T2: Trainspotting, escombro y desilusión de la cuarta década

3:51 p. m. Conx Moya 0 Comments


Quien se acerque al cine con la única referencia de la mítica película que encumbró a Danny Boyle y a sus intérpretes en 1996, pensando que va de nuevo a ver carreras trepidantes, drogotas, viajes chungos y una espectacular banda sonora como las de aquel film se va pegar un buen batacazo. Los cuatro chicos de Leith ya no cumplen los cuarenta y cinco y la vida a esa edad va a otro ritmo. Los cuarentagenarios podremos apuntarnos a la edad del pavazo pero no tenemos ni la resistencia ni la actitud ni el aguante que teníamos en los 90. Es así. Sabemos más de la vida pero ¿nos sirve para algo?
Mi acercamiento al universo Trainspotting no vino por la película que no vi hasta 2015, sino por los libros de Irvine Welsh. Leí Trainspotting, primera publicación pero segunda parte de la trilogía; después Porno, secuela en la que se basa T2, y posteriormente Skagboys, la precuela. Tres libros muy disfrutados, bien escritos y que van a más allá de la literatura meramente narcótica. Las narraciones de Welsh tienen conciencia de clase sin mitificaciones ni pamplinas. Sus personajes nunca ofrecen un comportamiento épico, en sus imperfecciones reside su verdad.
La novela publicada en 1993 se convirtió en un fenómeno a nivel mundial gracias al éxito de la película de Danny Boyle estrenada en 1996 y de la que ya se ha dicho todo. Sus actores saltaron a la fama, la banda sonora fue un bombazo y la película supuso una inyección revitalizante para el cine británico y sus intérpretes fueron lanzados a un estrellato indiscutible. En estos veinte años la vida ha continuado para todos ellos. Boyle consiguió un Oscar por “Slumdog Millionaire” en 2008, Ewan McGregor se convirtió en una estrella del cine participando incluso en la saga de La guerra de las galaxias e Irvine Welsh no ha parado de escribir desde su retiro dorado en Miami. La publicación de la secuela “Porno” en 2002 aventuraba que inevitablemente llegaría la segunda parte de Trainspotting al cine. Y aquí la tenemos.
La historia se inicia veinte años después de que el pelirrojo Renton huyera con varios miles de libras, botín de un golpe dado por los cuatro colegas. Veinte años fuera de juego, exiliado en Holanda en un intento infructuoso de enderezar su vida como honrado asalariado. Aquella trepidante carrera por las calles de Leith, se ha convertido en un cansino trote sobre la cinta de correr de un gimnasio, reflejo de toda la desilusión y escombro que conlleva la mediana edad.  T2 huye de la nostalgia, del sentimentalismo y de la idealización de aquellos tipos tirados de los que no se puede esperar un comportamiento ejemplar. Salvo Spud, el más sensible de todos y que cuando se inicia el relato sigue enganchado al caballo, los demás siguen yendo a lo suyo. Simon es aún más amoral, falso, retorcido, escéptico, envidioso y aprovechado; Renton es consciente de que la vida que torció con veinte años es imposible ya de enderezar, ni con el dinero robado a sus colegas ni con huida a Holanda, sólo le queda seguir siendo el mismo oportunista bajo su aspecto de hombre bello y bien conservado; Begbie sigue siendo un psicópata pasado por veinte años de cárcel y enormes deseos de venganza. La explosión está servida.
T2: Trainspotting habla de la falta de dinero y perspectivas. De picaresca cutre y palos chapuceros. De una vida laboral desoladora como un páramo, con Spud trabajando de albañil y perdiendo el empleo “por culpa del cambio de hora”, Sick Boy atado al fracaso sobreviviendo de la extorsión a viejos viciosos y Renton fracasando en su vida de oficinista. De llegar tarde a todas partes como leitmotiv vital. De lo que pudo ser y no fue, con una Diane convertida en una abogada de éxito a la que Renton sólo puede observar desde abajo. De hijos que se avergüenzan de sus padres drogadictos y presos. De exigua vida sexual, Viagra y gatillazos. Redes sociales, brecha generacional, enfermedad, inevitable cuesta abajo, soledad, falta de perspectivas. “Choose life”, el archiconocido monólogo de Renton, se convierte veinte años después en otra cosa: “Elige la vida. Elige Facebook, Twitter, Instagram con la esperanza de a que alguien, en algún lugar le importe. Elige revisitar viejos amores, deseando haber hecho todo de manera diferente. Y elige ver cómo la historia se repite. Elige tu futuro. Elige los realities, llamarla puta y vengarte subiendo fotos suyas desnuda a internet. Elige un contrato basura, tarda dos horas en llegar al trabajo. Y elige lo mismo para sus hijos, sólo que peor, y sofoca el dolor con una dosis desconocida de una droga desconocida hecha en la cocina de alguien. Y luego... respira profundamente. Eres un adicto, así que sigue con tu adicción. Simplemente sé adicto a otra cosa. Elige a los que amas. Elige tu futuro. Elige la vida”.
Uno de los grandes aciertos de la película es su magnífica fotografía, con momentos alucinantes, de la que es responsable Anthony Dod Mantle. Los monos que pasa Spud en su cochambroso piso de protección oficial, las cristaleras donde cuelga las fotos y las página de la historia sobre todos ellos que comienza a escribir, las escenas recogidas por videocámara, las firmas de Spud en el aire, las imágenes de la deprimente y sucia Leith y la verde y turística Edimburgo… Hay escenas en T2 que remiten a la película original como la mencionada carrera de Renton tan diferente a la trepidante carrera drogota con la que se iniciaba Trainspotting o las escenas de WC, aunque ahora Renton es más melindroso; también hay una escena altamente asquerosa en T2 cuando Spud entona su adiós a la vida con una bolsa de plástico en la cabeza. Por otra parte Boyle realiza en la película diferentes guiños de homenaje al cine clásico, como las sombras que proyecta Spud en su piso mientras pasa el mono que remiten a la inolvidable “Nosferatu”, o el juego de espejos en el local de Simon que bordara Orson Welles en “La dama de Shanghai”.
T2: Trainspotting, en definitivo, elige no ser ejemplo de nada. Se agradece.