La levedad de Catherine Meurisse. Una novela gráfica “para no perder nada de lo que ocurrió, porque lo perdí todo”


En la mañana del 7 de enero de 2015 dos hombres que portaban Kalashnikovs irrumpieron en la sede de la revista satírica Charlie Hebdo en París en el momento en que tenía lugar una reunión editorial. Dispararon hasta 50 tiros y mataron a doce personas, dos de ellas miembros de la Policía Nacional de Francia, e hirieron de gravedad a otras cuatro. Fueron asesinados en el ataque Stéphane Charbonnier (director de la revista desde 2009), los dibujantes Cabut, Tignous, Georges Wolinski, Honoré (intelectual y erudito de Historia del Arte) o el corrector de textos Mustapha Ourrad, entre otros. Catherine Meurisse, una las dibujantes de Charlie Hebdo, se durmió aquella mañana y escuchó la matanza cuando llegaba al edificio. Después de un tiempo en estado de shock que le supuso pérdida de memoria, problemas en el lenguaje y le impedía dibujar, comenzó un proceso de curación a través del arte y la belleza. El resultado es su novela gráfica “La levedad”, editada en España por Impedimenta, donde habla sobre lo que pasó después de aquel amargo 7 de enero, fecha que repitió en varias ocasiones, “Una experiencia tan personal, estuve en el centro, por eso es muy difícil para mí tener una visión mundial. No sé si hay una mayor consciencia de la libertad de expresión, hay mucha hipocresía política al respecto”.
Meurisse, licenciada en Historia del Arte y Lenguas Modernas y autora de otras novelas gráficas como “La comedia literaria” (repaso a la historia de la literatura francesa), ha recalado en España para hablar de su trabajo. El Institut Français acogió en Madrid la presentación de “La levedad”, definida como un “álbum impactante y emocionante, una catarsis de gran calidad gráfica y emocional, hablando de forma brillante de sentimientos”. Allí pudimos ver a una autora cercana, sumamente agradable y certera, que nos brindó emociones y opiniones de lo más oportunas en estos convulsos días que vivimos. Sin sensiblerías ni dramatismos, llena de sentido común.
“A menudo los libros son más inteligentes que los propios autores”, según Meurisse, quien explicó que por ahora ha abandonado el dibujo de prensa, que “requiere una síntesis de asuntos de actualidad, es muy rápido, muy urgente” y prefiere centrarse en la novela gráfica que le permite “pensar y avanzar despacio”. Aquel 7 de enero se le paró el tiempo y cambió para siempre su vida y la forma de enfrentar su trabajo, “Los supervivientes necesitan dulzura, y eso me lo permite el cómic, un medio en el que me expreso más libremente”. Los atentados cambiaron también su mirada artística, ahora se interesa más por el arte contemporáneo y por sentir obras, separándose poco a poco del discurso de los historiadores del arte. Expresó su predilección por Goya, que por fin ha podido ver en el Museo del Prado, un pintor “muy moderno”, del que destaca “sus atrevimientos gráficos”. Sobre la creación de “La levedad” afirmó que se produjo en un momento lleno de “sensibilidad y emotividad”. La dibujante confesó que no pensaba en hacer un libro en aquellos momento, “solamente necesitaba dibujar”, que realizó en un cuaderno y no en hojas sueltas por miedo a que se perdieran. La selección de los dibujos se hizo de manera natural, “Fue la lógica. Me encontraba en un estado extraño pero sabía lo que tenía que decir”. Tan sólo dejó fuera del álbum el dibujo sobre una pesadilla donde aparecían los asesinos. “El desorden del principio también se ve en el aspecto gráfico del álbum, me vi envuelta en el pánico de no poder volver a dibujar”.
La presentación se realizó en formato entrevista. El encargado fue el periodista de El País Guillermo Altares, que definió “La levedad” como un “ómic extraordinario en el terreno personal para lidiar con aquella tragedia y en el artístico como puro retrato de aquellos momentos que cambiaron la vida de Europa”.
GUILLERMO ALTARES: Hay un cierto sentido de irrealidad en ocasiones en “La levedad”, como de seguir pensando que no ocurrió.
CATHERINE MEURISSE: Sí soy consciente. He hecho el álbum para que se sepa lo que ocurrió, todo lo que está ocurriendo. Sigue siendo un sinsentido irracional el acto de los asesinos, matar a unos dibujantes. Sigo sin entenderlo pero es real. Lo he hecho para no olvidar cómo ocurrió y lo qué ocurrió después. Para no perder nada porque lo perdí todo
G.A.: En algún momento el personaje es un espíritu libre que se ríe de todo. ¿Cómo construir una sociedad que no tenga miedo?
C.M.: Tal vez desarrollando el sentido del humor. En Charlie Hebdo se dibujaba para no temer a la muerte. Nuestro equipo eran humoristas, gente muy graciosa, sin miedo a decir lo que pensaban y a la vez muy sensibles. El fundador, François Cavanna, que murió en 2014, no soportaba la idea de la muerte. La mejor forma de olvidar que somos mortales es reírnos. Recibimos críticas cuando somos humoristas de actualidad pero en realidad de lo que nos burlamos es de la condición humana. No eran sólo humoristas, eran personas muy profundas incluso filósofos.
G.A.: No esperaba que hubiera tanto sentido del humor en este cómic.
C.M.: Si hubiera perdido el sentido del humor habría sido la muerte. En “La levedad” intenté recuperar mi condición de dibujante y también recuperar el humor para no volverme loca. Me sirve para no caer en algo demasiado dramático, presento un remedio para sanar. El humor es muy útil, no quería separarme de él.
G.A.: En “La levedad” hay muchas imágenes sin texto.
C.M.: Reflejan mi silencio interior después del atentado. No quiero contar lo que ocurrió después de los tiros, prefiero enseñar esta secuencia onírica. La cultura fue asesinada aquella mañana. En el álbum atravieso los muros en silencio y me topo con “El Grito” de Munch, que viene a romper el silencio poco a poco. Ese grito es el que no pude sacar el 7 de enero por el trauma y el abatimiento. El 2015 fue un año de silencio. Apelo a un pintor para que me ayude a expresar lo inexplicable. Tomo imágenes de los pintores y escultores a los que pido ayuda, es un SOS a los artistas. Lo importante después del 7 de enero era actuar y caminar.
G.A.: En el álbum aparece Rothko.
C.M.: Sí, siempre me ha gustado mucho. Me ayude a través de Rothko para reflejar una escena que viví poco después del atentado. La experiencia fue como un incendio, un rojo no de sangre sino un rojo de vida.
G.A.: También aparece Caravaggio, un pintor violento.
C.M.: A lo largo de 2015 tuve una cierta obsesión con la belleza. Me fui a Roma a buscarla. Daba largos paseos y necesitaba entrar en museos e iglesias. Caravaggio me atrajo especialmente. Es un pintor asesino y paradójico, de enorme potencia. Los claroscuros de Caravaggio frente a la oscuridad de los asesinos y la claridad de la luz. Atravieso la muerte y la violencia y Caravaggio me ayudaba a ver la muerte de la que yo me escapé y en la que murieron algunos de mis amigos. La sala de redacción se parecía al cuadro “La balsa de la medusa”, según me contó Sigolène Vinson, una de mis compañeras en la revista que sí estuvo presente aquella mañana. Fui con ella y con mi hermana a contemplar el cuadro, que tiene una connotación de esperanza.
G.A.: En la puerta de la sede de Charlie Hebdo había flores, mensajes, poesías, y ahora ya no queda nada.
C.M.: No me molesta que no haya ninguna huella. No soy muy partidaria de las conmemoraciones. Ya se hicieron y ahora la vida normal debe volver. No olvidamos aunque ya no haya flores. Allí están mis dibujos, los de mi compañera Sigolène Vinson, al lado de retratos de otros dibujantes anónimos. Nuestros compañeros están en nuestra mente y en nuestro corazón.
G.A.: Proust es la conexión entre tus libros y la literatura francesa.
C.M.: Sí, empecé a leerle tarde, con 29 años. En mi vida hay un antes y un después de Proust, no es un tópico. Proust es mi ayudante de vida. No soy una especialista en él pero me gusta todo lo que ocurre con Proust, aunque después del 7 de enero perdí la memoria de los textos. Un mes después del atentado fui con una amiga al Gran Hotel Cabourg, en el que estuvo Proust, allí nos comimos una magdalena y una infusión y mi amiga me leyó un texto de “En busca del tiempo perdido”. Pero yo no sentía nada, tenía la memoria bloqueada para la literatura. Al principio sólo me ayudaron las artes visuales, la literatura me ayudó pero tiempo después.
G.A.: Tienes gran simpatía por los escritores de la Edad Media, por su libertad para romper con los códigos de la época.
C.M.: Es así. La Edad Media queda muy lejos pero el arte producido entonces es maravilloso y enriquecedor para un dibujante. Como el Romance de Renart, un conjunto de poemas de los siglos XII y XIII de los que no conocemos exactamente a los autores. Ese uso de los animales como personajes se ha utilizado mucho posteriormente. Es de alguna manera como el Charlie Hebdo de la Edad Media.
G.A.: Tal vez ha habido una banalización del “Je suis Charlie”.
C.M.: No puedo criticarlo. Entiendo que la gente se haya agarrado a este lema igual que yo hacía yo lo hacía a la belleza. Cada uno ha hecho lo que ha podido. No cuestiono la sinceridad de la gente aunque es verdad que fue un poco surrealista, me sobrepasó. Charlie se convirtió en un símbolo cuando siempre odiamos desde la revista de los símbolos. La pregunta realmente debía ser ¿quién soy yo?, eso es lo que yo me preguntaba y lo que quiero decir está en el libro.
G.A.: En tu estancia en Roma sigues las huellas de Stendhal, pero encuentras la libertad y cierto orden a través del arte.
C.M.: El viaje Roma fue crucial, es donde mi álbum empieza a volar. Me encontraba en la Villa Médici, que acoge artistas franceses. Esta comunidad de artistas me permitió recobrar la sonrisa, me reencontré con los colores, con los detalles, la perspectiva. Es el lugar simbólico de mi reconstrucción.
G.A.: El personaje que más me impresionó es el corrector argelino, un personaje inolvidable.
C.M.: Se trata del corrector de textos, Mustapha Ourrad. Él fue asesinado con los demás y es cierto que tiene un papel importante en “La levedad”. Le veía todas las semanas, era muy discreto y hablábamos mucho sobre literatura. Él era un experto en lengua francesa, un hombre muy culto. Él representa el lenguaje, la palabra que nos faltó en su día para definir la matanza. El terrorismo es el enemigo del lenguaje, aniquiló mi capacidad, fue un trastorno. Me cuesta acordarme de un poema de Baudelaire que recitaba Mustapha, un fanático de la literatura. Pero poco a poco fueron volviendo las palabras. El poema elegido de Baudelaire fue finalmente “Elevación”, muy apropiado. Estoy feliz de haberle dado visibilidad a Mustapha. Los medios olvidaron a algunas víctimas de la matanza, como es el caso de Honoré y Mustapha.
Dejamos a Catherine firmando un montón de ejemplares de “La levedad”, tras haber recibido un cálido y largo aplauso del público. No ha recobrado la levedad, “Sólo con pronunciarlo temo que vuelva a irrumpir el 7 de enero. La melancolía y la tristeza siempre estarán presentes en mí. Actualmente estoy en plena creación de un álbum sobre mi niñez en el campo, sobre las raíces, aquello que no se va a derrumbar nunca, así que también está presente en este nuevo libro una cierta melancolía. Espero reencontrarme con el humor, la viveza y la rapidez pero de momento poco a poco”, concluyó.



Nuestro recorrido por el festival de arte urbano C.A.L.L.E. para dinamizar el barrio de Lavapiés



En los años 90, cuando en mi juventud descubrí Lavapiés, sus rincones y su inimitable encanto de la mano de mis amigos de la radio, al barrio le amenazaba un peligro. Los poderes públicos habían echado el ojo a ese castizo y maravilloso rincón del centro de Madrid, tomado por población envejecida y los primeros grandes grupos de inmigrantes que se instalaban en nuestra ciudad. Entonces la idea era desalojar aquella población para ser habitado por personas de mayor poder económico. De alguna forma aquello se frenó. Veinte años después el problema es otro, la gentrificación. El barrio se está convirtiendo, a la manera de otras ciudades europeas, en un centro para turistas. Muchos pisos se transforman en apartamentos lo que llevará, si no se frena, a la completa desaparición del barrio. Los que amamos Madrid y adoramos Lavapiés, no podemos permitirlo. Hay que presentar batalla desde la cultura y la imaginación.
Así, cuando supimos que la gente de C.A.L.L.E. Lavapiés (Convocatoria Artística Libre Lavapiés Emergente) organizaban recorridos por el barrio comentando las intervenciones artísticas que pueblan el barrio nos apuntamos sin dudarlo. Fue todo un acierto ya que pasamos una deliciosa mañana de domingo visitando las obras y viendo trabajar a algunos los artistas. Este año se celebra la cuarta edición de C.A.L.L.E., que nos lleva a (re)descubrir Lavapiés a través de 50 intervenciones artísticas realizadas en los comercios del barrio. Se trata de una iniciativa de la Asociación Comerciantes de Lavapiés, dirección artística de MADRID STREET ART PROJECT y con patrocinio de Cervezas Alhambra.
De la mano de Marta hemos realizado un recorrido bien interesante. Pintura, rotuladores, cuerdas, espejos, origami, cartón, papel pintado… caben diferentes materiales para unas obras estarán expuestas hasta el 28 de mayo, aunque algunas permanecerán en los comercios todo el año. Para alguno de los artistas es todo un reto intervenir en la calle, porque no forma parte de su cotidianeidad. No están todos los que son pero sí son todos los que están.

Comenzamos el recorrido por una tienda de la calle Ave María, La positiva. Allí el colectivo Escool, han hecho un marco de tela para la puerta, la tela ha sido plastificada y decorada con  dibujos que recuerdan al tatuaje old school, fotos vintage pintadas y alusiones a las redes sociales como #Nomesigas o #Soytufollower

La muralista Martín Corella ha pintado tres monstruos clásicos en la fachada del café cine Dr Steam. Pudimos charlar con la artista mientras terminaba el mural, y nos contó que lo más complicado era pintar desde la escalera, debido a la pendiente que tiene la calle del Olivar, una de las más empinadas del barrio.
Digodiego ha pintado el mural “Vacío” en El Perkal de Lavapiés. Se trata de una obra muy colorida y alegre que sin embargo denuncia la vida solitaria e individualista en las grandes ciudades a través de una figura pintada completamente de negro. Cómo la ciudad deshumaniza y se pierden los espacios comunitarios.

DosJotas ha empapelado las Bodegas Lo Máximo. Se trata de un artista que ve la ciudad “como un campo de acción e intervención artística”, un “terreno donde cuestionar y criticar nuestra sociedad, nuestros hábitos y nuestras ideas”. En el papel pintado ironiza sobre los hípsters, los turistas con sus trolley, las cámaras de vigilancia o los carros de los centros comerciales.

La fotógrafa Cynthia Estébanez nos invita a asomarnos por el visor de las antiguas cámaras de fotos , en su instalación del escaparate de Farmacia Lavapiés, en el edificio donde Isaac Albéniz compuso parte de la suite Iberia. Cynthia pretende “invitar a los vecinos a que exploren y jueguen con las cámaras y descubran lo que habita el edificio y en el barrio”, según nos explicó ella misma.

Erb Mon ha realizado un potente mural de brillantes colores en Decoraciones Acevedo, tienda situada en un edificio en chaflán en la calle La Fe. La pieza tiene que ver con Brasil, con el Amazonas y la Ayahuasca y sobre los estados alterados de conciencia que dan una visión distinta.

La gaditana Marta Nieto, Miss Grandson, ha realizado su trabajo justo enfrente, también en Decoraciones Acevedo. Su mural se articula alrededor de la frase “El mapa no es el territorio”. Mezcla el dato objetivo de la cuadrícula del mapa del barrio (situado del revés, como nos explicó) con las vivencias subjetivas de cada sujeto. Para ella misma, Madrid y Lavapiés son lugares de una enorme carga emocional. 

Maransay ha intervenido en Angatá Arte Africano - Asociación Cultural. Su proyecto habla sobre la identidad del barrio como lugar de encuentro de diferentes recorridos vitales. En Lavapiés convergen personas de origen diferente y con expectativas de futuro distintas. Bahia participó en la instalación, escribiendo en las cuadrículas que aún están vacías para que participe la gente, su lugar de origen, el Sahara Occidental y el lugar donde quiere verse en un futuro, el Sahara Occidental. Golondrinas e hilos de color amarillo que unen el origen y el futuro, convergiendo en el barrio.

Hemos visto uno de los anuncios del artista social Por Favor en la calle Argumosa, un cartel sobre la próxima apertura de un restaurante de comida rápida en el barrio. Sin embargo, sus intervenciones están por todo el barrio. Sus trabajos quieren concienciarnos sobre la intención de convertir Lavapiés en un parque temático, un barrio lleno de apartamentos para turistas. Así su trabajo denuncia el intento de gentrificación del barrio. En su proyecto Lavapiés se divide en varias reservas: la gitana, la musulmana, la africana o la india y se pide a los visitantes del parque temático que “no arrojen comida a los indígenas”.
En muchos de los bares y comercios de Argumosa hay intervenciones de artistas de C.A.L.L.E., como el colectivo Brochka en EL Automático (uno de mis bares de Lavapiés preferidos) con una pintura en la cristalera para concienciarnos sobre comprar en el pequeño comercio del barrio. 
Ampparito ha realizado una intervención en el Restaurante El Económico Soidemersol, su obra tiene que ver con las advertencias sobre cómo los artistas deben preparar los muros para que queden como estaban antes de realizar las intervenciones. A la advertencia de no pintar el zócalo de mármol él lo ha pintado sesenta veces sobre la pared.
Parsec ha intervenido en el escaparate de Muebles Magarcay, con una pintura en el escaparate referida a la relación que se establece entre los muebles y las personas. El dibujo corresponde a una mujer dormida sobre una mesa, en dos espacios temporales, el presente representado por el vapor que sale de la taza de café, y otro espacio temporal representado por su cara, que ha salido del cuerpo dormido y se observa a sí misma.
Casassola ha pintado un rostro de mujer sobre la pared de teselas de La Buga del Lobo. Realiza mudras: pinturas basadas en la posición de las manos del hinduismo. 
NULO en La playa de Lavapiés ha realizado un mural con colores arena en las paredes, manteniendo un dibujo sobre una de las puertas de una intervención de festivales anteriores.
Akesi Martinez Ilustracion ha realizado un maravilloso dibujo para la cristalera de Paréntesis de olvido - Magia y Té, “Los cosmonautas, comida espacial”. Forma parte de un trabajo llamado Antropoland y es precioso verlo en vivo, tan lleno de detalles. 

Durante el recorrido nos hemos encontrado a Aleix Font, conocido como Tremendamente, trabajando en la cristalera del enorme escaparate de Muebles Magarca. Nos ha comentado que estaba trabajando con unos rotuladores de pintura. Su obra “Lluvia nutritiva” tiene que ver con su actitud cuando viene a Madrid, donde se ve arrasado por una lluvia intensa de estímulos. Consiste en una cabeza abierta de enormes ojos (yo le encuentro parecido a él), en la que bullen multitud de ideas. La lluvia le nutre de ideas. 

Hamgeo, desde Cartagena, ha realizado un grafitti wildstyle en las persianas metálica del mexicano La Jalapeña. Trabaja con letras pero no le interesa el texto, sino las formas.

Al final de Argumosa encontramos la intervención del colectivo Petronza (Son3k, Juanito Ilógico, Demeseone), que han realizado una intervención con unos extraños objetos de colores, a mí me recuerdan a ovnis, en la fachada de La Libre, librería café. Un rincón por cierto bien bonito del barrio que lleva varios años funcionando. Marta nos comentó que a los tres artistas del colectivo les encanta trabajar juntos.

Terminamos el recorrido con el colorido mural que estaba finalizando la gente del estudio artístico barcelonés Cocolia, inspirado en la idea de que “Los curiosos no tienen prisa” deben tomarse su tiempo para observar las cosas
Desde Haz lo que debas apoyamos la iniciativa de C.A.L.L.E. porque NO queremos que Lavapiés se convierta en un parque temático para turistas.

Zanón, Villalobos, Savage y Pernice. Literatura, música y cultura popular en Primera Persona



Después de llevar tiempo con ganas de participar en el Festival Primera Persona este año por fin lo hemos conseguido. No se puede desaprovechar ver y escuchar a escritores y artistas tan interesantes en un formato directo, fresco y cercano. Con edición paralela en Barcelona y Madrid, el Primera Persona de Kiko Amat y Miqui Otero cuenta este año con Carlos Zanón, Juan Pablo Villalobos, Jon Savage, Joe Pernice, Jonathan Coe, Mercedes Cebrián, Kate Bolick, Silvia Nanclares, Ana Curra y Alicia Kopf, a través de lecturas, charlas y actuaciones en directo.
Esto es lo que dio de sí la sesión del viernes 12 de mayo en la Casa Encendida de Madrid, a la que acudimos nosotros.
“Toda semejanza entre los personajes de este libro y personas de la vida real es intencionada y malévola”. La cita de inicio ya daba pistas sobre por dónde iba a transitar la charla a dos voces de los escritores Carlos Zanón y Juan Pablo Villalobos, quienes reflexionaron sobre “el saqueo de la memoria personal y mutación de la realidad a la ficción”. Para ambos autores, los escritores practican el saqueo, también de la memoria familiar, “Lo peor que le puede pasar a una familia es tener un miembro escritor”, ironizaron.
Juan Pablo Villalobos es el actual Premio Herralde de novela (Anagrama) con “No voy a pedirle a nadie que me crea”, una parodia de los géneros autobiográficos en la que usa su propio nombre, “Quería invertir lo que se hace cuando se usa el alter ego y sólo funcionaría usando mi nombre. Aunque la narración es muy hiperbólica entendí que podía enfadar a mi madre. Así que, después de muchos años, le pedí permiso”. Carlos Zanón, poeta, novelista, amante de la música y autor de títulos como “Nadie ama un hombre bueno”, “Tarde, mal y nunca”, “No llames a casa” o “Yo fui Johnny Thunders” le respondió con un contundente “En la familia nadie se lee nuestros libros. Si no, no nos invitarían a casa”.
La charla transcurrió dentro del contexto de la inspiración de los autores a partir de lo que les rodea, familia, amistades, conversaciones, recreación de la memoria familiar, la exageración, el uso de personajes populares disimulados. Una experiencia “depredadora, también con lo que te cuentan los demás”, en palabras de Villalobos. Y es que el trabajo del escritor es conseguir armar una historia que valga la pena, muchas veces sin pararse a pensar el estropicio que se puede causar con ello. Villalobos afirmó que el escritor lo hace por un “motivo egoísta, porque quieres escribir un buen libro”. Zanón se mostró de acuerdo, “Me da igual lo que pase si hago un buen libro. Te conviertes un poco en un monstruo. De experiencias terribles quieres sacar un buen material”. El escritor se vuelve implacable, “Si tienes una buena historia, te da igual que se enfaden”, insistió Zanón.
A través de la literatura los escritores también aspiran a saber más cosas sobre sí mismos. En palabras de Villalobos, “Al final no podemos salir de nosotros mismos para narrar. Queremos quitarnos esa responsabilidad de haber sido bocazas, porque es su culpa habernos traumatizado y así convertirnos en escritores”. Las familias, eterna fuente de inspiración de los escritores, que usan sus historias haciendo el trabajo de lograr algo que valga la pena. “Se necesita de la hipérbole, la exageración o una mirada particular”. Las familias dicen que no hay problema, aunque siempre suelen poner algún pero. “Es difícil que expongan sinceramente lo que han sentido al leer”, reconoció Villalobos.
Y al final los escritores acaban soltando inadvertidamente cosas que no querían contar, “Escribes de manera consciente pero hay cosas que se escapan inconscientemente”, admitió Zanón, a lo que Villalobos le respondió que en muchos aspectos los escritores no saben lo que escriben. La exposición a la que se somete el escritor le convierte en realidad en “el más desprotegido y vulnerable”, en opinión de Zanón.
“He conocido a un personaje que podría salir en tus libros”. “Tu personaje XXXX eres tú”. Los conocidos o familiares que no quieren reconocerse en los personajes creados por el escritor o los famosos que los lectores quieren ver escondidos entre los protagonistas. “No hay que avisar a nadie sobre las historias que vas a utilizar”, convinieron, después de que Zanón confesase que va a usar en su próxima novela una tremenda historia familiar, el “asesinato” de su abuelo a manos de su abuela.
Y es que, en el fondo “No sabemos nada del otro, nos comunicamos fatal, de ahí que no te reconozcas ni te reconozcan”. Nunca subestimen el poder de un escritor, en especial si lo tienen cerca.

A continuación apareció en el escenario Jon Savage, el conocido como “historiador del punk”, autor de la “biblia” de este estilo musical y forma de vida, el libro “England’s Dreaming”, escrito en 1991. Autor de varios libros sobre música y cultura juvenil: el mencionado “England’s dreaming”, “Teenage” y “1966”, entre otros, Savage habló sobre los tres en su participación en el Primera Persona.
“England’s dreaming”, su libro sobre los Sex Pistols, el punk y la cultura inglesa de finales de los años setenta, acaba de ser editado en español por Reservoir Books. “Conocer a los Sex Pistols, The Clash y The Damned me hizo implicarme en el punk”. Así comenzó a escribir en revistas musicales de aquella época, un momento “muy emocionante para ser periodista”. Savage explicó la diferencia entre los tres grupos, pilares del punk inglés, “The Clash y The Damned eran magníficos pero más fáciles de entender, como The Who o The Kinks acelerados”. Pero los Sex Pistols eran otra cosa. “Te atraían, querías seguirlos y a la vez repelían, eran amenazantes en aquella época”. El clímax fue el recorrido que hizo la banda en un pequeño barco por el Támesis hasta el parlamento británico, durante las celebraciones por el 25 aniversario de la reina Isabel II en el trono. Jon Savage estaba allí y fue testigo de la represión policial que se desató. Sin embargo, no se muestra nostálgico, “Fue emocionante pero ¿por qué tendría que volver a suceder ahora?, han pasado más de cuarenta años”. Para Savage, Trump y el Brexit son el final de la época; tras la victoria de EEUU y Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial, asistimos al “final de una era”. No sabemos qué vendrá en el futuro, los recursos naturales son finitos, “¿qué se va a ser del mundo en los próximos cincuenta años?”, se preguntó.
Su libro “Teenage”  investiga sobre la creación de la cultura juvenil, recorriendo los orígenes de esta cultura que no había tenido lugar en ningún otro momento de la historia, “Antes eras niño y después adulto, no existía la adolescencia ni la juventud”, esa etapa que se suele situar entre los trece y los veinticuatro años. El libro de Savage trata un periodo definido, entre 1875 y 1945, recuerda el fenómeno de “flappers” y “zootsuiters”, el grupo de los “Bright Young Things”, grupo de aristócratas bohemios londinenses en los años 20, los parados de los años 30 y la generación perdida que luchó en la Segunda Guerra Mundial. Ropas, peinados, música, los teddy boys, Rimbaud, Peter Pan. El libro se convirtió en documental bajo la dirección de Matt Wolf. Fascinante.
“1966”, libro editado en 2015, es un homenaje a su amor por la música. “Veo el mundo a través de la música y así construí mi identidad”. Eligió ese año por ser un momento decisivo en muchos aspectos, “El libro debe habitar el tiempo sobre el que habla, y 1966 fue un año maravilloso, no sólo por la música, sino una época de lucha por el feminismo, el antibelicismo y los derechos civiles”. El libro está estructurado en doce capítulos con doce canciones, una por cada mes del año. Savage hizo un repaso por The Kinks “los jóvenes se vestían como pavos, coloridos, con pelo largo, algo sorprendente en aquella época”; Brian Jones “fantástico, andrógino, me parecía enormemente atractivo”; Lou Reed, la Velvet y Andy Warhol; la revista Life; el fenómeno fan; los movimientos norteamericanos pro derechos civiles; los Beatles, cuando John Lennon afirmó que eran “más famosos que Jesucristo”, lo que generó una enorme polémica, “La gente se volvió contra sus ídolos y se volvieron a quemar productos culturales como en la época nazi”. El pop, que hasta entonces era “inocente” empezó a ser mirado con desconfianza por los mayores, algunos jóvenes y por las autoridades. Las drogas, en especial el LSD, “lo cambiaron todo”, dando un toque mesiánico a algunas bandas. Muchos músicos empezaron a meterse en política “con p minúscula”, lo que tampoco gustó a la autoridad. “Es un libro sobre la libertad”, concluyó un encantador Savage. “El historiador del punk”, con aspecto de profesor despistado, vestido con polo a rayas horizontales, chaqueta con rayas a la contra y chinos color mostaza, bolsa de tela al hombro, escuchó cómodamente tumbado en los cojines que ocupaban la parte delantera de la sala, el concierto acústico del último participante, el músico y escritor Joe Pernice.


Esta canción me recuerda a mí” es el nombre de la novela del músico Joe Pernice, que acaba de editar en España Blackie Books. Calificada como “una canción pop perfecta: triste, sentimental, divertida y tremendamente pegadiza, para perdedores y corazones rotos”, cuenta la historia de un joven músico sin futuro que, tras su fugaz matrimonio, se refugia en una casa familiar en la costa de Cape Cod”, lugar de veraneo de lo más deprimente en invierno. La novela ha sido alabada por Nick Hornby quien, como afirman en la promoción, siente “envidia por el talento que hay en esta novela”.
El músico, nacido en Massachusetts, ha sido integrante de las bandas Scud Mountain Boys y Pernice Brothers, su banda más conocida. Ha colaborado también con Norman Blacke, de The Teenage Fanclub, bajo el nombre The New Mendicants. Debo confesar que no le conocía pero me ha llamado la atención la novela, que espero leer para incluir en mi proyecto sobre narrativa rock, al ser el protagonista un músico.
Pernice interpretó en directo, tan solo acompañado por una guitarra, las canciones de su disco en solitario “It Feels So Good When I Stop” (título original del libro), la “banda sonora” de la novela que incluye las versiones de algunas de sus canciones favoritas que aparecen en ella. Escuchamos canciones como “Amazing Glow” o “Tell me when it’s over”, versión de los maravillosos The Dream Syndicate, ofrecidas con la voz limpia y cristalina, regada por buen vino tinto español, que Pernice alabó entre canción y canción.
Vestido con una camiseta que reproducía la portada del “Meat is murder” de The Smiths, álbum sobre el que escribió en la serie “331/3”, explicó que Esta canción me recuerda a mí” habla sobre alguien que sigue la ruta de sus propios problemas, “No me gustan los héroes ni las epifanías, mi personaje está jodido de verdad y al final del libro sigue igual”.




“Lo que no está” de Jesús Barrio. Relatos de ausencias y abandonos


He tenido el gusto de leer “Lo que no está”, un magnífico libro de relatos donde se refleja la indiscutible calidad de la escritura de su autor, Jesús Barrio. Nacido en Santander en 1982, Barrio practica una escritura exquisita pero en absoluto hueca. Se cuenta mucho en estos relatos, pero se ofrece dosificado, es el lector el que va descubriendo lo que sucede como si fuera descorriendo velos. La clave de las historias reside en aquello “que no está”, lo que se encuentra oculto entre las líneas de los relatos. Para lograrlo, el autor demuestra una certera maestría en la escritura del relato breve.
Jesús Barrio se ha formado en diferentes talleres sobre “técnicas narrativas, el relato breve y la didáctica de la escritura creativa”. Por esa senda ha transcurrido la creación y publicación de “Lo que no está”. Con prólogo del escritor Ricardo Menéndez Salmón, está editado por Red Libre Ediciones, proyecto RELEE (Red Libre – Escritura y Edición), un colectivo integrado por escritores, profesores, lectores y editores que “apuesta por la literatura de calidad creada en un entorno colaborativo y de intercambio entre autores y lectores”, bajo la supervisión de Isabel Cañelles y Eloy Tizón, nombres valorados en el mundo literario y editorial. Así, se adivina un enorme esfuerzo de construcción y andamiaje en el libro, pero al mismo tiempo el texto está impregnado de la alquimia del escritor de verdad. Eso es lo que le insufla vida.
Es “Lo que no está” un libro para leer con calma, para saborear lo escrito, demorándose en las frases, reposando la lectura a fin de sacarle todos los matices. Así como se reivindica el movimiento slow en la comida, “Lo que no está” sería una suerte de “slow read”, si se permite la expresión. Original, arriesgado en la construcción y en el uso de las voces, la rebelión subyace en la estructura de unos relatos con impecable construcción formal. Ambientados en unos escenarios asfixiantes y cerrados, el cuarto del juego de las sillas, el tren o la casa de la anciana, aunque en ocasiones se trate de espacios abiertos, una playa, el campo, la isla helada, en realidad igual de opresores.
Lo no expresado, lo sugerido, lo ocultado habita los cuentos de “Lo que no está”. Los personajes viven en la ilusión, cuando no en la mentira: la soledad en compañía; el disimulo en relaciones insatisfactorias; la enferma historia de los hermanos; el moribundo que amplía un día más su estancia en el hotel sin confesar el verdadero motivo, los exploradores que dicen estar donde no han estado. “No permitas que la realidad empañe la hermosa fantasía de la ficción”; “El engaño podía construir una certeza más fuerte que los propios hechos”. La realidad acaba siendo “insípida y descolorida”, frente a una ficción recreada y mucho más atractiva. Los finales, abiertos, sugeridos y abruptos, hacen aún más inquietantes los relatos.
“Lo que no está” reúne una serie de magníficos cuentos.
“Bajo tierra seca”, doloroso relato con un final sugerido e inquietante, en el que la naturaleza actúa como reflejo de la narración. La tierra baldía frente a la yerma y triste Mara
En “Mais uma noite” el agua cubierta de hojas secas y podredumbre acompaña la descomposición del enfermo Soares, un viajero que ha ido a morir a una localidad costera. Su enfermedad se refleja en el cuadro que acomete un fracasado pintor de turistas. El avance del embarazo de la protagonista del lienzo coincide con el avance de la enfermedad de ese huésped misterioso y solitario.
Una ciudad derrotada es el escenario de “El absurdo pestañeo de una estatua”, un juego de espejos narrado con gran brillantez hasta llegar a un impactante clímax final. El protagonista es de alguna manera deudor del personaje principal de “La ventana indiscreta” de Hitchcock.
En “Tabla de mareas” se intuye un triángulo amoroso, matrimonio y amante, en el que la venganza llega en forma de enfermedad ocultada y anunciada cuando más daño puede hacer.
El relato “Tan frágil como el hielo” consigue un hábil entramado a tres voces; las de los tres protagonistas de lo que empieza como un día festivo y acaba en tragedia, que se entremezclan con maestría. El amenazante lago helado se convierte a la vez en un personaje.
Los ecos de “La vida dictada”, donde lo que sucede en un apartamento es replicado, con menos intensidad, en el apartamento contiguo. La vecina “marca” el devenir del narrador, ella va “secándole la vida poco a poco”, en una transferencia similar a la del cuadro del relato “Mais uma noite”.
La angustia y la incertidumbre se proyectan en el tren desbocado del último relato, “Final de trayecto”, en las vidas sin control, el no saber quién “conduce” la existencia, el viaje vital.
“Lo que no está” es en definitiva una poderosa publicación del proyecto colaborativo que integra RELEE, cuya intención es publicar material que salga de sus talleres literarios, en diferentes formatos: novela, novela corta, libro de relatos, libro ilustrado, ensayo literario, crónica periodística. Les deseamos la mejor suerte.
“Lo que no está”. Autor: Jesús Barrio. Edita: Relee. Madrid, 2017. 140 páginas

Nuena Edjil: “La resistencia es la llave de la esperanza”

1976. La reconocida fotorreportera Christine Spengler visita los primeros y precarios campamentos de refugiados saharauis. Es testigo de batallas, de la organización de los refugiados, de la lucha de las mujeres en la retaguardia y en el frente. Usa su cámara para inmortalizar aquellos durísimos primeros tiempos de exilio. Las mujeres son médicos, maestras, vigilantes… y madres. En ocasiones tienen que dejar sus tareas y coger las armas, por si hubiera que defender los campamentos, compuestos aquellos años tan sólo por jaimas de tela. Una joven madre saharaui, Nueina Djil, porta un fusil para defender a su gente y lleva en sus brazos a su pequeña hija. Madre y combatiente por la libertad de su pueblo, fue la esposa de Uleida Mohamed Ali, uno de los más prósperos comerciantes saharauis, quien dejó toda su fortuna para luchar junto a Luali Mustafa Sayed contra la invasión marroquí y mauritana del Sahara. Uleida cayó junto con Luali el 9 de junio de 1976 en el ataque contra la capital de Mauritania, Nuakchott. La fotógrafa dispara su cámara. Así Nueina, mirada al frente, vestida con una desgastada melhfa negra que cubre la gruesa trenza enrollada en lo alto de su cabeza, es inmortalizada para la Historia.
La icónica foto de Nueina me acompaña y me llena de fuerza en esta larga marcha de apoyo a la causa saharaui. El profesor y escritor Bachir Lehdad me hizo el favor de entrevistar a Nueina Edjil en su jaima el pasado mes de abril de 2017 y la traducción ha corrido a cargo de mi compañero Bahia Awah. Además de una serie de preguntas que yo quería hacer a la histórica militante saharaui, pedí a Bachir que le interpelara sobre la actualidad de la causa y que dejara un mensaje para el movimiento solidario español. Porque tenemos que escuchar a los saharauis, y en especial a estos referentes, los militantes que tienen tanta memoria y vivencias.
¿Qué piensas sobre la situación actual de la causa?
Es la misma que la de aquella antigua foto. Tengo derecho a disfrutar la libertad y la independencia si existe la justicia, sabiendo que desde el primer momento la causa saharaui es una causa legal y justa. Pero lo más triste de todo esto es que el poder superior que controla y vigila la justicia y que debe diferenciar entre el agresor y el agredido, para mí aún no existe. Esta es mi opinión, yo, Nueina Mint Edjil. Existen argumentos que ratifican que el Sahara Occidental es de los saharauis, estos argumentos se demostraron, lo sabe el Consejo de Seguridad, lo sabe Naciones Unidas y lo saben los aliados y amigos y también el enemigo. Pero lo más triste de todo es que todos los organismos que demostraron esto y que deberían ratificarlo y juzgar entre el agredido y el agresor, están muy lejos de hacer justicia. Somos un pueblo que por cuestión del destino fuimos repartidos en dos partes, una permaneció en las zonas ocupadas y la otra vino al exilio, en esta tierra de la querida Argelia. Las palabras que pronuncia en los territorios ocupados el inteligente, el anciano, el joven, la joven, en las cárceles y en las salas de los tribunales es el mismo lenguaje que nosotros en los campamentos hablamos.
Marruecos no tiene soberanía sobre nuestro territorio, nunca tuvieron abuelos o padres enterrados en territorio saharaui. Los marroquíes fueron empujados por la monarquía a una guerra injusta, con el apoyo francés y el de los Estados Unidos. Y no se han visto decisiones que puedan presionar sobre el régimen para crearnos a los saharauis las condiciones para poder manifestarnos sobre nuestro futuro. Aunque nosotros no deberíamos ni siquiera hacer un referéndum porque la tierra es nuestra. Yo soy saharaui, mi vestido no es una chilaba; mi hogar es una jaima con las cuatro puertas abiertas. En mi casa puedo agasajar al invitado sin la presencia de mi marido, o sin la presencia de mi hermano. Yo tengo unos valores morales que emanan de mi sociedad y mi cultura, que me diferencian de otros pueblos que usan la chilaba y me diferencian de otras a las que sus maridos las encierran en casa. Las pretensiones de marroquinizarme a mí y a los saharauis, evidentemente han sido frenadas por nuestra cultura, nuestro su nivel y nuestra preparación. Como decimos en nuestro ejemplo “qué camella tan domada que la ordeña un marroquí” (en alusión a que el camello no representa para los marroquíes lo mismo que para los saharauis). La realidad de todo el proceso hoy y ayer no nos ha demostrado que el invasor tenga moral, y ejemplo de ello son ancianas gimiendo en cárceles a causa de torturas, enfermos en las cárceles, los recursos expoliados, bombas sembradas en el territorio. Ante esta situación no sé qué espera el mundo de nosotros.
Queremos que nos deje un mensaje para el movimiento de solidaridad español.
He estado en Madrid y me he encontrado con el movimiento solidario y me preguntaron qué quería que hicieran. Les respondí que en todas las comunidades, en puestos de gobierno hay personas que tienen familiares, conocidos y amigos que nos conocen y nos proporcionan apoyo humanitario, lo agradecemos pero no hemos venido a la tierra del exilio para pedir comida. Hemos venido para algo más allá, para luchar por la consecución de nuestra independencia y el retorno a nuestra tierra. Agradecemos al movimiento solidario su apoyo pero queremos un apoyo político que presione al gobierno del estado español. Yo tengo mi DNI español. Dicho esto, reitero mi saludo al movimiento español y europeo de solidaridad con el pueblo saharaui y les apelo a presionar a sus gobiernos para que influyan sobre la monarquía marroquí, a fin de hacer caso a la voluntad del pueblo saharaui y la celebración de un referéndum transparente y justo a través del cual decidiremos nuestra autodeterminación. Denuncio el expolio de nuestros recursos naturales. Denuncio las violaciones de los derechos humanos que sufre nuestra población en las zonas ocupadas, la persecución y el acoso constante y pido el fin del bloqueo para que los observadores y los periodistas puedan entrar en el territorio ocupado y denunciar la situación y las verdaderas intenciones del régimen marroquí.


Guadalupe Plata y Cabezafuego, o cómo pasar una noche de sábado



No es cuestión de desperdiciar la posibilidad de pasar una noche de sábado, en mitad de un largo puente, disfrutando de un gran directo. Y si es con bandas como Guadalupe Plata y Cabezafuego, mucho mejor. El sábado 29 de abril nos quitábamos por fin la espina de ver un concierto de los de Úbeda, ya tocaba. Fue en la Ocho y Medio, en una Malasaña rebosante de gente y animación y en fiestas.
A Guadalupe Plata se les ha etiquetado de las formas más peregrinas: rock pantanoso, psychoblues, blues-punk, blues tóxico. Ocho años de carrera y cinco discos, el último recién publicado, son la mejor prueba de que cuando se tiene claro lo que se hace y se hace con calidad y gusto, las cosas funcionan.
La banda presenta un directo demoledor. Encadenando temas sin pausa, ofrecen una descarga brutal de rock sin fisuras ni respiro. Lo principal es la música, por encima de las letras, la imagen de la banda o la puesta en escena. Parquedad que llevan a gala, lo suyo es tocar, y cómo tocan.
Tres músicos impresionantes forman Guadalupe Plata. Pedro de Dios a la guitarra y la voz, Carlos Jimena a la batería y Paco Luis Martos al bajo. Pedro, situado en el centro del escenario, hace lo que le da la gana con la guitarra, la golpea, la mima, la acaricia, la hace gritar, es un guitarrista elegante y poderoso; sus aullidos y lamentos son el único adorno imaginable para la inquietante música de este trío. A su derecha Paco, con un bajo cuadrado (que nos recordaba por forma al tidinit saharaui) y a ratos con ese palo metido en un barreño metálico que tanto llama la atención. Y al otro lado, ofreciéndonos su mejor perfil, Carlos un batería magnífico, marcando un ritmo endiablado durante toda la noche, acompañando una ejecución impecable con maracas y pequeños cencerros .
Un concierto generoso, en el que el rendido público aplaudió, aulló y coreó temas como “Milana Bonita”, “Baby, me vuelves loco” o “Calle 24”, además de las canciones de su último disco “Guadalupe Plata 2017” (sí, todos sus discos se llaman como ellos), con un perrillo malencarado y goyesco pintado por Pedro de Dios. Algunos dicen que ha dado nombre extraoficial al disco, “Perro de Vieja”. Impresionantes, un grupo de creciente proyección internacional que es obligatorio ver. 
Si los Guadalupe Plata son parcos en palabras, su contrapunto está en el verborreico líder de Cabezafuego, bailón, charlatán y pizpireto a partes iguales. La banda la integran Iñigo Cabezafuego (ex Athom Rumba), a la voz, los teclados y los bailes, más la guitarra del músico y magnífico ilustrador Oskar Benas (suyo es el cartel del concierto), Ander Zabalza a la batería y Asier Brutal al bajo. Presentaban su nuevo disco-tebeo, “Somos droga”, con un Iñigo vestido con camisa de chorreras y chaqueta roja y ejerciendo del torrencia “frontman”. “Somos peligrosos. Somos navarros”, reivindicaba entre baile y baile, a pesar de que la moqueta dificultara el movimiento de sus pies (sic).
Las canciones de Cabezafuego, que dan para novelas y películas, son el azote de los posturitas, los indies y los guays. Tremendamente narrativas, Iñigo se ríe en sus letras de situaciones en las que podemos vernos inmersos cualquiera de nosotros. Ya lo dejó patente en una de sus canciones más conocidas, “El traje nuevo del emperador”, con una descacharrante y certera letra, o en todo su anterior disco “Camina conmigo”, con temas tan brillantes como “Resaca de un bohemio”, de nuevo una historia de cuarentones peterpanes, que huyen de la madurez. Es la segunda vez que veo en directo a Cabezafuego y la verdad es que son para repetir.
Por último destacar también la importancia que ambos grupos dan a la ilustración en sus discos, carteles, merchandising y videoclips, lo que hace que nos gusten aún más. Muy buena noche.
GUADALUPE PLATA + Cabezafuego en el Ochoymedio. 29 de abril de 2017.


“Dulceagrio” de Stephanie Danler. Irresistible historia de cocina, mentoría, desilusión en Nueva York


Nueva York y cocina. Dos temas para mí irresistibles en esta novela de aprendizaje y desilusión, “Dulceagrio”, escrita por Stephanie Danler, quien también ha trabajado en el mundo de la restauración al igual que su protagonista. Sobre lo que pueda haber de autobiográfico en el libro ella se lo quita de en medio de manera expeditiva, es una pregunta “sexista” que no se suele hacer a los hombres. La autora se remite a Safo para explicar por qué no “agridulce”, es, dice Danler, “dulceagrio, porque es así como funciona el amor”.
Recuerdo haber leído con gusto en mi juventud algunos libros sobre placer y comida, es el caso de “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel o “Afrodita” de Isabel Allende. Las sensaciones que despierta comer un tomate de verdad o unas uvas con queso, algo de lo que disfrutaban con total naturalidad nuestros abuelos, ha saltado a la alta cocina y es coto de unos cuantos privilegiados por culpa de la industrialización de los alimentos, que mató su esencia, su “terroir”. “Ahora nada sabe a nada”, “Las cosas sencillas, bien ejecutadas, siempre son las más memorables”.
Hay dos actitudes frente al comer, el “sólo es comida” o “la cocina es una iglesia”. En esta novela se entiende la buena comida como una experiencia mística y sensual. Así, uno de los aspectos de la novela que han llamado la atención es la voluptuosa descripción de la primera vez que la protagonista prueba una ostra, regada con cerveza negra. La autora explica que no quiso tomar ese camino haciendo reiteradas descripciones de platos por miedo a caer en el #Foodporn, ese fenómeno que triunfa en las redes por el que la comida es presentada de forma tan seductora que parece un sustito del sexo.
“Dulceagrio” es una novela de iniciación que narra la historia de Tess, una joven que llega a Nueva York para encontrar su lugar en el mundo. Otro tema irresistible para mí. Buscando trabajo recala en un prestigioso restaurante y cree al fin haber encontrado un sitio al que pertenecer. Sin embargo, llegará la desilusión, ese grupo con el que comparte tantas horas del día no es una familia. El restaurante no puede ser un “país de las maravillas” porque es trabajo y porque sus compañeros la superan en edad y experiencia. Tess no se moverá entre iguales y eso le pasará factura.
El escenario aparente es Nueva York, una ciudad “terrorífica, bárbara y sin aliento”, implacable con quienes la habitan, “Es ridículo vivir aquí”, pero altamente adictiva, “Nunca podré irme”. Quienes la viven son “criaturas salvajes, sonámbulas”, que se mueven “sin prisa hacia nuestra propia desaparición al amanecer”. Pasar por Nueva York cambia la vida para siempre, “Mi vida anterior a la ciudad sólo había sido una reproducción”. Sin embargo, el verdadero escenario de la novela es un famoso restaurante, donde acuden expresidentes y alcaldes, actores, escritores, editores o financieros. El extenuante trabajo apenas permite sus empleados disfrutar de la ciudad; así quedan al margen de la vida “normal” de los miembros del club de “los-de-nueve-a-cinco”, de ahí su avidez de diversión cuando los otros se van a dormir.
El complejo engranaje del restaurante se mantiene gracias a una jerarquización casi militar de la plantilla. Pero además el trabajo, pensado por como temporal aunque muchas veces se convierte en definitivo, tiene algo de ritual, “es una ceremonia que denota afinidades”. Los empleados deben poseer un plus, “el cincuenta y uno por ciento”. Para trabajar en el restaurante hay que ser optimista, curioso, preciso, compasivo, pero sobre todo saber desenvolverse entre la gente rica, con estilo y poderosa; no es sencillo, los camareros deben estar preparados para charlar con los clientes sobre moda, arte, museos, viajes, cine, y por supuesto comida y vino, deportes y el tiempo: “Eras un compendio de información disponible que la gente aprovechaba mientras bebía y huía de su vida diaria”. Su objetivo es hacer “que los invitados (clientes) sientan que estamos de su parte”. La gente va al restaurante “sólo para tener la impresión de que la cuidaban”, pero hay que mantenerse a una cierta distancia, “Los clientes habituales no son amigos, son invitados”.
Contada en primera persona como una aparente historia de desamor, variante chica que se enamora de un tipo malo, Jake, y quiere salvarle: “Amaba su fantasma. Porque yo veía un héroe hermoso, atormentado. Rescate y redención. Nunca lo vi a él”. Es de esperar que reciba a cambio un buen palo: “Cometí un pecado de amor: confundir la belleza y una bonita canción con el conocimiento”. Sin embargo, se trata en realidad de una historia de desilusión, del peligro de la confianza ciega, de equivocarse al entregar el corazón a amigos largamente deseados: “Los había elegido a ellos dos. Ellos eran el terreno difícil”. Tess cae en el tremendo, y tal vez inevitable, error de la idealización,“Es un juego peligroso. Las historias que nos contamos a nosotros mismos”.
Más allá de la historia de amor, “Dulceagrio” una historia de mentoría e iniciación. Ahí entra en acción Simone, una experimentada camarera, amiga (y mucho más) de Jake. Culta, brillante, enigmática, afectada, dionisiaca, al tiempo “desordenada y precisa”, Tess la considerará su mentora y formará con ella el tercer vértice de ese triángulo de amor y hermandad que la joven protagonista se empeña, erróneamente, en crear. “No sabía lo mucho que los había echado de menos y cómo los había esperado”.
Como novela de iniciación, aparecen numerosas reflexiones sobre la juventud de la mano de Simone, no mucho mayor que Tess, pero sí con una mentalidad y actitud adusta e implacable. Simone mira con suficiencia a las mujeres de las nuevas generaciones, las que se refieren a sí mismas como “chicas” en lugar de como “mujeres”, les reprocha su ligereza, “Se les ha enseñado a expresarse en jerga, con clichés, con sarcasmo... y todo eso es lenguaje débil. La superficialidad del lenguaje influye en las experiencias; en vez de asimilarse se vuelven desechables”. A Tess le recriminan su juventud, “Los jóvenes habláis como si todo fuera cuestión de vida o muerte”; “Aún eres demasiado joven para creer que cada experiencia te mejora a largo plazo, pero eso no es cierto. ¿Cómo supones que se supera el daño?”. Tess, veinteañera, es la mascota, cree que la subestiman, que siempre están dándole lecciones, “Tú contienes multitudes. Hay una aglomeración de experiencias traspasándote. Y quieres vivir cada experiencia sabiendo lo que es en todo momento”, pero ella se defiende: “Tenéis pánico a la gente joven. Os recordamos las pérdidas que habéis sufrido al volveros más cínicos, indiferentes, desencantados. (...) No tengo que hacer nada que no quiera hacer”.
Jake, el elegido por Tess para enamorarse, es un “tipo malo”, poeta, músico y carpintero, bebedor y bisexual, “Era un animal que siempre tenía hambre”, consumidor de ciertas drogas, ha vivido en diferentes países y está preparando una tesis sobre Kierkegaard, “parte de su trabajo consistía en que lo miraran”. Un auténtico “Don Perfecto”, como lo define Tess, “Su perfección de libro da miedo. Cuando te miraba era la única persona que te entendía, te sorbía y te tragaba. Podía apagarse como una bombilla y yo me quedaba a oscuras, esperando”. Deslumbrante, Jake es de esos que siempre se está escapando: “Todos los animales bellos saben cuando los persiguen”.
Afirma la editorial que la novela “subvierte el arco narrativo habitual de los cuentos de hadas”. Así, en el restaurante crean un “mundo tal como debería ser. No debemos prestar atención a cómo es en realidad”. Ofrecen una representación del mundo a través de la comida, “Controlamos cómo experimentan el mundo: vista, oído, olfato, gusto y tacto”. Es una experiencia que va más allá de simplemente comer. Juegan a crear una ilusión a partir del paladar, porque “dirigir un restaurante es como organizar un escenario”. Cuando termina el trabajo y recogen cae el telón y cada uno se transforma en otras personas.
Novela muy bien escrita, moderna, brillante, entretenida. En absoluto ligera, “Dulceagrio” guarda entre sus páginas mucho más de lo que se puede pensar al comenzar a leerla. Llena de frases para subrayar y guardar, que no voy a reproducir en esta reseña porque se convertiría en eterna.
Dulceagrio de Stephanie Danler. Editorial: MALPASO, 2017. ISBN: 978-84-16665-64-8. Páginas: 368.


Irvine Welsh, optimismo para el fin de una época. El autor de “Trainspotting” en La Noche de los Libros


Entre los fans de la saga Trainspotting, de los que formo parte, soy de los que primero han leído la trilogía de Irvine Welsh (Trainspotting, Porno y Skagboys) y luego han visto las dos películas; sí no vi Trainspotting hasta el verano de 2015. Habiendo disfrutado las novelas, descubrí a Irvine Welsh a través de una espléndida entrevista que le hizo Kiko Amat para Jotdown en agosto de 2014 en la que hablaba sobre su infancia y juventud, su origen obrero, su dualidad entre la droga y la juerga y el arte, el fin de la juventud o el éxito.
Por eso, y por el tirón mitómano que siempre me arrastra, cambiamos de plan para La Noche de los Libros en cuanto me enteré de que el escritor escocés estaría departiendo en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol, donde hace un par de años también pude ver a otro de mis escritores favoritos, Hanif Kureishi. En esta ocasión Irvine Welsh charló con el escritor y periodista Manuel Jabois, como plato final de una apetitosa noche que había abierto Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2017 y continuado el italiano Alessandro Baricco.
Manuel Jabois comenzó su entrevista con Welsh afirmando que Margaret Thatcher fue la causa principal del consumo de droga en el Reino Unido. Así transcurrió una entrevista en la que el autor escocés dejó importantes reflexiones.
MANUEL JABOIS: ¿Cómo se encontrarían sus personajes ahora?
IRVINE WELSH: Estamos viviendo el final de algo, con la concentración del dinero en manos de unos pocos, con inseguridad y sin saber qué va a pasar. Trump, Le Pen o los del Brexit no son las personas que deberíamos escuchar, creen que a base de eslóganes tienen las respuestas a los complicados problemas a los que nos enfrentamos. Hemos llegado a un punto en el que debemos elegir entre esclavitud o libertad. ¿Queremos vivir bajo el mando de esta gente autoritaria? Se mantienen gracias a la propaganda. Hay que diseñar estructuras más abiertas y cooperativas.
M.J. “Elige”, como en Trainspotting. Pero son los votantes los que eligen estos gobiernos. Los gobiernos son consecuencia de una sociedad.
I.W. Parece que ahora iríamos a la cámara de gas bailando, como en un reality show. El ser humano escucha al que le da respuestas fáciles. Es un momento en el que se está rompiendo el capitalismo, la industrialización, el género, ¿cómo sobreviviremos como especie?, ¿salvaremos el mundo? La ciencia ficción de repente empieza a formar parte de nuestra realidad contemporánea. El sistema financiero se derrumba, nos enfrentamos al cambio climático, todo esto forma parte ahora de nuestra existencia cotidiana.
M.J. ¿Cómo fue la gestación de Trainspotting?
I.W. Cuando tomaba muchas drogas, también heroína, no era capaz de concentrarme en nada. Sólo escribía unos diarios con dibujos, lo hacía de manera compulsiva. Así conseguí desintoxicarme. En los diarios había observaciones divertidas pero no podía publicarlos tal cual. Para escribir hay que tener un gran ego, pensar que a alguien le va a interesar leerte, y a la vez sientes tu pequeñez, es contradictorio, una forma de observarse a uno mismo desde fuera.
M.J. ¿Le creó problemas en su círculo íntimo?
I.W. Yo estaba aterrado, mi madre me dijo que por qué tenía que lavar los trapos sucios en público. Luego con el éxito se alegró y ahora está de acuerdo con todo, incluso lee mis libros. Finalmente mis amigos y mi familia me apoyaron en este proceso, extraño para ellos.
M.J. ¿Qué le ha parecido T2: Trainspotting?
I.W. Nos ha llevado mucho tiempo hacerla. Hace diez años empezamos pero se pospuso, y hace tres años volvimos a ello. Alquilamos una casa en Edimburgo para sacar el guion. Creo que lo hemos conseguido. Porque antes eran aventuras de chavales pero ahora los actores también habían envejecido, lo que da a la película mayor complejidad, es más que una continuación. Estamos encantados con el resultado y liberados. La gente estaba muy pendiente del resultado, sobre todo en Edimburgo.
M.J. ¿Cómo se tomó Edimburgo el éxito del libro y la película?
I.W. En Edimburgo la gente de a pie es maravillosa. Otra cosa son los que se creen responsables de la imagen de la ciudad, no quería que habláramos de cosas negativas.
M.J. ¿Qué dirían los camellos?
I.W. Algunas veces me los llevo a las lecturas y gritan alguna anécdota que me avergüenza. Tanta gente ha pasado por estas situaciones, algunos han muerto, otros no han cambiado, se sienten todavía conectados con ese mundo.
M.J. En “La vida sexual de las gemelas siamesas” insiste en el tema de la obsesión y la adicción, en este caso la exhibición de la vida privada.
I.W. Quería hablar sobre la cultura de las “noticias de última hora” en América, donde se fabrican héroes y villanos a cada momento, todo el tiempo hay necesidad de vender historias.
M.J. ¿Cómo lleva su imagen pública de escritor conocido?, ¿se ha fabricado un personaje usted también?
I.W. Sí, es lo más difícil para los escritores. La escritura me liberó, por fin encontré algo que se me daba bien. Quieres más, quieres escribir todo el día. Pero pasar todo el tiempo encerrado con alguien que no existe no es bueno. Yo no sólo escribo, voy a presentaciones, hablo en los medios, eso es difícil y nadie que te prepare para ello. Pienso en que todo esto se puede derrumbar. Cuando los libros van bien, me relajo.
M.J. ¿Ha temido el bloqueo creativo tras un éxito?
I.W. No he tenido nunca problemas. Cuando estoy con un libro me olvido del anterior. Me obsesiono con lo estoy escribiendo. Me encanta la página en blanco, pasar página y empezar algo nuevo. Tengo múltiples ideas para nuevas obras. No busco ideas sino tiempo para escribir.
M.J. ¿No ha tenido la tentación de “entrar” en alguno de sus libros?
I.W. Nunca me he querido mostrar como personaje de ficción. La ficción es más interesante que la vida real. El escritor de ficción debe buscar lo dramático, lo improbable, crear personajes reales pero desde una construcción. ¿Para qué meterse en eso? No debes ponerte en el camino de la ficción.
M.J. Sin embargo la ficción sí se mete en la realidad. Cuando en Skagboys se menciona que con sus vidas se podría hacer una película o en T2 la posibilidad de publicar una novela con los diarios de Spud.
I.W. Sí, se trata de divertirse, de jugar con los personajes, hacer cosas inesperadas.
M.J. ¿Con qué personaje suyo conviviría?
I.W. Creo que con ninguna, está bien escapar de ellos, ya paso demasiado tiempo con mis personajes.
M.J. Parece ser que afirmó que a quien más se parece es a Sick Boy.
I.W. Espero que estuviera tergiversado. No recuerdo haber dicho esas palabras. Renton es el personaje principal, cuando llegó el nuevo milenio Sick Boy era el protagonista por manipulador. Ahora parece que el protagonista es Begbie. Spud es el que no sabe lo que pasa, pero quiere averiguarlo.
M.J. ¿Se necesitan muchas traiciones para ser feliz?
I.W. No arruinaría a mis amigos, porque me matarían, pero ¿de qué va la vida? Recibimos tanto de los amigos, pero luego es sofocante y volvemos hacia nosotros mismos. La vida es acercarte a la gente y luego alejarte y rechazarla para encontrar tu individualidad. Eso se repite en la vida, el equilibrio entre lo que somos y la necesidad de amistad y comunidad.
M.J. Y volvemos a Margaret Thatcher. La juventud de la indiferencia, del extremismo, causantes de que haya vuelto el fantasma de Thatcher. Esa falta de lucha es la causa de lo que sucede.
I.W. La droga ha sustituido al trabajo. Ya no vamos a fábricas ni a la oficina. Sólo queda la calle y la droga para estar en la calle. Son sociedades de transición. Como en el feudalismo cuando se migraba a la ciudad. Ahora el capitalismo ha pasado al conceptualismo, no generamos bienes físicos sino información, las drogas son una epidemia. Con el capitalismo nos desvinculamos de la tierra y ahora la vida está automatizada. Las drogas son un indicador de esta transición. No hay un proletariado industrial sino una ciudadanía global, fuera de las élites corporativas. Es una época confusa pero emocionante. Las élites tienen un poder absoluto en el Reino Unido. Ponen la propaganda del partido conservador en la BBC en tu propia cara. Ahora se han convocado nuevas elecciones y hay veinte diputados imputados por fraude electoral. Las élites en realidad están jugando la última partida. Ellos tienen el control y el dinero, con partidos políticos y una ciudadanía que lo acepta todo. Pero están perdiendo el poder sobre los ciudadanos, porque no pueden pagar los salarios. Entonces queda cogerles los bienes. La clase media se ha desgastado, han sido succionados pero eso no puede permanecer. Después de quitarle todo a la gente, ¿qué haces después? Si no hay salarios haremos lo que nos dé la gana, crearemos una economía compartida, esto ya está empezando. No hay precedentes de esto. Esto explica la rabia de la clase política y empresarial.
Tras estas preguntas se dio la palabra al público. Se escucharon interesantes cuestiones dirigidas al escritor, sobre cómo no llegar a ser un monstruo consumista tras convertirse en un autor de éxito. O su visión del Leith actual, que él encuentra cambiado a mejor, “más acogedor y multicultural, ahora es un lugar de moda, en parte gracias a Trainspotting”. Welsh se muestra optimista, aunque no sabe por qué. Nos recomendó más música, relajarnos y bailar, “aún queda esperanza en la humanidad, que se adapta a todo”. Y sobre si siente que él es el menos conocido de todo el fenómeno Trainspotting, Welsh respondió que un escritor no debe ser una celebrity, “ese rol es para los actores”. El escritor “debe estar en lo oscuro”. Según sus palabras “cuanto más exitoso es algo, más se aleja de tus manos; como escritor entregas algo al mundo, no debes comisariarlo”.
“Mi vida no era como yo quería por eso me metí en la escritura y me liberó”, “Ahora me invitan a fiestas en jardines pijos. Me gustaba más cuando me insultaban”, Irvine Welsh demostró sus tablas y simpatía durante la entrevista y durante la posterior y eterna firma de libros. Poder estar a un paso del escritor nos permitió apreciar lo alto que es y su amabilidad con sus lectores, aunque mientras firmaba sus pequeños ojos azules miraban a lo lejos, supongo que estimando lo que le quedaba aún por firmar.