Cerramos un año de blog. Volvemos en septiembre #Hzlqdbs



Desde que abrimos una nueva etapa en Haz lo que Debas en octubre de 2013, el blog ha ido creciendo y tomando poco a poco su forma. Este año hemos estrenado además nueva imagen, diseñada por el amigo Marino Masazucra, ilustrador de la portada de Sin Pedir Permiso, y con retrato de servidora realizado por Jesús Romero.
Finalizado el descanso vacacional, reabríamos el blog el pasado 1 de septiembre de 2016 con una reseña de la fascinante novela de Dana Spiotta “Inocentes y otras”, editada por Turner y que se ha convertido en una de las entradas de #Hzlqdbs con más visitas. El libro sin duda lo merece. Hemos disfrutado de un montón maravilloso de lecturas que he querido compartir en diferentes reseñas. Muchas de ellas recomendación del Gabinete de Lectura de La Central. Aunque este año lo hemos terminado con la mala noticia (aunque sea muy positiva para él) de que nuestro querido Jesús Casals haya dejado el Gabinete al trasladarse de ciudad. Este año he reseñado varios libros de los que hemos leído en el grupo. La lista de títulos es magnífica: “Tea Rooms. Mujeres obreras” de Luisa Carnés, “Manual de exilio” de Velibor Čolic, “Del color de la leche” de Nell Leyshon, “La bendición de la tierra” de Knut Hamsun, “Cómo dejar de escribir” de Esther García Llovet, “El balcón en invierno”, de Luis Landero, “La importancia de no entenderlo todo” de Grace Paley, “Musa décima” de José Mª Merino y en especial la sensacional colección de relatos de “Manual para mujeres de la limpieza” de Lucia Berlin, un libro imprescindible. Echaremos mucho de menos al gran Jesús Casals, que nos ha ofrecido unos años de maravillosas lecturas, implicación, calidez, amistad y que ha realizado con nosotros un gran trabajo. Desde aquí millones de cariños, Jesús, he aprendido muchísimo de ti y ojalá se me haya pegado algo.
En mis búsquedas he encontrado otros libros que también me he animado a reseñar, como “Dulceagrio” de Stephanie Danler, una irresistible historia de cocina, mentoría y desilusión ambientada en Nueva York y editada por Malpaso, con una portada que me ha gustado especialmente. Y es que este curso ha estado dominado por literatura femenina de enorme potencia y calidad. Es el caso de “Vernon Subutex1” de Virginie Despentes, primera parte de una trilogía. Nos ha gustado tanto, tanto, que estamos deseando continuarla. Contaremos. Y sobre todo mi gran sorpresa de este año ha sido “Ropa Música Chicos” de Viv Albertine, la que fuera guitarra del grupo punk femenino The Slits, un ejemplo de deliciosas memorias rock y de literatura de empoderamiento de la mujer. Maravillosa Viv a la que tuvimos el honor de conocer y saludar en Barcelona (aún no me lo creo).
Otros libros reseñados este año han sido la colección de relatos de ausencias y abandonos que nos ofrece Jesús Barrio en “Lo que no está”; el magnífico “Estabulario”, un plato desagradable y adictivo servido por Sergi Puertas, tecnología y misantropía para “consumidores insatisfechos del mundo”, en lo que ha sido sin duda una interesante apuesta de la editorial Impedimenta. Hemos disfrutado también de la lectura de “La edad media” de Leonardo Cano, que recoge las ilusiones incumplidas de una generación; “La gran ola” de Daniel Ruiz García, una magnífica novela sobre el tongo del coaching para maquillar la crisis o “Pantanosa” del desaparecido escritor murciano Francisco Miranda Terrer. Un apartado entero le dedicamos a otro escritor murciano, Miguel Hernández Navarro, preferidísimo en esta casa; sus diarios literarios “Presente continuo” y “Diario de Ithaca” nos han proporcionado innumerables horas de felicidad lectora.
En nuestro apoyo a la literatura saharaui, este año hemos participado en varias iniciativas relacionadas con literatura africana. Con nuestra lectura y comentario de “Tiris, rutas literarias”, el libro del escritor e investigador saharaui Bahia Awah participamos en las #100lecturasafricanas Muy agradecidos por la invitación de LitERaFRicAs, el magnífico blog de Sonia Fernández Quincoces, gracias al que disfrutamos de más de 100 lecturas de autores africanos, entre otros, la de “Ritos de jaima”, de nuestro querido Limam Boicha. El día de mi cumpleaños, 1 de octubre, tuve el gusto de pasarlo en #SaberEsPoder Feria del libro, los medios y la cultura africana en España, invitados por Antumi Toasijé, Bahia Awah participó en la mesa redonda “Novísima Literatura africana en español”, muestra del sitio que la literatura saharaui en español se está haciendo junto a las literaturas de otros países de África. Y entre las lecturas africanas hemos disfrutado con la lectura de una gran novela, “El metro”, del escritor ecuatoguineano Donato Ndongo, además de asistir a la sesión del club de lectura de Mamah África dedicado a esta novela. También tuve la suerte de acompañar a los escritores saharauis Zahra Hasnaui y Bahia Awah en la conferencia y posterior recital en apoyo a los refugiados “Todos nacimos en el Mediterráneo”, dentro de las actividades de Getafe negro.
Como no puede ser menos en un blog tan melómano como es #Hzlqdbs este curso ha estado repleto de música y conciertos. Hemos disfrutado de la música hipnótica de The Brian Jonestown Massacre, vibrado con la potencia de Guadalupe Plata y divertido con Cabezafuego, todo un showman en directo. Las Fiestas castizas de San Isidro nos dieron la oportunidad de disfrutar de la maravillosa Soleá Morente, que ofreció un concierto realmente bonito. Y por segunda vez pudimos ver a los murcianos Los Marañones, en esta ocasión en Madrid, con sus preciosas canciones que hacen volar. Y aunque lo nuestro es el universo rock, también disfrutamos de una pura delicia de concierto de música de raíz del Sureste español, con músicos de Murcia y Albacete, agrupados bajo el nombre de Estamos de Huerta. En música no podemos olvidar a David Bowie, a quién despedíamos este 2017 desde el blog. Tenemos pendientes una reseña sobre la monumental exposición dedicada al artista, “Davi Bowie Is”, que pudimos ver en Barcelona. Como adelanto, NO se os ocurra perderla.
El curso 2016-17 nos ha ofrecido la posibilidad de asistir a presentaciones, exposiciones y eventos de lo más interesantes. Pudimos escuchar a Irvine Welsh, el autor de “Trainspotting” en la pasada Noche de los Libros en Madrid; el gran autor (en todos los aspectos) nos firmó la primera parte de su trilogía, un honor. En enero asistimos a la presentación de un obrón, “Punk, pero ¿qué punk? (Guía incompleta del punk nacional)” de Tomás González Lezana, un “Máster” musical en el que el autor junto con Monje de Larsen y Demi de La Stasi, resumieron cuarenta años de punk nacional; ahí es nada. O la presentación en Madrid de “La levedad” de Catherine Meurisse, novela gráfica de una ilustradora de la revista Charlie Hebdo, editada por Impedimenta y que ha sido uno de los éxitos de la temporada. Muy interesante también la exposición en el Museo del Traje de Madrid dedicada al arte (música, vestuario, pintura, objetos de decoración) del siempre genial y excesivo Tino Casal. Acudimos también a la presentación de la Editorial El cañón de Garibaldi, la carpeta “Trío en Super 8” con grabados de Alberto Pina y texto de Andrés Barba.
Después de mucho tiempo detrás de asistir al Primera Persona lo logramos este año. Allí los escritores Carlos Zanón (muy preferido en esta casa) y Juan Pablo Villalobos reflexionaron sobre la memoria personal como fuente de inspiración en la literatura. Pero el gran puntazo fue sin duda el gran Jon Savage, el historiador del punk, autor de esa biblia que es el “England’s Dreaming” y de un libro, “Teenage”, sobre la historia de la “cultura juvenil”, un gusto escucharle. También pudimos disfrutar de un bello acústico de Joe Pernice, autor de “Esta canción me recuerda a mí”, que tengo previsto que sea una de mis lecturas de este verano. En esa línea participamos el pasado septiembre en el “Bookstock”, tres días llenos de literatura, rock e independientes en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS). Sin olvidar un evento al que acudimos movidos por nuestra querencia por los artistas gráficos e ilustradores, así participamos con enormes ganas en C.A.L.L.E. Lavapiés, disfrutadísimo.
Y siempre presente el Sahara en #Hzlqdbs Hemos tenido la oportunidad de asistir a las presentaciones de interesantes trabajos relacionados con el Sahara como el libro de memorias “Los veintidós años del coronel Bens en el Sahara”, prologado por nuestro querido Pablo Dalmases; o dos trabajos dedicados a la escritora china Sanmao, gracias a la que todos los chinos conocen el Sahara Occidental. Así, asistimos a la proyección del documental “Sanmao, la vida es el viaje”, de Mª Jesús Alvarado y a la presentación de su libro “Diarios del Sahara”, editado por primera vez en español por Rata Editorial. También disfrutamos de una interesante entrevista con la histórica militante saharaui Nuena Edjil, protagonista de la histórica foto de Christine Spengler tomada en 1977 en los campamentos de refugiados saharauis: “La resistencia es la llave de la esperanza”, es uno de los titulares que nos dejó, gracias a la mediación del intelectual saharaui Bachir Lehdad, gran amigo, quien nos grabó la entrevista en la jaima de Nuena. En apoyo a los presos políticos saharauis y para que la llama del campamento de #GdeimIzik no se apague, reanudamos la campaña de venta de “La primavera saharaui”, un libro cuyas ventas han ayudado a que las familias de los presos políticos del campamento de la dignidad puedan asistir al juicio farsa celebrado en Salé, Marruecos. Federico Guzmán, con varias obras suyas presentes en una exposición del Ayuntamiento de Madrid plasmaba el “tiempo de desamparo” del pueblo saharaui. También hemos apoyado el libro sobre la inolvidable cantante saharaui Mariem Hassan escrito por sus productores en Nubenegra durante casi veinte años, Zazie Schubert-Wurr y Manuel Domínguez, “Mariem Hassan. La voz indómita (del Sahara Occidental) es un testimonio imprescindible.
También hemos disfrutado, y lo hemos contado, de estupendos documentales, siempre con el leivmotiv musical que tanto nos tira. Hemos reseñado documentales tan vibrantes como “Omega”, que conmemora los veinte años del mítico disco de Enrique Morente y Lagartija Nick; el Centro Social Reokupado y Autogestionado La Quimera de Lavapiés acogía una proyección de “Lo que hicimos fue secreto”, un documental que narra la Historia con mayúsculas del punk en Madrid. Dentro del Festival In-Edit pudimos estar presentes en la proyección de “Rude boy”, un rockumentary sobre The Clash, rodado en 1980. Y disfrutamos de lo lindo con “Eight days a week”, revisitación del fenómeno Beatles a través de sus conciertos.
En cuanto a cine, reseñamos la muy esperada “T2: Trainspotting”, secuela de la mítica película basada en el exitoso libro de Irvine Welsh, “Animales nocturnos”, de Tom Ford, una gran película basada en la novela “Tres Noches” de Austin Wright, que nos gustó mucho. Este año trajimos al blog dos grandes películas españolas “Que Dios nos perdone” y “Tarde para la ira” de Raúl Arévalo. Este cine español sí, por supuesto.
Para finalizar también hemos tenido presencia en la radio. Tuvimos ocasión de participar en la Feria del disco y del libro de Radio Vallekas, gracias a la invitación de Valeria Surcis, y nos encontramos en nuestra salsa, rodeados de fanzines, ilustradores y música. Además de participar en el programa De uno en uno de Onda Madrid, donde le contamos a Isabel García Regadera que lo nuestro es el Hazlo tú mismo y sin pedir permiso. Entre otras cosas hablamos de nuestro disco, Cierre x impago, que también ha tenido su espacio en este intenso año de #Hzlqdbs

“Lo que hicimos fue secreto” de David Álvarez. Historia con mayúsculas del punk en Madrid


Llevábamos mucho tiempo detrás de verlo, desgraciadamente no pudimos asistir a la proyección en el Festival In-Edit el pasado año 2016, donde se llevaría el Premio al Mejor Documental Nacional. Pero todo llega y por fin pudimos disfrutar del documental “Lo que hicimos fue secreto”, un extenso trabajo sobre el punk madrileño. Fue en el marco de la 14ª Muestra De Cine de Lavapiés, en el Centro Social Reokupado y Autogestionado La Quimera, donde compartió espacio con otro documental, “La lucha en el camino” de Jesús Martín, sobre activistas punk mexicanos instructores de MMA (Artes Marciales Mixtas), cuya visión también recomendamos. 
“Lo que hicimos fue secreto” es un proyecto hecho en cooperativa por Eleventh Floor, tras un arduo proceso de trabajo. Tardó en rodarse seis años y maneja una cantidad enorme de información; para hacernos una idea, se llegaron a hacer unas setenta entrevistas, además de contar con un ingente material gráfico, fotografías, recortes de prensa y videos. El documental forma parte de un trabajo académico, gracias al cual se ha llevado el punk y el movimiento okupa a la universidad, ya que forma parte de la tesis doctoral de David Álvarez en la Universidad Complutense de Madrid.
Uno de los puntos fuertes del documental son las entrevistas con muchos de los protagonistas de aquellos días de furia y aprendizaje. Así, por “Lo que hicimos fue secreto” desfilan entre otros Pollo de Larsen y Commando 9mm, Manolo UVI, José Calvo de Delincuencia Sonora, J. Siemmens y Maguu Pilarte de Espasmódicos y TDeK, Ixma de La broma de Ssatán, Kurdo de Tarzán y su Puta Madre Buscan Piso en Alcobendas y Olor a Sobako o Canino y José Lozano de Sin Dios. Todos ellos comparten espacio con integrantes del “protopunk” español, como Ramoncín, Fernando Márquez, Ana Curra o Nacho Canut (blandiendo el látigo contra todo y contra todos, lo que provocó risas y comentarios durante la proyección). También dejan acertadas opiniones y vivencias otros protagonistas en aquella escena como Alberto Eiriz, del mítico fanzine Penetración; Indio de la sala Gruta 77 y cantante de “Tarzán” o Fernando de Potencial Hardcore, tienda y discográfica punk independiente. En mi opinión merecen un lugar destacado las incendiarias intervenciones de Manolo Suicidio, quien tuviera un puesto de música en el Rastro, punto neurálgico del punk en Madrid a mediados de los 80, donde llegaban  todas las novedades musicales que iban a buscar a Londres, y luego se copiaban y vendían en cinta cassette.
“El Rastro era nuestro punto de comunicación, nuestra zona wifi”, afirma José Calvo de Delincuencia Sonora en un momento del documental. El Rastro fue efectivamente lugar de encuentro, emergencia y efervescencia de gran parte del punk madrileño. Allí se juntaron a finales de los años setenta Alaska, Carlos Berlanga, Fernando Márquez, los Canut, Enrique Sierra y todo ese universo que gravitaba en torno a la mítica Bobia y que daría lugar a la Movida. Aquel punk de diseño estaba liderado en gran medida por hijos de la alta burguesía, que se hicieron punks entusiasmados por la corriente que llegaba de Inglaterra, y que podían permitirse viajar a Londres a comprar ropa y música. Contrapuesto al punk hecho por chicos del extrarradio, aquellos que deseaban hacer su propia música para escapar de la mugre de un país que estaba saliendo de cuarenta años de dictadura. No es lo mismo la actitud de unos chicos bien que han salido raritos y les da por la música, que la de chavales de extracción humilde para quienes tocar y el “hazlo tú mismo” fueron la única forma de intentar sacar la cabeza.
Así, el documental se divide en dos etapas. En primer lugar asistimos a los inicios del punk en Madrid, que de alguna manera entró “como una moda, una cuestión más estética, con cierta connotación política; había detrás un cierto poso de pseudo-situacionismo y anarquismo pero no realmente articulado”, afirmó David durante el debate posterior a la proyección. En la España del 78 la prensa, bastante en la parra, tachaba de punk a Ramoncín. El que fuera “rey del pollo frito” reconoce que, en todo caso, punk eran su actitud y estética (aquel famoso rombo pintado en uno de sus ojos), pero en absoluto lo era su música. En relación a aquellos inicios, bandas como Pegamoides, que “tenían a dos mujeres como líderes, Ana Curra y Alaska, e integrantes homosexuales” fueron, según David, interesantes desde la perspectiva de género, por su puesta en valor de estos dos colectivos, más allá de la música. El documental retrata a la perfección aquel primer punk del Madrid ochentero de la Edad de Oro, del alcalde Tierno Galván (“a colocarse y al loro”) y del Rock Ola, (local donde todo el mundo afirmaba haber estado y al que Larsen arrearon cera en una canción, “Noche de destrucción en Rock-Ola”). Me traslada a mi primera adolescencia, aquella época de teléfonos de disco y cartas, cuando había dos canales en la tele y nosotros sólo podíamos bajar a Madrid desde Alcorcón acompañados por adultos. Un Madrid maravilloso, provinciano y atrasado, con El Cojo Manteca rompiendo farolas en Banco de España, Antonio Vega y Nacha Pop cantando “Relojes en la oscuridad” en la Bola de Cristal, los soportales de la inacabada Almudena apestando a orines y habitados por yonquis y el metro como una apasionante nave especial.
La segunda parte del documental tiene una connotación más política, como lo tuvieron las bandas que fueron surgiendo. La llamada transición a la democracia no se veía ya tan “ideal”. Alarmantes cifras de paro, leyes represoras y un PSOE que había mostrado su verdadera cara pusieron a muchos sobre aviso, aquello no era lo que les habían vendido. El desencanto politiza más activamente al movimiento punk español, en consonancia con lo que sucedía en otros países como los del norte de Europa o Italia. “Empezó a conocerse y a tener en cuenta lo que estaba sucediendo fuera y de alguna forma se quiso traer aquí. De ahí surgió la historia de la Calle Amparo y las primeras okupaciones madrileñas y entonces se desarrollará esta otra escena políticamente articulada que ya tiene un mensaje concreto y unas formas de hacer más políticas y allí están por ejemplo el grupo Sin Dios, que es además un vehículo de propaganda política”, explicaba David. Minuesa, una antigua imprenta situada en la Ronda de Toledo, sería okupada en el verano de 1988, y durante varios años funcionó como Centro Social donde se realizaron todo tipo de actividades culturales y políticas. Su desalojo, en 1994, fue uno de los más violentos en la historia de la okupación estatal.
Durante el coloquio que tuvo lugar tras la proyección, David aclaró que llegó un momento en que decidieron abrir el documental “a la comunidad a través de un crowdfunding, en el que no solamente buscamos financiación sino también establecer contactos con la gente que tuviera cintas de vídeo, fotografías, maquetas y cualquier material que pudiéramos utilizar”. Así llegaron a contactar con mucha gente interesante, como Juan Luis, administrador de la web “La okupación como analizador”, sobre los primeros años de historia del Movimiento de Okupación en la Comunidad de Madrid, “con una base de datos impresionante”, concluyó el director.
El debate finalizaba con la descorazonadora pregunta de qué queda de aquella escena y que no acaba de tener una respuesta clara, pero yo me quedo con las palabras de Pollo al final del documental. El guitarrista de los míticos Larsen afirma, en una mirada atrás sin ira, no arrepentirse de nada de lo que ha hecho en la música, que le ha proporcionado una vida interesante y enormes satisfacciones. No hay más que hablar.

Momento del debate en La Quimera. Foto: Miguel Destruye

“Ropa Música Chicos” de Viv Albertine. Un ejemplo de deliciosas memorias rock


Contado en primera persona, con tan buena mano narrativa que en ocasiones parece que se está leyendo una novela, “Ropa Música Chicos” supone un ejemplo sobre cómo escribir un libro de memorias rock. Su autora es Viv Albertine, quien fuera guitarrista de The Slits, banda femenina de punk, que habló de tú a tú con los Sex Pistols, The Clash o Johnny Thunders. Al igual que hoy se reivindica a centenares de artistas, escritoras, cineastas, pensadoras o pintoras que en su día fueron silenciadas por ser mujeres, pienso en el caso de Las Sinsombrero en España o las mujeres de la Generación Beat, Viv Albertine consigue con este libro reivindicar a las mujeres punk, ocultadas por el machista mundo del rock.
Viv Albertine no intenta con su libro complacer a nadie ni tampoco dar lecciones. Es “Ropa Música Chicos” un libro que rezume honestidad, delicioso, feminista, de reivindicación de la mujer, contado desde una historia personal, irónico sin ser cruel, nunca autocomplaciente, divertidísimo a pesar de narrar momentos muy duros, y una magnífica crónica de lo que fueron los años del punk inglés desde sus inicios, contado en la primera parte de estas memorias, que la autora denomina la Cara A de su vida.
Viv Albertine es una narradora divertida, tierna, de una candorosa sinceridad, chispeante, lo que cuenta, muy jugoso en varias ocasiones, jamás resulta sórdido o patético. Por las 528 páginas de esta crónica de vida y de una época, pasan todas las luminarias del punk inglés y estadounidense. Mick Jones de The Clash, novio de Viv en aquella época, tiene un papel destacado y lleno de cariño, porque Mick es la única persona además de su hija a quien la autora preocupa que estas memorias le puedan dañar. Además de él, desfilan entre otros Joe Strummer y Paul Simonon de los Clash; los Sex Pistols, en especial Sid Vicious, con quien mantuvo una estrecha amistad, a pesar de que él la expulsara de su banda The Flowers of Romance; Malcolm McLaren y Vivienne Westwood, propietarios de la mítica tienda de ropa y complementos SEX, donde se vestían nuestros héroes, o no tanto porque aquella ropa costaba una pasta; o el gran Johnny Thunders, con quien Viv tuvo sus más y sus manos, limitados por la adicción del músico neoyorkino, “Johnny Thunders no puede amar. Tiene el corazón lleno de heroína”.
La Cara A de “Ropa Música Chicos” recorre aquellos vertiginosos años, de los que Viv no quiso ser mera espectadora o musa como “le correspondería por su condición de mujer”. Viv quiso ser protagonista, decir y hacer, y así, tras pasar por la escuela de arte, vivir en casas okupadas y conocer a gente con sus mismas inquietudes, formó parte de las míticas The Slits, la banda de Ari Up, Tessa Polit, la malagueña Palmolive y la propia Viv Albertine a la guitarra. Querían hacer una banda de chicas para conseguir “que los chicos quieran ser nosotras”. Y no era fácil, los hombres no se sienten cómodos acompañando a una mujer que está en una banda de rock, “muy pocos se sienten cómodos en un rol de apoyo”. Sufrieron por su ambición musical, las pegaron, las escupieron, las ningunearon, pero ellas estaban decididas. Fueron aprendiendo a ser músicas sobre la marcha.
Aunque haya trascendido la impresión de que a aquellas bandas les daba igual cómo sonaban, Viv refleja claramente en el libro su interés por aprender, por encontrar un sonido propio, por hacer las cosas lo mejor posible. Así, las letras de The Slits estaban muy meditadas, “Escribe sobre lo que conoces y haz que la gente piense”; fueron escrupulosas con su producción e imagen; apostaron por una música que sirviera para algo, que tuviera una finalidad, “La música de rodeó mi infancia y adolescencia era revolucionaria y puesto que crecí escuchando una música que intentaba cambiar el mundo eso es lo que sigo esperando de ella”. En su crónica de aquellos años Viv nos deja muchas pistas sobre su técnica con la guitarra, aprendida sobre la marcha con enorme esfuerzo y de manera autodidacta, e interesantes anécdotas sobre la grabación de sus discos, conciertos, giras y promoción.
Y entonces las Slits se separan. Viv, con sólo 27 años, se queda sin aquello con lo que tanto había soñado y por lo que tanto había peleado, toda aquella maravillosa gente se esfuma. “Todo se ha torcido, nada sale como había planeado”. El fin de las Slits rompe la vida de Viv, “Siento como si una parte importante de mí hubiera muerto, como si hubieran desaparecido dos tercios de mi ser (...) No tengo adónde ir, no tengo nada que hacer. Estoy acabada y tengo el corazón roto. (...) No soporto escuchar música, me recuerda a aquello que he perdido”.
Toda la Cara A de la vida de Viv se sucedió de manera vertiginosa, así comienza la Cara B pensando que debe esperar a que le sucedan las cosas. Pero ella no es de ese tipo de personas, ella debe provocar que las cosas sucedan. Tras un tiempo deprimida y perdida, Viv se interesa por el cine. Tras haberse metido en la música sin tener formación, cuando decide dedicarse al cine se promete que no emprenderá ninguna disciplina “sin haber estudiado el tema a fondo”. Se suceden unos años de éxito profesional y de ganar dinero, aunque eso tampoco acaba de llenarle, Viv no busca en el arte “fama y fortuna” sino “expresión personal”. Cuando ha logrado una cierta posición y ser una mujer independiente, el amor vendrá a joderle la vida, aunque ella entonces no lo sepa.
Comienza una etapa negra y familiar. Ella, como tantos de sus compañeros, venía de un entorno desestructurado, “Nosotros somos los hijos de la primera oleada de padres divorciados de la década de 1950”. Fueron adolescentes que vieron y sufrieron desmoronarse el sueño del hogar familiar, “Bajo la consigna de paz y amor de los 60 lo único que descubrimos es que había guerras por todos lados y que el amor y el romance son un timo”. Su deseo de formar la familia perfecta que nunca tuvo, de ser esposa y madre, le costará muy caro: ostracismo, depresión, anulación de su inquietud por el arte y la música. Un desastre. “No estoy loca. No estoy equivocada. Lo único que sucede es que no estoy en el entorno correcto”. Vivir alejada del mundo la vuelve “estrecha de miras” y llena de prejuicios. Pero sobre todo la hace tremendamente infeliz, “Puedes engañar una parte de tu ser durante un rato pero no puedes mantener a todo tu ser engañado durante mucho tiempo”.
Nuestra protagonista vive en su matrimonio la anulación, esa idea de que la mujer sólo puede ser madre y ser considerada y comportarse como tal, “Tú ya has tenido tu propia vida, ahora es el turno de nuestra hija”, le llegar a decir su marido. Su marido se fijó en ella atraído por la mujer artista pero al mismo tiempo tiene miedo de esa mujer que no podría domesticar y trata durante su matrimonio de anularla. “Yo no me considero nada en absoluto”, afirma Viv. Ni su padre ni su marido valoraron positivamente su etapa en las Slits. Esa minusvaloración acaba haciendo mella en ella. Es un error que las mujeres andemos buscando la aprobación masculina.
La fuerza vital (y artística) de Viv Albertine, reprimida durante su matrimonio, se libera de una manera inesperada. La irrupción en su vida del actor, director y músico Vicent Gallo, un tipo “evasivo”, será un revulsivo que en realidad enseñará a Viv que la solución nunca está en un hombre, sino en ella misma. Vincent,” supone la locura, el impulso que puede acabar con esa vida segura y perfecta que Viv ha intentado construir al fundar su propia familia. Los dos inician una relación telefónica y por internet, una “llamada a la acción” que supondrá “volver a abrir una puerta secreta que comunica con un mundo” que había abandonado para convertirse en una esposa y madre perfectas. “Me he anulado a mí misma. Controlo todo lo que digo y hago” por el bien de una paz familiar y una estabilidad para su hija, que ella nunca tuvo. Viv se siente “emocionalmente infiel”, debido a su relación telefónica con Vicent Gallo, “Es lo que Vincent me hace sentir por mí lo que me tiene obnubilada y no lo que siento por él”. Una relación que la lleva a sentirse “aterrada, avergonzada y sobreexcitada”, pero que ayuda a Viv a “regar y alimentar mi propio yo para que vuelva a crecer”.
Su viaje a Nueva York para reencontrarse con sus compañeras de The Slits y con Vincent Gallo, con quien mantiene una especie de romance telefónico, hace que abandone su rol de esposa y madre a tiempo completo. En unas horas se siente “más viva” que en años. Vincent es “un hombre que camina solo” y Viv se da cuenta de que “no va a ayudarme en mi recuperación”. Pero al mismo tiempo surge la revelación, no debe apoyarse en ningún hombre. “Los hombres son espejos que sólo pueden devolverme el reflejo de mi ansiedad, mi confusión y mi inseguridad. Tengo que reconstruirme yo sola”. Por fin.
Viv encara de nuevo sola su vuelta al arte y a la música con cincuenta años y con una fórmula “compatible con nuestra edad adulta”. Y no le sale nada mal la apuesta. Graba un disco” The Vermillion Border”, muy bien recibido por la crítica, participa en una película y Penguin publica su autobiografía, este inspirador “Ropa Música Chicos”, seleccionado como uno de los libros de 2014 por The Sunday Times, The Guardian, LA Times, Mojo, NME y Rough Trade. Nada menos.
Agradezco como mujer (loca por la música y la literatura) este libro, adictivo y maravilloso, magníficamente escrito, que se lee en un suspiro y que nos hace amar apasionadamente a una mujer talentosa, amable y accesible, como podemos confirmar tras verla y charlar con ella en la presentación del libro en La Central de Barcelona. Sin filtros de prensa, managers o editorial, Viv firmó el libro a los que allí estábamos, toda amabilidad de la verdadera y sonrisas, departió con nosotros (ay, mi inglés), nos abrazó y se dejó hacer todas las fotos del mundo. “Es parte del espíritu general del punk qué afirma que nadie es mejor que los demás, nunca alentamos la existencia de los fans y yo continuo en esa línea”. LOVE Viv.

“Ropa Música Chicos”. Viv Albertine. Editorial Anagrama. ISBN: 978-84-339-2615-9. NÚM. DE PÁGINAS: 528. TRADUCCIÓN: Cecilia Ceriani. PUBLICACIÓN: 12/04/2017


Añadiendo el nombre de mujeres punk en un panel. "(What about the women!!)"

Soleá Morente en una noche llena de todo lo que nos gusta


En esta casa queremos mucho a los Morente. El patriarca, el gran Enrique Morente, fue un prestigioso cantaor flamenco, de espíritu rockero, hombre avanzado, valiente y solidario con muchas causas. Al gran Morente los hijos le salieron artistas, Estrella fue la primera, revelándose como una poderosa cantaora, en la senda de su padre. Eran los tiempos de la grabación de Omega, el mítico disco que llevó al límite la experimentación, mezclando flamenco puro con punk rock y que originó una explosión nuclear en la década de los 90. Por entonces Soleá Morente era una niña que soñaba con escribir. El desaparecido músico y periodista granadino Jesús Arias, compadre de Joe Strummer y cronista de treinta años de rock en la ciudad andaluza la definía como “la más entrañable de la familia, la más tímida, tal vez la que tiene mucho más mundo interior”. Soleá se mantuvo a la sombra y fue tras la repentina muerte de su padre cuando se decidió a iniciar su carrera musical.
Su relación con diferentes rockeros españoles, miembros de Lagartija Nick, Los Planetas, Pájaro Jack o Napoleon Solo, le han granjeado el apodo de “La hija indie de Morente”. Mi interés por Soleá comenzó cuando en 2013 descubrí su tema,“Si tú fueras mi novio”, con Los Evangelistas. Soleá, cuyo primer álbum “Tendrá que haber un camino” fue publicado a finales de 2015, se ha hecho en estos pocos años de carrera con un bonito repertorio de canciones como “Todavía”, “La ciudad de los gitanos”, “Dormidos”, “Vampiro”, o “Dama errante”.
Las fiestas patronales de Madrid nos ofrecieron la posibilidad de disfrutar de Soleá el pasado sábado 13 de mayo en un concierto lleno de elegancia, delicadeza, corazón y sensibilidad. Soleá apareció en el espectacular escenario de la Plaza Mayor de Madrid, vestida de flamenca, con flor roja en pelo, cazadora de cuero y la muñequera de pinchos que perteneció a su padre y siempre lleva puesta en su memoria. Se acompañó a los coros, las palmas y el baile de su madre, Aurora Carbonell y su tía, “la Globo”. La noche tuvo su “momento Cohen”, con la versión de “Esta no es manera de decir adiós”. Soleá contó en un tema con la presencia de La Bienquerida, cantante que ha compuesto tres canciones para el segundo disco de Soleá, una de ellas “Nochecita Sanjuanera”, que también sonó en el concierto. Para finalizar, Soleá nos regaló una bonita versión de “El bello verano”, de Family, un grupo vasco de pop indie de los años 90. Una noche llena de todo lo que nos gusta.


Estamos de Huerta, la música de raíz del Sureste llega a Lavapiés



Cuando Araceli Tzigane me dijo hace unos meses que venía a Madrid un grupo de Murcia que no podíamos perdernos, no lo dudé. Íbamos a disfrutar de auténtica música de la tierra, sin el filtro del conservatorio o las discográficas, uno de esos tesoros populares que se transmiten de verdad de padres a hijos y en el que hay que poner todo el cuidado para que no desaparezca.
Y efectivamente el folclore murciano de raíz llegaba a visitarnos al castizo barrio de Lavapiés en Madrid en la calurosa tarde del sábado 24 de junio. De la mano de la Asociación para la Difusión de los Estilos y Mapamundi Música, cuatro músicos de Murcia y Albacete nos han acercado la huerta, los pueblos murcianos, las raíces árabes y flamencas o la jota, llenos de fuerza y autenticidad.
Tomás Garcia, Pedro Cabrera, Alfonso Avilés y Javier Gómez (Javi de Nerpio) son cuatro músicos murcianos que bajo el nombre de Estamos de Huerta se han juntado por primera vez en Madrid para darnos a conocer la música del Sureste del país. Son músicos que no actúan de manera profesional, excepto Tomás, que sí viene de la folk music, y que acostumbran a tocar en familia y en fiestas populares. Como ha destacado Araceli Tzigane, impulsora de la actuación, ha sido una magnífica oportunidad de disfrutar de “música de raíz, sin concesiones”. En palabras del músico murciano Paco Frutos se trata de músicos “nada ortodoxos pero bastante academicistas, en el sentido de que siempre están estudiando, bebiendo y recuperando desde muchas fuentes ya perdidas”.
Curiosos como somos, no hemos perdido detalle del despliegue de instrumentos que han traído los murcianos, laúd, guitarra, guitarro (instrumento anterior a la implantación de la guitarra española, de diferente afinación y con diferentes tamaños y número de cuerdas), bandurria, platillos, cañas (las llaman castañetas), violín, castañuelas (en Murcia se llaman postizas) y pandereta. Preciosas las blusas y esparteñas, elementos del traje regional murciano, que han traído Alfonso y Javi.
Hemos tenido el privilegio de escuchar la música en directo, sin amplificación, con los músicos intentando, y finalmente consiguiendo, implicar al público para que saliera a bailar jotas, y bailes “agarraos” como mazurcas y pasodobles, estos dos últimos ritmos se introdujeron a finales del siglo XIX, e incluso nos han ofrecido un foxtrot. Con los bailes la sala se ha venido arriba, así como en la improvisación final de Pedro, donde nos ha nombrado a los asistentes en unas coplas que iba inventando.
Antes nos habían expuesto un amplio repertorio de esa música “sin concesiones”. Comenzaron con las Parrandas, composición del sureste español que tiene su origen en las seguidillas, como la parranda del Tío Perete de Puerto Lumbreras, municipio de Murcia que linda con Almería, y que suenan por tanto con cierto aire flamenco. Desconocedores de estos sones, las explicaciones de Pedro nos han resultado tremendamente útiles. Así nos ha contado que hay parranda “sordas”, que no se cantan, o que hay dos tipos de Malagueñas murcianas, las “antiguas” y otras más movidas que tienen otras denominaciones, casi tantas como cantantes que introduzcan su individualidad y su matiz. De nuevo la influencia del flamenco. Cuando ha llegado el turno de una Malagueña “cartagenera” el grupo ha sacado unas cañas de río convertidas en instrumento de percusión. Incluso han ofrecido una sevillana sin letra, cuya melodía me ha recordado a aquel “Arenal de Sevilla y olé, Torre del Oro”.
Los cuatro músicos se juntaban por primera vez como “grupo” al uso para ofrecer este concierto, único en cuanto a concepción, de música de amigos y cuadrillas, de fiestas populares, de recuperación de la tradición oral, lleno de la improvisación y la genialidad que mandan en esta música. Así un tema no suena igual dos veces aunque lo ejecute el mismo músico o una nueva tonalidad para una canción se encuentra por pura casualidad tras varios días tocando de fiesta y sin apenas dormir. Una auténtica joya.
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“Vernon Subutex1” de Virginie Despentes, ¿qué fue de aquellos punks?


Virginie Despentes ha realizado un trabajo espléndido en su novela “Vernon Subutex1”, primera parte de una ambiciosa trilogía. El inicio de la saga me ha dejado con muchas ganas de seguir leyendo los siguientes volúmenes, que publica en España Ramdon House. Mi admiración por una autora que ha logrado una potentísima novela coral, con protagonista masculino, y a la que no se puede echar en cara esa expresión tan machista de que se trata de una novela escrita por una mujer y por tanto, para mujeres.
“Estamos en el tercer milenio, todo está permitido”, dice uno de los personajes de “Vernon Subutex1”. Si dentro de cien años alguien quisiera conocer cómo era la vida en la segunda década del año 2000, una forma rápida de ponerse al día sería leer la novela, un fresco enormemente entretenido y completo sobre la Europa del siglo XXI, uniforme “gracias” a los efectos de la globalización, un continente agonizante y que no sabe a dónde se dirige ni qué terminará siendo. París, el escenario de la novela, se ha convertido en un decorado de “cartón piedra” repleto de turistas; sus calles “son una máquina expendedora de recuerdos”.
Novela de marcado tinte social, “Vernon Subutex” se ocupa de temas como la crisis económica, el fin del capitalismo, la destrucción de lo público y del estado del bienestar por parte del neoliberalismo, a sociedad multirracial donde no hay verdadera integración, los traumas de la cincuentena en una generación “rockera” que se hace vieja “sin pasar por la madurez”, el islamismo o el auge de la extrema derecha entre jóvenes de clase obrera, racistas y fascistas. Despentes ha escrito una fascinante novela coral que gira alrededor del personaje que da nombre al libro, aunque en la narración se asume la mirada y el punto de vista de cada uno de los personajes, que prestan su voz en diferentes momentos de la historia.
La novela se puede encuadrar además dentro del género de narrativa rock, ya que está repleta de música, músicos y canciones. Muchos de los personajes tienen que ver con el mundo del rock, como Alex Bleach, el “ángel caído del rock francés”; una periodista musical; antiguos músicos o el propietario de una tienda de discos llamada Revolver. Al mismo tiempo la música que escuchan ayuda a caracterizar a los personajes. Así aparecen Crazy Caravan, The Easybeat, David Bowie, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Steve Winwood, Fugazi, Joy Division, o la música que pincha Vernon en la mansión de Kiko, un tiburón de las finanzas. Los pensamientos que la música produce en la cabeza del broker mientras suena son un prodigio de buena escritura.
La autora ofrece una mirada irónica y descarnada hacia todas direcciones. Arremete contra los artistas, “culturetas” y hacia esos intelectuales de izquierdas que defienden a víctimas silenciosas y que no dudarían en intercambiar si llegaran a tomar la palabra, “buscarían otras víctimas silenciosas”. Se muestra inmisericorde con esos cincuentones con dinero e ínfulas, que se las dan de modernos, “La pureza de los pequeños burgueses obedientes que se conceden un espacio de rebeldía” y con los que fueron jóvenes rebeldes y no supieron crecer “Las mujeres evolucionan con la edad. Intentan entender lo que les está pasando. Los hombres resisten heroicamente, y luego retroceden de golpe”. También ataca a los tiburones de los negocios y a los ultraderechistas, además de lanzar su afilada escritura hacia las redes sociales, donde se cuelgan publicaciones “de indiscutible encanto, idóneas para despertar las mayores simpatías posibles”. Despentes reflexiona como antes de Internet la relación con los medios de comunicación no consistía sólo en la desconfianza, porque la red es además campo abonado para los comentarios anónimos y los trolls. “Lanzar un linchamiento mediático es fácil todavía se revientan los contadores de vistos artificialmente y la cultura contemporánea de cuántos likes su estrategia es escandalosamente fructífera es la es la fiebre del oro nadie entiende nada de nada pero todo el mundo quiere su pepita. El que ataca es aquel al que se escucha siempre. El desprecio se transmite con más facilidad que la sarna Internet es la herramienta de la delación anónima del humo sin fuego y del ruido que corre sin que se sepa de dónde viene”. El usuario de las redes no es capaz de producir ningún análisis “sólo rabia y un asco enfermizo”, mientras asiste a la descomposición del mundo como un espectáculo.
La historia es una eterna búsqueda. Así, Silvye busca a Vernon; El productor busca a Xavier; todo facebook busca a Vernon por el hashtag contra él subido por Silvye. Muchos buscan las cintas grabadas por Alex, en esta primera parte aún no sabemos por qué. Todos los personajes buscan la felicidad; la búsqueda es lo que les conecta. Hay tal cantidad de personajes que no da tiempo a desarrollarlos a todos, algunos se quedan en meros esbozos. Sin embargo, la capacidad de observación e ironía de la autora logra esquivar la caricatura, armar una galería de personajes sólidos, incluso los más episódicos. La novela levanta su andamiaje a partir de Vernon, quien, tras años sobreviviendo después de cerrar su tienda de discos y quedarse sin ingresos fijos, sin tener apenas contacto social y sin mantener relaciones sexuales, inicia un recorrido por una serie de domicilios de gente de su entorno, donde se encuentra con una galería de personajes de lo más variopinto en cuanto a edad, sexualidad, procedencia, ideología, profesión, estatus y condición. Estos son los principales:
Vernon Subutex, a duras penas superviviente de una industria analógica engullida por los tiempos modernos, se ve obligado a cerrar su tienda. La falta de ingresos le lleva a una inevitable cuesta abajo. La situación de Vernon plantea uno de los graves problemas actuales de las grandes ciudades europeas, donde poco a poco sólo pueden vivir ricos y turistas, y su despersonalización al tratarse de un espacio donde las familias y los amigos pierden el contacto. Vernon es definido como un  tipo enrollado, bonachón, “burlón, sin ser bocazas”. Sus ojos azules siempre le han proporcionado un gran éxito entre las mujeres. Su forma de seducir se basa en subir en un pedestal a la que le gusta, la “acribillaba a halagos” y cuando se cansa, la deja plantada sin más. A pesar de estar ajado, conserva su magnetismo y su capacidad de seducción. Supone para algunas mujeres “el sabor del cuero y la blasfemia, del hombre salvaje y peligroso”. Agobiado por sentir que no ha sabido ver hasta qué punto Alex se estaba destruyendo, se justifica diciéndose que “dejarlo en paz también es una manera de ser su amigo”.
Álex Bleach, el ídolo del rock de vida trágica, una suerte de Kurt Cobain negro y francés. Sufre la enfermiza pasión del adicto, “nada libra de la angustia como la droga, ninguna mujer es tan dulce y tan de confianza como el polvo”. Alex, “auténtico hijo de obrero”,  al que el éxito le aterroriza y le hunde en los abismos de la depresión.
Emilie, bajista de la banda punk de los años 80 Chevaucher le Dragon, quien treinta años después vive como una aburrida burguesa. Se ha vuelto implacable con la propiedad, antes pasaba olímpicamente. “Se ha convertido en lo que sus padres esperaban que se convirtiera”, excepto en ser madre, así que todo lo demás “no cuenta”, desentona en la familia. Aquejada de una fuerte depresión, es la eterna amante que nunca llegará a ser la "oficial", se lamenta de sus equivocaciones, "¿Por qué algunas personas se empeñan en destrozarse mientras que para otras parece tan fácil hacer las cosas como hay que hacerlas?”. Frágil, harta de “poetas de los cojones”, la terapia le ha enseñado “a cerrar su puerta de vez en cuando”. Integrante de un grupo de punk en su juventud, tuvo que soportar sola el machismo de sus colegas al ser la única chica del grupo; según ellos les “cortaba el rollo”, el punk rock debía seguir siendo “cosa de hombres”.
Xavier es un guionista en horas bajas. Representa a las clases medias europeas escoradas a la derecha, con un discurso racista. Se ha convertido en un gran charlatán. Dominado por su rica mujer, lleva una vida que no le satisface.
Laurent, ejecutivo. Productor de cine, egocéntrico, inseguro, ansioso y angustiado, "para él la mala educación es un principio". Paga por hundir la reputación de sus rivales.
Silvie, burguesa de izquierdas, a la que le ha salido un hijo de derechas. Aquejada del síndroma del nido vacío al abandonar su hijo el hogar familiar para irse a vivir con su novia. Drogadicta en su juventud, considera que ha podido controlar su adicción, “Es difícil ser una buena drogadicta, poca gente lo consigue” para ello hay que saber “gestionar su consumo”. Ex pareja de Álex años atrás, rompieron y la muerte de él hizo hecho imposible una reconciliación. Frívola y obsesiva, lo que más le gusta de sus amigas es despellejarlas cuando se dan la vuelta.
Lidia Bazooka, periodista y escritora, bulímica y adicta al sexo y a Internet, con la “capacidad de concentración de una polilla”. Obsesa del rock, “una pirada que se refugió en sus discos” y auténtica fan de Álex, a quien siguió y entrevistó como periodista. Quiere hacer una biografía sobre él, pero Vernon no tiene claro que consiga sacarla adelante, “Tenía la labia de los que no consiguen poner en marcha su proyecto. La acalorada verborrea que ocupa el lugar del paso a la acción”.
Pamela, una estrella porno retirada, amiga de Satana, una de las parejas de Álex Bleach. “En nuestra época, si queríamos joder al mundo hacíamos porno, pero hoy en día basta con ponerse el velo”, opina Pamela de las nuevas generaciones, que “son un coñazo”.
Gaël, lesbiana, de edad similar a la de Vernon, aunque parece bastante más joven. Hija de burgueses, sobrevive en la bohemia, flotando por encima de las contingencias materiales.
Aisha, hija de Saltana. Joven inmigrante de segunda generación, hija de padre musulmán pero laicos. A la generación anterior les vendieron al llegar a Francia la quimera de la igualdad pero en realidad jamás fueron tratados como franceses, no tenían las mismas oportunidades ni podían acceder a los mismos empleos. La hija ha abrazado la religión como forma de protegerse y aliviarse.
Marcia, madura y deslumbrante trans brasileña, de la que un fascinado y confundido Vernon se enamorará perdidamente.
Patrick, marxista, ex Hell Angel, ex bajista del grupo de hardcore Nazi Whores, maltratador. Él no cree que esos golpes sean malos tratos, al igual que mujeres, que aguantan pensando que el amor lo solucionará todo.
El capítulo donde aparece Kiko, el bróker, es rápido como sus pensamientos, como una raya de coca, como una operación en la bolsa, como las decisiones que toma a toda velocidad en sus negocios. De noche, su vida se compone  de droga, alcohol, mujeres y desfase. De día, son atareados hombres de negocios. El que no sabe mantener el ritmo se queda fuera del juego. “Su cerebro es una gigantesca intersección”. Al millonario Kiko le repugnan los pobres. Van en metro, ganan menos de 5000€ al mes, limpian y hacen la compra, gente de segunda, que tienen lo que merecen. La vida es la guerra y él es un mercenario.
Preparada con mucha curiosidad para leer la segunda parte, que espero me resulte tan adictiva como ésta.
“Vernon Subutex1” de Virginie Despentes. Literatura Random House, 2016.

“Tea Rooms. Mujeres obreras” de Luisa Carnés, justicia para los vencidos


“Recuerdo un bonito collar de ámbar con el que yo que jugueteaba de niño, algún olor, sensaciones”, nos contaba Alejandro Puyol, nieto de la escritora madrileña Luisa Carnés. Alejandro y su hermano Juan Ramón nos hablaron de “Tea Rooms. Mujeres obreras”, en el que ha resultado nuestro gabinete de lectura más emotivo y tierno, a pesar de lo combativo de la literatura de Luisa Carnés, autora injustamente olvidada que ha sufrido un merecido renacimiento ochenta años después de que se publicara esta novela, ahora redescubierta por la editorial asturiana Hoja de Lata.
Como se explica en el completo epílogo de Antonio Plaza Plaza, uno de los mayores expertos en la literatura de Luisa Carnés, la autora, autodidacta, llegó a la literatura por la necesidad de evadirse de su realidad. Nacida en el madrileño barrio de Huertas en 1905, la pobreza la llevó a dejar el colegio con once años y trabajar desde entonces, aunque mantuvo un constante esfuerzo para su autoformación. La situación de Luisa nada tenía que ver con el universo de las letras, fue la calidad de su trabajo y su determinación lo que le llevó a hacerse un nombre entre las autoras de la época de la Segunda República, hoy injustamente olvidadas, reflejo de la batalla por la igualdad que se impulsó en aquellos años. Luisa abordó en sus obras la problemática de la mujer, sometida a condiciones laborales peores que las de los hombres, convirtiéndose en una destacada autora de la novela social femenina, en la que se reflejaba el surgimiento de una mujer nueva que buscaba la emancipación a través del trabajo, la cultura y la lucha colectiva. Los planteamientos de la novela siguen hoy estando vigentes.
Luisa conocía bien el mundo de las “mujeres obreras” que aparecen en “Tea Rooms” y en muchas de sus obras. Siendo una niña entró a trabajar en el taller de sombreros de una tía suya y trabajó después en una pastelería, el escenario de su “Tea Rooms”. También desempeñó trabajos de telefonista o mecanógrafa en una editorial, mientras comenzaba su formación autodidacta a través de sus lecturas. En 1928, año en que publicó su primera novela, “Camino del calvario”, consiguió un trabajo en la Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP), una importante editorial española de la primera mitad del siglo XX, que quebró en 1931. La vida de Luisa se vería irremediablemente marcada por la Guerra Civil. Su firme posicionamiento a favor de la República le llevaría a exiliarse en 1939 en México, país donde falleció en 1964 de manera inesperada. Esposa del cartelista y pintor Ramón Puyol, autor del célebre cartel del “No pasarán” y abuelo de nuestros invitados, fue posteriormente la pareja del poeta Juan Rejano. Luisa también desempeñó una prolífica actividad como periodista, colaborando con Mundo Obrero. Puyol no salió de España, fue encarcelado y condenado a muerte, pena que se le conmutó por condena a trabajos forzados en la restauración de frescos en El Escorial y el Palacio Real de Madrid. Rejano falleció en 1976 en México cuando preparaba su regreso a España. 
Luisa Carnés fue una prolífica autora de cuentos y novelas, “Tea Rooms”, calificado por ella de "novela reportaje" y su libro más conocido hasta la fecha, forma parte de lo que se considera una trilogía, donde la autora es de alguna manera la protagonista . “Natacha”, publicada en 1930 y basada en sus experiencias como trabajadora en una sombrerería de la calle Moratín en el centro de Madrid, recoge las dificultades del trabajo, los horarios interminables, los sueldos magros, la discriminación laboral femenina. “Tea Rooms”, publicada en 1934 y considerada su novela más lograda a decir de los críticos, es una obra de mayor madurez; Matilde, la protagonista, es también un alter ego de Luisa. “El eslabón perdido”, escrita ya en el exilio mexicano, cuenta la historia de un profesor preocupado porque su hijo ha perdido sus raíces con España, tratando así el tema del desarraigo, una preocupación de la autora.
Alejandro y Juan Ramón reconocieron que aún están descubriendo la obra de su abuela. “2014 fue un año muy importante para la obra de Luisa por la edición facsímil de “Tea Rooms” (Asociación de Libreros de Lance) y  también por la publicación de la tesis doctoral de Iliana Olmedo, “Itinerarios de exilio”. Destacaron que, hasta la edición de Hoja de Lata, la obra de Luisa había sido objeto de estudio en un ámbito exclusivamente académico. Sin embargo, según su opinión en el éxito de la reedición ha tenido mucho que ver Hoja de Lata, una editorial independiente asturiana, “más viva, que conoce bien las redes sociales, lo que ha contribuido en que el libro tenga mucho tirón y mucho éxito”.
La quinta edición de la novela demuestra que los lectores la han acogido con entusiasmo. A pesar de haber sido escrita en los años treinta, “Tea Rooms” se mantiene fresca y actual, gracias a los temas que aborda, como el aborto, jornadas de trabajo extenuantes sustentadas “en el temor al superior”, salarios miserables, hambre, acoso en el trabajo, crisis económica, trabajadores desunidos y sin conciencia de clase o la defensa de los derechos de la mujer y de los trabajadores. Novela coral, donde las trabajadoras del salón de té componen los diferentes caracteres que se suelen encontrar en un centro de trabajo. El dueño, duro y distante, al que sólo le interesan los resultados favorables para su negocio; la encargada, el desagradable mando intermedio que aprieta las tuercas a las trabajadoras para el beneficio del patrón; Antonia, la empleada más antigua, buena mujer pero temerosa de los que mandan, nunca ha visto reconocido su buen trabajo pero ella lo acata mansamente; Marta, casi una niña, la miseria que vive su familia le ayuda a distraer algunos beneficios del local; Paca, aún joven pero sólo dedicada en su escaso tiempo libre a los rezos y las monjas; o Laurita, la alocada ahijada del dueño, cuyos sueños la convertirán en víctima de un desgraciado final. La protagonista es Matilde, alter ego de la autora, que carga “el peso de su condición de explotada”, doblemente porque a la explotación laboral se une en el caso de las mujeres la explotación por su género, incluyendo abuso sexual. Ella sí tiene conciencia de esa eterna división de clases entre “los que suben en ascensor y los que utilizan la escalera interior”, es rebelde y aspira a un futuro mejor, tiene inquietudes políticas, vaticina “la llegada de una nueva era, que ponga fin a la explotación, en la que los obreros dejen de pasar hambre”; el triunfo de “una sociedad fuerte, culta, sana, sustituirá a la actual sociedad, depauperada y famélica”. Para Matilde la esperanza en un cambio viene de Rusia, donde hay un sistema criticado por “los ricos y los pobre ignorantes, o los fanatizados por la religión, para los que los libros y la ciencia son la condenación eterna”.
La mujer es el eje del libro. “Tea Rooms” aboga por las mujeres que se independizan, “que viven de su esfuerzo sin necesidad de aguantar tíos”. Sin embargo, ellas también sufren explotación, en este caso el de los patronos, “de una u otra forma, la humillación, la sumisión al marido o al amo explotador”. España es un país atrasado, donde las únicas que podrían emanciparse a través de la cultura son las hijas de ricos, “pero a ellas no les preocupa la emancipación”. Ellas viven una buena vida, “el hambre es el que engendra rebeldes”. Las empleadas, a cambio de trabajo duro sin apenas descanso, obtienen un mísero sueldo. Ese aprendizaje para ganarse la vida “hay que pagarlo”, pero pagarlo “en lágrimas y humillaciones”.
La autora se muestra también muy crítica con España, “en todo país culto son respetadas las ideas por avanzadas que estas sean; aquí, el menor gesto de simpatía hacia determinado país desencadena contra el individuo no sólo las iras policiacas, sino del elemento civil de todo el país”. Sin la solidaridad obrera y la unión de los trabajadores es imposible alcanzar avances, pero eso no es posible en España, donde lo único que se hace es quejarse por detrás. “El que habla es el que pierde”, es la opinión generalizada. Las cabezas “se agachan medrosas” ante lo que ordena el patrón, que tiene “la llave del estómago” de cada uno de sus trabajadores y es que “la necesidad atrofia el sentido moral”, lleva a  “acostumbrarse a todo”.
Un libro muy madrileño, que rezuma autenticidad y compromiso, de una de las integrantes de aquella generación de la República, surgida en un momento en la que se revitalizó la vida española en muchos aspectos. Luisa bebió de toda aquella efervescencia, había una revolución en marcha, se presentía que algo iba a pasar. Sea una suerte de justicia poética o buen karma, el caso es que Luisa Carnés está hoy más vigente que nunca, apoyada con entusiasmo por su familia y sus fantásticos nietos.           

Ropa música chicos, de Viv Albertine. Encuentro con los lectores ♡


Pocas cosas hay más decepcionantes que la mitomanía. En mala hora conocemos a algunos de nuestros ídolos. El encuentro de lectores con Viv Albertine, figura destacada del punk inglés desmiente ambas afirmaciones.
Viv Albertine, guitarrista de The Slits, estuvo en el lugar adecuado en el momento preciso, en todo el centro del ojo de aquel huracán, aquella Inglaterra de la era Thatcher, un lugar horroroso que originó tantas cosas increíbles: el movimiento punk, bandas y más bandas, arte, moda, música, cine. La entronización del Do It Yourself, en un tiempo plagado de extremismo, locura y diversión. Y mucha  mitología.
Viv tuvo banda propia, conoció a todos los músicos chulos, tuvo sus más y sus menos con alguno de ellos (Mick Jones o Johnny Thunders), y su lista de conocidos marea: The Clash, Sex Pistols, Malcolm McLaren y Vivienne Westwood, John Peel, Julien Temple. Pero lo que ella fue, es, lo ha conseguido por sí misma. Sufridora de la violencia de la escena punk, del desprecio del padre y de la falta de comprensión de sus parejas, ha sabido salir airosa de todo aquello a lo que se ha enfrentado. Superviviente nata, Viv ha superado la enfermedad, las dificultades para ser madre, ser un icono del punk e incluso el machismo imperante en el mundo del rock.
Cuando salió “Ropa música chicos”, el libro de Viv editado en español por Anagrama, pensé que era la clase de libro lleno de música, reflexiones y anécdotas que no podía dejar de leer. La casualidad ha querido que su única visita a España haya coincidido con nuestra presencia en Barcelona. Era imposible perdérnoslo.
La sonrisa de Viv ha brillado desde el momento en que ha hecho acto de presencia en la terraza de La Central. Llegaba de un encuentro con periodistas en el Primavera Sound, desfallecida, lo primero que ha hecho al llegar fue comerse un bocadillo de tortilla y una cookie. Delgada, alta, vestida con una preciosa camisa desteñida, vaqueros y chanclas negras, la guitarrista se mantiene joven de manera natural. Extremadamente amable y cálida, Viv ha departido con los lectores que nos hemos acercado a saludarla y a que nos firmara el libro, sin barreras levantadas por editorial, manager o prensa, con la más absoluta naturalidad. Hablarle en mi deficiente inglés a todo un icono del punk como es Viv no es cosa de broma pero su jovialidad me ha animado a no quedarme callada y decir algo más allá de las cuatro palabras de rigor.
Ahora me queda leer estas memorias, por lo que dicen, escritas de manera más que competente. La tarde de hoy nos ha dejado claro que Viv es una de las nuestras y que, como ella afirma, las mujeres “Juntas somos invencibles".


Manual de exilio de Velibor Čolic. El desgarro de los refugiados



Es “Manual de exilio” de Velibor Čolic, editado por Periférica, uno de los libros que más me han impresionado y más hondo me ha llegado, de los leídos en el Gabinete de Lectura de La Central. Porque nosotros convivimos con el exilio. A pesar de los esfuerzos por sobrellevarlo, el exilio siempre está ahí, latente. Su mordisco acecha en las noticias sobre los territorios ocupados, las llamadas de la familia, en muchos recuerdos del ayer. Nadie sale ileso del exilio. Todos deberíamos leer este libro.
“Manual de exilio” aborda el drama de un refugiado de la guerra de Bosnia, aquel horror sucedido en los años 90 en el interior de Europa, que demostró hasta qué punto los seres humanos podemos ser tibios, egoístas e indiferentes ante el dolor de nuestros semejantes. Aquella guerra terminó pero aún hoy, décadas después, supuran unas heridas difíciles de cerrar. Los Balcanes son uno de esos sitios “con tanta historia”, que llega a resultar “insoportable”, porque nunca tendrán tranquilidad. Čolic, “perdido en una Europa ciega, indiferente al destino de los nuevos apátridas”, reniega de esa Europa que apenas hizo nada por frenar aquella locura que se llevó sus vidas por delante, “Tengo demasiado acento y demasiada guerra para ser europeo”, afirma. También arremete contra esas supuestas “buenas intenciones de políticos, politicastros, gurus, humanitarios, todos muestran interés y se entrometen en el destino de mi pobre y martirizado país”. El infierno está lleno de buenas intenciones, sabemos de eso.
La de exiliado es una “segunda existencia, dura, fría y adulta”. El drama del exilio y de los refugiados sigue hoy vigente. A situaciones enquistadas, como los más de cuarenta años que llevan fuera de su tierra los refugiados saharauis, a los emigrantes africanos que llevan años muriendo en el éxodo a esa supuesta tierra prometida, se une estos últimos años la tragedia de los refugiados sirios, también iraquíes, afganos, palestinos..., que huyen de guerras, masacres, hambrunas y ocupación. En 1992, año en que Čolic desertó del ejército bosnio y arribó a Francia, los refugiados partían de de Irak, Bosnia, Somalia o Etiopía.
Čolic recorre en “Manual de exilio” sus primeros años como refugiado en Francia, el país de la “igualdad, libertad y fraternidad” pero que a la vez tiene mucho que ver como antigua potencia colonial en el drama de tantos pueblos que sufrieron su opresión y aún hoy sienten su intromisión y sus injerencias. Se muestra amargamente crítico contra la “Europa dormida”, llamada a repetir una y otra vez antiguos errores. Como exiliado el autor atraviesa “el escandaloso silencio y la indiferencia del mundo”, marchando errante por diferentes territorios (también recala en Budapest) que jamás podrán reemplazar su lugar de nacimiento. Así define al refugiado como un “hombre sin papeles y sin rostro, sin presente y sin porvenir”. Se trata de una existencia desposeída de sentido, “Ya no tengo nombre, ni soy mayor ni joven, ya no soy hijo ni hermano”; el exiliado es menos que nada, “Soy un perro mojado de olvido”.
Sin concesiones ni medias tintas el libro muestra el abismo que existe entre “el mundo de verdad y el inframundo de los ciudadanos de segunda clase, sin papeles, sin rostro y sin esperanza”; la desgarradora separación de la gente con la que se ha vivido y ya no está, “son nosotros mismos: somos nuestra propia historia”. Poco a poco su país correrá el peligro de diluirse en su memoria, “sólo existe en el espejo deformado de mis recuerdos”.
El testimonio de Čolic tiene más valor porque no sólo se muestra crítico con los demás, también expone con sinceridad sus propias miserias. Así, cuando pasa por la experiencia de los centros de acogida, siente que ese no es su lugar al creerse superior al resto de acogidos, no sabe canalizar su frustración, “Agotado, enfadado conmigo, con el mundo, con la guerra”, el orgullo no le permite aceptar su destino, “una nueva vida sin mañana”. El alcohol será, momentáneamente, la equivocada vía de escape para combatir el “frío metafísico que le habita”, aunque emborracharse no sea más que una “ceremonia amarga”, que lo empeora todo.
Escritor en su antigua vida, Čolic se ve despojado de esta forma de expresión en Francia al desconocer el idioma. Lo primero que tiene que hacer al llegar es asistir a clases de francés, pero la dificultad para expresarse en la nueva lengua es mucho más frustrante para un hombre de letras como es su caso. La única forma de empezar de nuevo es el olvido de lo anterior. Su terapia es la escritura y el aprendizaje del nuevo idioma, “Así el dolor permanecerá para siempre en mi lengua materna”. La literatura, ese “centinela valiente”, será una tabla de salvación. No obstante el autor tampoco se corta ante la crítica al mundillo literario e intelectual francés, que le acoge como una criatura exótica de un país cuyo drama estaba entonces “de moda”.
La amargura que invade el libro no da lugar a buenismos ni recetas mágicas. La del exilio es una experiencia de la que nadie sale indemne. Las frases de Colic, secas y certeras como balas, no nos conceden tregua: “Miro furtivamente aquel mundo que no es el mío"; “Antes de la guerra era un hombre, ahora soy un insulto”; “Soy el otro, el que no entiende nada y no consigue hacerse comprender”; “A los refugiados les está prohibido soñar”; “Un hombre sin papeles es un hombre sin rostro. El hombre sin patria no es nada”; “Estoy robotizado por el miedo, deshumanizado por la miseria”. “Soy una mancha molesta y sucia, una bofetada en el rostro de la humanidad. Soy un inmigrante”; “El hombre despojado de su tierra no puede aspirar al cielo”.
Un libro desgarrador, que rezuma emoción y verdad en todas sus páginas. Imprescindible.

La levedad de Catherine Meurisse. Una novela gráfica “para no perder nada de lo que ocurrió, porque lo perdí todo”


En la mañana del 7 de enero de 2015 dos hombres que portaban Kalashnikovs irrumpieron en la sede de la revista satírica Charlie Hebdo en París en el momento en que tenía lugar una reunión editorial. Dispararon hasta 50 tiros y mataron a doce personas, dos de ellas miembros de la Policía Nacional de Francia, e hirieron de gravedad a otras cuatro. Fueron asesinados en el ataque Stéphane Charbonnier (director de la revista desde 2009), los dibujantes Cabut, Tignous, Georges Wolinski, Honoré (intelectual y erudito de Historia del Arte) o el corrector de textos Mustapha Ourrad, entre otros. Catherine Meurisse, una las dibujantes de Charlie Hebdo, se durmió aquella mañana y escuchó la matanza cuando llegaba al edificio. Después de un tiempo en estado de shock, que le supuso pérdida de memoria, problemas en el lenguaje y le impedía dibujar, comenzó un proceso de curación a través del arte y la belleza. El resultado es su novela gráfica “La levedad”, editada en España por Impedimenta, donde habla sobre lo que pasó después de aquel amargo 7 de enero, fecha que repitió en varias ocasiones, “Una experiencia tan personal, estuve en el centro, por eso es muy difícil para mí tener una visión mundial. No sé si hay una mayor conciencia de la libertad de expresión, hay mucha hipocresía política al respecto”.
Meurisse, licenciada en Historia del Arte y Lenguas Modernas y autora de otras novelas gráficas como “La comedia literaria” (repaso a la historia de la literatura francesa), ha recalado en España para hablar de su trabajo. El Institut Français acogió en Madrid la presentación de “La levedad”, definida como un “álbum impactante y emocionante, una catarsis de gran calidad gráfica y emocional, en el que habla de forma brillante de sentimientos”. Allí pudimos ver a una autora cercana, sumamente agradable y certera, que nos brindó emociones y opiniones de lo más oportunas en estos convulsos días que vivimos. Sin sensiblerías ni dramatismos, llena de sentido común.
“A menudo los libros son más inteligentes que los propios autores”, según Meurisse, quien explicó que por ahora ha abandonado el dibujo de prensa, que “requiere una síntesis de asuntos de actualidad, es muy rápido, muy urgente” y prefiere centrarse en la novela gráfica que le permite “pensar y avanzar despacio”. Aquel 7 de enero se le paró el tiempo y cambió para siempre su vida y la forma de enfrentar su trabajo, “Los supervivientes necesitan dulzura, y eso me lo permite el cómic, un medio en el que me expreso más libremente”. Los atentados cambiaron también su mirada artística, ahora se interesa más por el arte contemporáneo y por sentir obras, separándose poco a poco del discurso de los historiadores del arte. Expresó su predilección por Goya, que por fin ha podido ver en el Museo del Prado, un pintor “muy moderno”, del que destaca “sus atrevimientos gráficos”. Sobre la creación de “La levedad” afirmó que se produjo en un momento lleno de “sensibilidad y emotividad”. La dibujante confesó que no pensaba en hacer un libro en aquellos momento, “solamente necesitaba dibujar”, que realizó en un cuaderno y no en hojas sueltas por miedo a que se perdieran. La selección de los dibujos se hizo de manera natural, “Fue la lógica. Me encontraba en un estado extraño pero sabía lo que tenía que decir”. Tan sólo dejó fuera del álbum el dibujo sobre una pesadilla donde aparecían los asesinos. “El desorden del principio también se ve en el aspecto gráfico del álbum, me vi envuelta en el pánico de no poder volver a dibujar”.
La presentación se realizó en formato entrevista. El encargado fue el periodista de El País Guillermo Altares, que definió “La levedad” como un “cómic extraordinario en el terreno personal para lidiar con aquella tragedia y en el artístico como puro retrato de aquellos momentos que cambiaron la vida de Europa”.
GUILLERMO ALTARES: Hay un cierto sentido de irrealidad en ocasiones en “La levedad”, como de seguir pensando que no ocurrió.
CATHERINE MEURISSE: Sí soy consciente. He hecho el álbum para que se sepa lo que ocurrió, todo lo que está ocurriendo. Sigue siendo un sinsentido irracional el acto de los asesinos, matar a unos dibujantes. Sigo sin entenderlo pero es real. Lo he hecho para no olvidar cómo ocurrió y lo qué ocurrió después. Para no perder nada porque lo perdí todo
G.A.: En algún momento el personaje es un espíritu libre que se ríe de todo. ¿Cómo construir una sociedad que no tenga miedo?
C.M.: Tal vez desarrollando el sentido del humor. En Charlie Hebdo se dibujaba para no temer a la muerte. Nuestro equipo eran humoristas, gente muy graciosa, sin miedo a decir lo que pensaban y a la vez muy sensibles. El fundador, François Cavanna, que murió en 2014, no soportaba la idea de la muerte. La mejor forma de olvidar que somos mortales es reírnos. Recibimos críticas cuando somos humoristas de actualidad pero en realidad de lo que nos burlamos es de la condición humana. No eran sólo humoristas, eran personas muy profundas incluso filósofos.
G.A.: No esperaba que hubiera tanto sentido del humor en este cómic.
C.M.: Si hubiera perdido el sentido del humor habría sido la muerte. En “La levedad” intenté recuperar mi condición de dibujante y también recuperar el humor para no volverme loca. Me sirve para no caer en algo demasiado dramático, presento un remedio para sanar. El humor es muy útil, no quería separarme de él.
G.A.: En “La levedad” hay muchas imágenes sin texto.
C.M.: Reflejan mi silencio interior después del atentado. No quiero contar lo que ocurrió después de los tiros, prefiero enseñar esta secuencia onírica. La cultura fue asesinada aquella mañana. En el álbum atravieso los muros en silencio y me topo con “El Grito” de Munch, que viene a romper el silencio poco a poco. Ese grito es el que no pude sacar el 7 de enero por el trauma y el abatimiento. El 2015 fue un año de silencio. Apelo a un pintor para que me ayude a expresar lo inexplicable. Tomo imágenes de los pintores y escultores a los que pido ayuda, es un SOS a los artistas. Lo importante después del 7 de enero era actuar y caminar.
G.A.: En el álbum aparece Rothko.
C.M.: Sí, siempre me ha gustado mucho. Me ayude a través de Rothko para reflejar una escena que viví poco después del atentado. La experiencia fue como un incendio, un rojo no de sangre sino un rojo de vida.
G.A.: También aparece Caravaggio, un pintor violento.
C.M.: A lo largo de 2015 tuve una cierta obsesión con la belleza. Me fui a Roma a buscarla. Daba largos paseos y necesitaba entrar en museos e iglesias. Caravaggio me atrajo especialmente. Es un pintor asesino y paradójico, de enorme potencia. Los claroscuros de Caravaggio frente a la oscuridad de los asesinos y la claridad de la luz. Atravieso la muerte y la violencia y Caravaggio me ayudaba a ver la muerte de la que yo me escapé y en la que murieron algunos de mis amigos. La sala de redacción se parecía al cuadro “La balsa de la medusa”, según me contó Sigolène Vinson, una de mis compañeras en la revista que sí estuvo presente aquella mañana. Fui con ella y con mi hermana a contemplar el cuadro, que tiene una connotación de esperanza.
G.A.: En la puerta de la sede de Charlie Hebdo había flores, mensajes, poesías, y ahora ya no queda nada.
C.M.: No me molesta que no haya ninguna huella. No soy muy partidaria de las conmemoraciones. Ya se hicieron y ahora la vida normal debe volver. No olvidamos aunque ya no haya flores. Allí están mis dibujos, los de mi compañera Sigolène Vinson, al lado de retratos de otros dibujantes anónimos. Nuestros compañeros están en nuestra mente y en nuestro corazón.
G.A.: Proust es la conexión entre tus libros y la literatura francesa.
C.M.: Sí, empecé a leerle tarde, con 29 años. En mi vida hay un antes y un después de Proust, no es un tópico. Proust es mi ayudante de vida. No soy una especialista en él pero me gusta todo lo que ocurre con Proust, aunque después del 7 de enero perdí la memoria de los textos. Un mes después del atentado fui con una amiga al Gran Hotel Cabourg, en el que estuvo Proust, allí nos comimos una magdalena y una infusión y mi amiga me leyó un texto de “En busca del tiempo perdido”. Pero yo no sentía nada, tenía la memoria bloqueada para la literatura. Al principio sólo me ayudaron las artes visuales, la literatura me ayudó pero tiempo después.
G.A.: Tienes gran simpatía por los escritores de la Edad Media, por su libertad para romper con los códigos de la época.
C.M.: Es así. La Edad Media queda muy lejos pero el arte producido entonces es maravilloso y enriquecedor para un dibujante. Como el Romance de Renart, un conjunto de poemas de los siglos XII y XIII de los que no conocemos exactamente a los autores. Ese uso de los animales como personajes se ha utilizado mucho posteriormente. Es de alguna manera como el Charlie Hebdo de la Edad Media.
G.A.: Tal vez ha habido una banalización del “Je suis Charlie”.
C.M.: No puedo criticarlo. Entiendo que la gente se haya agarrado a este lema igual que yo hacía yo lo hacía a la belleza. Cada uno ha hecho lo que ha podido. No cuestiono la sinceridad de la gente aunque es verdad que fue un poco surrealista, me sobrepasó. Charlie se convirtió en un símbolo cuando siempre odiamos desde la revista de los símbolos. La pregunta realmente debía ser ¿quién soy yo?, eso es lo que yo me preguntaba y lo que quiero decir está en el libro.
G.A.: En tu estancia en Roma sigues las huellas de Stendhal, pero encuentras la libertad y cierto orden a través del arte.
C.M.: El viaje Roma fue crucial, es donde mi álbum empieza a volar. Me encontraba en la Villa Médici, que acoge artistas franceses. Esta comunidad de artistas me permitió recobrar la sonrisa, me reencontré con los colores, con los detalles, la perspectiva. Es el lugar simbólico de mi reconstrucción.
G.A.: El personaje que más me impresionó es el corrector argelino, un personaje inolvidable.
C.M.: Se trata del corrector de textos, Mustapha Ourrad. Él fue asesinado con los demás y es cierto que tiene un papel importante en “La levedad”. Le veía todas las semanas, era muy discreto y hablábamos mucho sobre literatura. Él era un experto en lengua francesa, un hombre muy culto. Él representa el lenguaje, la palabra que nos faltó en su día para definir la matanza. El terrorismo es el enemigo del lenguaje, aniquiló mi capacidad, fue un transtorno. Me cuesta acordarme de un poema de Baudelaire que recitaba Mustapha, un fanático de la literatura. Pero poco a poco fueron volviendo las palabras. El poema elegido de Baudelaire fue finalmente “Elevación”, muy apropiado. Estoy feliz de haberle dado visibilidad a Mustapha. Los medios olvidaron a algunas víctimas de la matanza, como es el caso de Honoré y Mustapha.
Dejamos a Catherine firmando un montón de ejemplares de “La levedad”, tras haber recibido un cálido y largo aplauso del público. No ha recobrado la levedad, “Sólo con pronunciarlo temo que vuelva a irrumpir el 7 de enero. La melancolía y la tristeza siempre estarán presentes en mí. Actualmente estoy en plena creación de un álbum sobre mi niñez en el campo, sobre las raíces, aquello que no se va a derrumbar nunca, así que también está presente en este nuevo libro una cierta melancolía. Espero reencontrarme con el humor, la viveza y la rapidez pero de momento poco a poco”, concluyó.