas. Pero ella no es de ese tipo de personas, ella debe provocar que las cosas sucedan. Tras un tiempo deprimida y perdida, Viv se interesa por el cine. Tras haberse metido en la música sin tener formación, cuando decide dedicarse al cine se promete que no emprenderá ninguna disciplina “sin haber estudiado el tema a fondo”. Se suceden unos años de éxito profesional y de ganar dinero, aunque eso tampoco acaba de llenarle, Viv no busca en el arte “fama y fortuna” sino “expresión personal”. Cuando ha logrado una cierta posición y ser una mujer independiente, el amor vendrá a joderle la vida, aunque ella entonces no lo sepa.
Comienza una etapa negra y familiar. Ella, como tantos de sus compañeros, venía de un entorno desestructurado, “Nosotros somos los hijos de la primera oleada de padres divorciados de la década de 1950”. Fueron adolescentes que vieron y sufrieron desmoronarse el sueño del hogar familiar, “Bajo la consigna de paz y amor de los 60 lo único que descubrimos es que había guerras por todos lados y que el amor y el romance son un timo”. Su deseo de formar la familia perfecta que nunca tuvo, de ser esposa y madre, le costará muy caro: ostracismo, depresión, anulación de su inquietud por el arte y la música. Un desastre. “No estoy loca. No estoy equivocada. Lo único que sucede es que no estoy en el entorno correcto”. Vivir alejada del mundo la vuelve “estrecha de miras” y llena de prejuicios. Pero sobre todo la hace tremendamente infeliz, “Puedes engañar una parte de tu ser durante un rato pero no puedes mantener a todo tu ser engañado durante mucho tiempo”.
Nuestra protagonista vive en su matrimonio la anulación, esa idea de que la mujer sólo puede ser madre y ser considerada y comportarse como tal, “Tú ya has tenido tu propia vida, ahora es el turno de nuestra hija”, le llegar a decir su marido. Su marido se fijó en ella atraído por la mujer artista pero al mismo tiempo tiene miedo de esa mujer que no podría domesticar y trata durante su matrimonio de anularla. “Yo no me considero nada en absoluto”, afirma Viv. Ni su padre ni su marido valoraron positivamente su etapa en las Slits. Esa minusvaloración acaba haciendo mella en ella. Es un error que las mujeres andemos buscando la aprobación masculina.
La fuerza vital (y artística) de Viv Albertine, reprimida durante su matrimonio, se libera de una manera inesperada. La irrupción en su vida del actor, director y músico Vicent Gallo, un tipo “evasivo”, será un revulsivo que en realidad enseñará a Viv que la solución nunca está en un hombre, sino en ella misma. Vincent,” supone la locura, el impulso que puede acabar con esa vida segura y perfecta que Viv ha intentado construir al fundar su propia familia. Los dos inician una relación telefónica y por internet, una “llamada a la acción” que supondrá “volver a abrir una puerta secreta que comunica con un mundo” que había abandonado para convertirse en una esposa y madre perfectas. “Me he anulado a mí misma. Controlo todo lo que digo y hago” por el bien de una paz familiar y una estabilidad para su hija, que ella nunca tuvo. Viv se siente “emocionalmente infiel”, debido a su relación telefónica con Vicent Gallo, “Es lo que Vincent me hace sentir por mí lo que me tiene obnubilada y no lo que siento por él”. Una relación que la lleva a sentirse “aterrada, avergonzada y sobreexcitada”, pero que ayuda a Viv a “regar y alimentar mi propio yo para que vuelva a crecer”.
Su viaje a Nueva York para reencontrarse con sus compañeras de The Slits y con Vincent Gallo, con quien mantiene una especie de romance telefónico, hace que abandone su rol de esposa y madre a tiempo completo. En unas horas se siente “más viva” que en años. Vincent es “un hombre que camina solo” y Viv se da cuenta de que “no va a ayudarme en mi recuperación”. Pero al mismo tiempo surge la revelación, no debe apoyarse en ningún hombre. “Los hombres son espejos que sólo pueden devolverme el reflejo de mi ansiedad, mi confusión y mi inseguridad. Tengo que reconstruirme yo sola”. Por fin.
Viv encara de nuevo sola su vuelta al arte y a la música con cincuenta años y con una fórmula “compatible con nuestra edad adulta”. Y no le sale nada mal la apuesta. Graba un disco” The Vermillion Border”, muy bien recibido por la crítica, participa en una película y Penguin publica su autobiografía, este inspirador “Ropa Música Chicos”, seleccionado como uno de los libros de 2014 por The Sunday Times, The Guardian, LA Times, Mojo, NME y Rough Trade. Nada menos.
Agradezco como mujer (loca por la música y la literatura) este libro, adictivo y maravilloso, magníficamente escrito, que se lee en un suspiro y que nos hace amar apasionadamente a una mujer talentosa, amable y accesible, como podemos confirmar tras verla y charlar con ella en la presentación del libro en La Central de Barcelona. Sin filtros de prensa, managers o editorial, Viv firmó el libro a los que allí estábamos, toda amabilidad de la verdadera y sonrisas, departió con nosotros (ay, mi inglés), nos abrazó y se dejó hacer todas las fotos del mundo. “Es parte del espíritu general del punk qué afirma que nadie es mejor que los demás, nunca alentamos la existencia de los fans y yo continuo en esa línea”. LOVE Viv.

“Ropa Música Chicos”. Viv Albertine. Editorial Anagrama. ISBN: 978-84-339-2615-9. NÚM. DE PÁGINAS: 528. TRADUCCIÓN: Cecilia Ceriani. PUBLICACIÓN: 12/04/2017


Añadiendo el nombre de mujeres punk en un panel. "(What about the women!!)"

Soleá Morente en una noche llena de todo lo que nos gusta


En esta casa queremos mucho a los Morente. El patriarca, el gran Enrique Morente, fue un prestigioso cantaor flamenco, de espíritu rockero, hombre avanzado, valiente y solidario con muchas causas. Al gran Morente los hijos le salieron artistas, Estrella fue la primera, revelándose como una poderosa cantaora, en la senda de su padre. Eran los tiempos de la grabación de Omega, el mítico disco que llevó al límite la experimentación, mezclando flamenco puro con punk rock y que originó una explosión nuclear en la década de los 90. Por entonces Soleá Morente era una niña que soñaba con escribir. El desaparecido músico y periodista granadino Jesús Arias, compadre de Joe Strummer y cronista de treinta años de rock en la ciudad andaluza la definía como “la más entrañable de la familia, la más tímida, tal vez la que tiene mucho más mundo interior”. Soleá se mantuvo a la sombra y fue tras la repentina muerte de su padre cuando se decidió a iniciar su carrera musical.
Su relación con diferentes rockeros españoles, miembros de Lagartija Nick, Los Planetas, Pájaro Jack o Napoleon Solo, le han granjeado el apodo de “La hija indie de Morente”. Mi interés por Soleá comenzó cuando en 2013 descubrí su tema,“Si tú fueras mi novio”, con Los Evangelistas. Soleá, cuyo primer álbum “Tendrá que haber un camino” fue publicado a finales de 2015, se ha hecho en estos pocos años de carrera con un bonito repertorio de canciones como “Todavía”, “La ciudad de los gitanos”, “Dormidos”, “Vampiro”, o “Dama errante”.
Las fiestas patronales de Madrid nos ofrecieron la posibilidad de disfrutar de Soleá el pasado sábado 13 de mayo en un concierto lleno de elegancia, delicadeza, corazón y sensibilidad. Soleá apareció en el espectacular escenario de la Plaza Mayor de Madrid, vestida de flamenca, con flor roja en pelo, cazadora de cuero y la muñequera de pinchos que perteneció a su padre y siempre lleva puesta en su memoria. Se acompañó a los coros, las palmas y el baile de su madre, Aurora Carbonell y su tía, “la Globo”. La noche tuvo su “momento Cohen”, con la versión de “Esta no es manera de decir adiós”. Soleá contó en un tema con la presencia de La Bienquerida, cantante que ha compuesto tres canciones para el segundo disco de Soleá, una de ellas “Nochecita Sanjuanera”, que también sonó en el concierto. Para finalizar, Soleá nos regaló una bonita versión de “El bello verano”, de Family, un grupo vasco de pop indie de los años 90. Una noche llena de todo lo que nos gusta.